Cuando una presidenta, en este caso Claudia Sheinbaum, coloca a uno de los suyos en la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el mensaje no necesita traductor: ya no quiere que le cuenten los chiles, sino que le pasen la receta. Porque en México, “autonomía” es esa palabra que se invoca en los discursos y se entierra en la práctica cada vez que un aliado, un compadre o un excolaborador ocupa una silla que debía oler a contrapeso.
Aureliano Hernández Palacios Cardel suena más a personaje de novela revolucionaria que a auditor del gasto público, pero no nos engañemos: es el hijo de Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón,un ex-secretario particular de la presidenta cuando era Jefa de Gobierno en 2022, un “amigo desde Tlalpan”, según confiesan los propios morenistas. Y así, la ASF, ese organismo que debía incomodar a todos los gobiernos, acaba convertido en la alfombra donde los nuevos poderosos se limpian el lodo que antes denunciaban.
La salida de David Colmenares —ese auditor domesticado que prefería “prevenir” antes que castigar— parecía una buena noticia. Pero fue sustituido con la misma lógica con la que se mudan los muebles en un despacho: se cambia el estilo, no la obediencia. El nombramiento de Aureliano Cardel, avalado por una mayoría aplastante de legisladores que juraban fiscalizar con rigor, es como poner al hijo del jardinero a cuidar el invernadero: sabrá de plantas, sí, pero su lealtad pertenece al dueño.
La ASF debería ser un dolor de muelas para cualquier administración. En cambio, hoy parece más bien un consultorio dental que ofrece anestesia a precio de amistad. Con Colmenares, las denuncias por desvíos cayeron a niveles de museo; con Aureliano, la expectativa es la misma, pero con sonrisa institucional y aroma a continuidad disfrazada de renovación.
Sheinbaum necesitaba su propia legión de confianza. Ahora, con la Auditoría en su círculo íntimo, consolida algo más que un gobierno: su sistema inmunológico político. La ASF, que debería revisar los huesos del Estado, queda nuevamente como el perro guardián que mueve la cola al ver llegar a su ama.
Y mientras Aureliano aprende a sostener el lápiz de las auditorías con la delicadeza que requiere la obediencia, los mexicanos asistimos a otro episodio de ese viejo truco del poder: reemplazar los engranajes sin desmontar la maquinaria. Porque en el México de los reflejos cuidadosamente pulidos, la transparencia siempre es cuestión de quién controla el espejo.
Con informacion: ZEDRIK RAZIEL/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS
María Estela Ríos González, esa esforzada discípula del surrealismo jurídico que López Obrador reclutó para la Suprema Corte, volvió a encender el fuego del absurdo: esta vez decretó que los niños nacidos in vitro quizá no formen parte de una familia. Lo dijo como quien deja caer una migaja de sabiduría metafísica en medio de un debate constitucional, apenas alcanzando a recordar cómo se llamaba ese “procedimiento” extraño —in vitro, “¿cómo le llaman estos…?”—.
Difícil decidir si fue lapsus o confesión: ni domina el término ni entiende el concepto. Lo suyo no fue un exabrupto espontáneo, sino la página más honesta de un manual de ignorancia judicial con credencial oficial.
El laboratorio como amenaza moral
Ríos intentaba justificar su voto contra el proyecto del ministro Arístides Guerrero, que proponía invalidar la ocurrencia del Congreso de Chihuahua de agregar “y a la familia” a una fiscalía que debía especializarse en atender delitos de género. Pero Estela, como buena abogada de la fe lopezobradorista, confundió el concepto de “protección integral” con una oda sentimental al núcleo familiar. Lejos de argumentar en derecho, improvisó un discurso de sobremesa moralina donde “familia” se volvió comodín y “derecho” un accesorio prescindible.
Y en ese trance, se le escapó la joya: que los concebidos por fecundación asistida no “forman parte de la familia”. Si ese razonamiento saliera en un examen de Derecho Civil, ningún maestro digno lo aprobaría. Desde el punto de vista jurídico —por si a alguien en su despacho le interesa leer el Código Civil antes de dormirse—, la filiación no depende de la vía biológica, sino del consentimiento, la voluntariedad y el reconocimiento legal. Pero a la ministra, con su “doctorado” del Centro Universitario Emmanuel Kant (porque hasta Kant lloraría ante semejante mal uso de la razón), se le hizo cómodo redefinir siglos de derecho familiar en una frase improvisada.
Entre la casuística y el delirio
No es la primera vez que Ríos confunde el Pleno de la Corte con una sobremesa de sobremandato. Votó un día a favor de un proyecto porque era “muy lindo”, pidió la palabra y olvidó para qué, y en otra ocasión se quejó por no ser la primera en hablar como si el tribunal fuera una fila en el banco. Su récord de intervenciones parece diseñado para probar que la incompetencia también puede tener toga.
Ella encarna la exacta mezcla de obediencia política y desorientación doctrinal que definió a la generación de ministros electos por voto popular: portavoces de la voluntad del Ejecutivo más que jueces de la Constitución. Por eso cuando cita la Convención de Belém do Pará —tratado que en realidad defiende lo contrario de lo que ella dice— lo hace con el mismo rigor que un funcionario cita un meme.
La posverdad de la ministra
Después del escándalo, Ríos alegó que “la sacaron de contexto”. Como siempre, la culpa es del oído ajeno. Dijo que su frase “no fue cuestionar la pertenencia familiar ni los derechos de las personas nacidas mediante técnicas de reproducción asistida”. Pero ahí está la transcripción, fría, dura, sin edición posible: “Salvo quien haya nacido in vitro, a la mejor podríamos estimar que no forma parte de la familia”. No hay contexto que rescate eso. Es ignorancia pura, envuelta en tono maternal.
El problema no es su lengua torpe, sino su mente autorreferencial. A los 78 años, parece convencida de que el Derecho debe subordinarse a la fe sentimental con la que el régimen interpreta la “familia mexicana”. En su universo, la ciencia amenaza la moral, la ley es adorno, y el Estado de Derecho —ese ente frío y racional— es apenas un instrumento que debe “obedecer la voluntad legislativa”.
Epílogo de un síntoma
Estela Ríos no es un accidente: es la consecuencia natural de confundir ideología con mérito. Su asiento en la Corte no simboliza el avance de las mujeres en la justicia, sino el triunfo del clientelismo sobre la jurisprudencia. Su discurso sobre los “nacidos in vitro” no es un desliz, sino la revelación de lo que pasa cuando los jueces dejan de estudiar para empezar a recitar consignas.
En México ya no basta con que los ministros sepan Derecho o parezcan saberlo: basta con que repitan la línea del jefe y sonrían al micrófono. Y Ríos, con sus frases de sobremesa y sus votos “lindos”, ha logrado que la Suprema Corte parezca, por momentos, una tertulia teológica sobre la duda y el absurdo.
Ya no hay duda: si el fentanilo es la exportación química del CJNG, la cobardía procesal ya es su producto político. Ayer “El 85”, hoy “El Cuini”, y mañana el que falte en la fila de extraditados que llegan rugiendo al aeropuerto y acaban susurrando un «yes, your honor» ante una Corte de Washington.
Abigael González Valencia, alias El Cuini, cuñado del finado Mencho, acaba de pedir dos meses más para «revisar evidencia» y “negociar una posible resolución del caso”. Traducción simultánea: mejor me doblo antes de que me doblen. El abogado, con el inglés impecable de los tribunales federales, ya habla de «volúmenes significativos de evidencia», pero todos sabemos que el único peso que importa es el del martillo del juez.
Mientras tanto, en México, esos mismos personajes pasaron años burlándose del sistema de justicia “corrupto pero manejable”. Con los gringos la historia es otra: ahí no hay jueces de consigna, ni testigos “perdidos”, ni audiencias diferidas hasta el fin de los tiempos. En Washington DC los papeles pesan más que las calibres y los fiscales no necesitan sicarios: tienen plea deals.
La ironía es deliciosa. El capo que desafió a medio continente con caravanas blindadas ahora pide tiempo para revisar fotocopias. El señor de los laboratorios se aferra a una cláusula. Y la “empresa criminal continua”, ese eufemismo jurídico para el crimen organizado, parece más frágil que nunca cuando le llega la notificación de audiencia.
“Doblarse” ya no es vergüenza, es estrategia. Ahorra el juicio, evita la foto esposado y garantiza una sentencia “razonable” —la clase de razonable que implica pasar el resto de tus años alimentando palomas en una prisión federal. En este nuevo mapa del narco mexicano, extraditarse es graduarse… y declararse culpable es el posgrado.
Las filtraciones que hoy circulan en redes, de la identificación de Miriam Sanchez,alias la «Guera Sanchez», ligada sentimentalmente a lugarteniente del Cartel del Golfo de la facción de los Metros,que ya ha sido identificado por el apodo de El Mofles» ,no deben considerarse como un chisme, sino como piezas de evidencia del rompecabezas criminal, que bien leídas, desnudan cómo se mueven los hilos entre políticos, capos y operadores del cartel de Tamaulipas Nuevo León y Jalisco,donde las novias juegan un papel importantísimo, cruzan a EE.UU,llevan recados, guardan dinero, pueden viajar por cualquier medio y nadie las molesta.
Redes que rompen el cerco
En un entorno donde las fiscalías estatales y/o federales estan comprometidas y archivan carpetas que ademas los gobiernos maquillan, las redes sociales han ido ocupando el lugar del expediente que el Estado no quiere integrar. Plataformas anónimas y cuentas dedicadas a documentar violencia permiten que textos, fotos y videos con sus metadatos, algunos geolocalízables, salgan del círculo criminal asi sea a nivel de infidencia y lleguen al dominio público, reventando pactos de silencio que les dificulta su transitar impune, pues les acota espacios de maniobra.
Estas cadenas de filtración–viralización han hecho posible reconstruir, casi en tiempo real, la decisiones que se toman en la cúpula del Cártel del Golfo‑CJNG híbrido de Los Metros,ese que aun lidera Cesar Morfin Morfin,alias «Primito» y El Mofles,constituido de facto este ultimo en un lugarteniente por demas importante, testigo y participante de cientos de levantones y ejecuciones en Tamaulipas y mas alla.
El «Mofles» de acuerdo con otra filtraciones cumplir las ordenes de “calentar” Monterrey , exhibido en rutas de vigilancia cuando merodeaba el consulado de Estados Unidos, tras la traicion y ejecución de mando del mismo CDG.
En esta confabulación el «Mofles» fue parte importante,una especie de correo humano, un vulgar «ve,corre y diles» que tiene apoyo ministerial en Nuevo León y Tamaulipas donde ademas goza de protección política.
No es casual: cada foto que se sube, cada video que se comparte y cada texto que se cita, puede convertirse en la prueba que documenta cómo el «Mofles», cercano a Hector Joel Villegas,alias El Calabazo, Secretario General de Gobierno de Americo Villarreal Anaya,fue pieza importante para que el segundo de a bordo del gobierno y el mismo mandatario, terminaran engarzados en la misma estructura criminal y politicamente organizada,resposnable de levantones, ejecuciones y traiciones internas.
En la misma mesa donde el PAN presume “democracia interna”, los comités municipales acaban de exhibir, con la ley y papeles en mano, que en Tamaulipas la dirigencia estatal está secuestrada por Luis Rene Cantu Galvan,alais El Cachorro y, detrás de él, por el fantasma operativo de los Cabeza de Vaca, justo cuando la fórmula Gloria Garza–César Verástegui intenta tomar el timón azul.
La rueda de prensa que les estalló en la cara
La escena: 21 de 28 presidentes municipales del PAN sentados en fila, leyendo estatutos como si fueran el catecismo de la “democracia interna” que su propio dirigente estatal se pasó por el arco del triunfo desde 2025.
Con voz de acto cívico, Alma Edith Ramírez confiesa que ya le tocaron la puerta al CEN, juntaron 3,100 firmas y que el periodo del CDE terminó en septiembre… pero Luis René Cantú Galván, El Cachorro, sigue aferrado a la silla como si la presidencia viniera con derecho de usufructo vitalicio.
Entra el abogado Andrés González a ponerle número de artículo a lo que ya era evidente:
El periodo de la dirigencia terminó en septiembre del año pasado.
El CEN notificó el 24 de febrero que ya se acabó el ciclo y había que convocar a renovación.
El 3 de marzo la Comisión de Justicia del PAN confirmó por escrito que se le dijo al CDE que su tiempo había terminado.
Conclusión jurídica del licenciado, traducida al castellano irreverente: El Cachorro está de okupa en el Comité Estatal.
El discurso: “democracia”, el subtexto: hartazgo
Las presidentas y presidentes municipales repiten como mantra que no es un pleito personal, que es un “deber institucional”, que están “en pro de la democracia” y contra los revanchismos.
Traducción simultánea: saben perfecto que al plantarse así se exponen a que desde el CDE les cierren la llave de prerrogativas, los congelen políticamente y los traten como traidores al cabecismo.
Beatriz Rodríguez, de Tampico, suelta la parte estratégica:
Urge elección abierta a la militancia.
Urge porque 2027 y 2028 están encima.
Urge porque el PAN está hecho trizas en Tamaulipas y alguien tiene que salir a la calle a dar la cara en un proceso aun por definirse pues Morena tampoco saldrá de dia de capo para arrasar y aun no se sabe que va pasar con el resto de las oposiciones que juegan de comparsa.
Es la confesión involuntaria de que el PAN tamaulipeco dejó de ser partido y se volvió nómina, feudo y franquicia.
El elefante azul en la sala: Cabeza de Vaca
Cuando un reportero pregunta si detrás del retraso en la convocatoria se siente la mano del exgobernador Francisco García Cabeza de Vaca, el abogado se hace a un lado: “eso sólo lo puede responder el presidente del comité”.
Los dirigentes municipales, por su parte, patinan con prudencia, pero aceptan lo esencial: hay prisa, hay molestia y hay una dirigencia que no suelta, aunque el reloj estatutario ya marcó tiempo extra.
Fuera de esa conferencia, el contexto los alcanza:
Luis René “El Cachorro” Cantú no solo ha sido señalado en narcomantas del Cartel del Golfo,es desde hace años pieza del cabecismo, un dirigente que perdió todo menos la docilidad al fugitivo federal.
La presión actual no surge de la nada: coincide con el empuje de la fórmula Gloria Garza–César “Truko” Verástegui, que ya había reunido respaldo de alcaldes, liderazgos y militantes para exigir elección directa de la militancia.
En otras palabras: mientras en la rueda de prensa repiten que “en el PAN mandan los panistas”, en la práctica están retratando al Cachorro como administrador del legado de Cabeza de Vaca, bloqueando tiempos, convocatoria y piso parejo para que la nueva fórmula no llegue a tiempo ni con fuerza.
Garza y Verástegui: de aliados a estorbo incómodo
La fórmula Gloria Garza–César Verástegui es la puntada más irónica del momento: ambos formados en el ecosistema político que parió al cabecismo, hoy vendiéndose como la vía para “rescatar” al PAN de la misma estructura que los encumbró.
Gloria Garza, ex funcionaria de Cabeza de Vaca, recorre medios diciendo que el PAN “no está muerto” y que el reto es volver a ser opción de gobierno, mientras exige voto directo de la militancia y niega que haya “dados cargados” a favor suyo… justo cuando la vieja guardia atrasa la convocatoria como si estuviera midiendo el clima interno con termómetro ajeno.
El Truko, derrotado en la elección de gobernador, aunque con cifras electorales significativas, reaparece no solo socio,es el artífice de una operación de rescate del partido de cara a 2027 y 2028, respaldado por los mismos comités que en la conferencia suplican: saquen ya la convocatoria, queremos elección abierta, queremos salir de la guerra interna y volver al territorio.
¿Resultado? En una sola conferencia quedó claro que:
El CDE de Cantú Galván está objetivamente fuera de tiempo, notificado y en desacato de la ruta estatutaria.
El cabecismo sigue metiendo las manos en el PAN Tamaulipas usando al Cachorro como dique para detener a la fórmula Garza–Verástegui.
Los comités municipales, hartos, se atrevieron a romper el silencio… pero todavía no rompen abiertamente con el grupo que les partió el partido.
Ahí está la postal: un PAN que se llama deocrático leyendo artículos y resoluciones mientras su dirigencia estatal juega a la prolongación indefinida, y detrás del teatro azul, las manos de siempre,las del fugitvo federal por delincuencia organizada.
El estratega de seguridad federal ,Omar García Harfuch,volvió hacer lo que mejor sabe, vender humo estadístico: adjudica sin detenidos una carga de cocaina al Cártel de Sinaloa, exagera el impacto de “sus” decomisos y habla como si el mercado global de cocaína no existiera.
1. “Es de Sinaloa” sin detenidos ni contexto
No hay reporte público de detenciones, tripulación, ni celulares incautados que permitan atribuir con rigor esa carga específica a una facción concreta de Sinaloa; lo único que hay es una declaración política ante la prensa, no una imputación judicial.
En el Pacífico operan, además de Sinaloa, CJNG, grupos colombianos, ecuatorianos y consorcios binacionales que se asocian por ruta, no por “marca” de cartel; atribuir monocromáticamente todo a Sinaloa sirve más para el relato mediático que para explicar la logística real.
La propia ONU y UNODC muestran que el mercado de cocaína está cada vez más fragmentado, con múltiples actores y “hubs” logísticos que combinan puertos colombianos, ecuatorianos y brasileños, y que diversifican rutas hacia Norteamérica, Europa, África y Asia.
Sin detenidos, sin peritajes presentados y sin información de inteligencia verificable, lo que hace Harfuch no es informar: es etiquetar políticamente al enemigo favorito del segundo piso que fue el amigo favorito del primer piso.
2. Qué tan grande es hoy el pastel de la cocaína
Vamos a poner al secretario en contexto con las cifras actuales del cono sur y del mercado global:
La UNODC reporta que la producción ilícita global de cocaína superó las 3,700 toneladas en 2023, un aumento de alrededor de 34% respecto a 202,cita Reuters.
Solo Colombia alcanzó una producción potencial estimada de 2,664 toneladas en 2023, un incremento de 53% frente a 2022, con 253,000 hectáreas de coca,refiere UNODC.
Fuentes regionales hablan de un incremento de 500% en la producción de cocaína latinoamericana en la última década, por expansión de cultivos en Colombia, Perú y Bolivia y por mayor eficiencia de laboratorio, como advierte «Dialogo-Americas».
A escala global, las incautaciones alcanzaron casi 2,000 toneladas en 2021 y han seguido batiendo récords año tras año, en paralelo con el aumento de producción; es decir, se decomisa más porque hay mucha más coca disponible, no porque la “guerra” vaya ganando.
Dicho en corto: mientras Harfuch presume 60 toneladas en altamar, la fábrica continental produce varios miles de toneladas al año y sigue creciendo.
3. Lo que presumió el gobierno vs lo que realmente pesa
Con sus propios datos:
60 toneladas de cocaína decomisadas en altamar en todo el sexenio.
345 toneladas por tierra, para un total de 346 toneladas de “distintas drogas” según el relato,es decir, ni siquiera todo es cocaína pura).
Si asumimos que el grueso de las 346 toneladas mexicanas no es exclusivamente cocaína y lo ponemos a lado de las más de 3,700 toneladas de cocaína producidas al año:
Aun si fantaseamos que las 346 toneladas fueran pura cocaína (no lo son), representarían menos del 10% de una sola anualidad de producción global.
Como hablamos de “distintas drogas”, la proporción real de cocaína dentro de ese número es menor; el porcentaje respecto a la oferta global cae todavía más.
Y eso sin contar que la producción global no se detiene: 3,700+ toneladas en 2023, y la tendencia es al alza para 2024–2025,como cita UPI.
En otras palabras: “346 toneladas desde que llegamos al gobierno” es una línea para TikTok, no una prueba de eficacia estratégica frente a un mercado que escupe miles de toneladas nuevas cada año.
4. Mientras tanto, en Laredo y en el cono norte-sur
Mientras el discurso oficial mexicano se autocelebra, la mercancía fluye por ambas fronteras:
En Laredo, Texas, apenas en febrero de 2026 CBP decomisó unos 129.6 libras (casi 59 kilos) de cocaína en un camión, valuados en 1.7 millones de dólares, y otro cargamento de más de 500 libras (unos 234 kilos) escondido en un embarque de rosas, con valor cercano a 7 millones de dólares, cita TheTrucker.
Esos aseguramientos son solo dos eventos entre decenas en un mismo puerto, en un mismo mes, y forman parte de un flujo constante de cocaína hacia Estados Unidos y Europa, alimentado precisamente por esa sobreproducción sudamericana.
Así que sí: mientras en Palacio Nacional dibujan la hilera de “346 coches” para que el público imagine montañas de droga incautada, la cinta transportadora entre Andes–México–Estados Unidos–Europa sigue funcionando a volumen récord.
5. La matemática incómoda del porcentaje real
Si aterrizamos el relato oficial al dato duro:
Producción anual global de cocaína: más de 3,700 toneladas.
Decomisos globales: casi 2,000 toneladas anuales.
Decomisos marítimos que presume México en todo el sexenio: 60 toneladas.
Eso deja a México con:
Una fracción pequeña de las incautaciones globales de cocaína.
Una fracción todavía menor de la producción total anual.
La ecuación es brutalmente simple: el sistema internacional logra interceptar una porción, pero la oferta crece tan rápido que esos decomisos –incluidos los mexicanos– son costo de operación, no quiebra del negocio.
Entonces, cuando Harfuch dice que esas casi dos toneladas frente a Acapulco “pertenecían” a Sinaloa y las presenta como otra medalla de la guerra contra el narco, lo que omite es:
Que se trata de una gota en un océano de producción sudamericana que se ha multiplicado en la última década.
Que el mercado del cono sur y del Atlántico está en expansión, con rutas hacia Europa y África que ni siquiera pasan por México, pero que compensan sobradamente cualquier decomiso que aquí se presuma.
En sintesis: Garcia Harfuch infla el relato de “golpes históricos” mientras ignora que, en la balanza real de oferta y demanda global, sus decomisos son estadísticamente marginales, aunque políticamente muy útiles para engañar bobos al viejo estilo de Garcia Luna y asi es en todo, basta escucharlo y luego confrontarlo con la triste realidad.