El fiscal de Tamaulipas,Jesus Eduardo Govea Orozco,detenido en 2002 por servir al Cartel del Golfo que lideraba Osiel Cardenas y recluido 7 meses en el penal federal hoy del Altiplano,volvio a reciclar el mismo discurso que utilizó en enero de 2026 cuando anunciaba la captura de la Rana,ahora cambia el nombre del detenido, pero la cantaleta sobre la “contundencia de las pruebas” es de copiar y pegar mientras el caso sigue agujerando la credibilidad de la fiscalia.
El déjà vu de la “contundencia”
En enero Govea juraba que contra Carlos «G» alias “La Rana” había datos “suficientes” para que un juez girara orden de aprehensión y que todo lo demás era “especulación”; hoy, con Fernando Antonio N., repite palabra por palabra la misma homilía constitucionalista, como si el guion estuviera guardado en macros.
Que dijo de La Rana en enero de 2026:
A “La Rana” lo soltó una jueza ,no solo por el calculo politico de la Presidenta del Tribunal Tania Contreras ,ademas porque la evidencia no alcanzaba ni para arraigo moral, pero el fiscal sigue hablando de un caso “esclarecido”, como si la liberación fuera un detalle administrativo y no la confesión de que su carpeta tenía más aire que sustancia.
El fiscal con pasado de procesado
Que el predicador de la “contundencia probatoria” sea un personaje que en 2002 terminó siete meses en Almoloya por delincuencia organizada y delitos contra la salud, acusado de ayudar a suplantar a un operador del Cártel del Golfo, es el chiste negro que Tamaulipas no pidió, pero le impuso el Gobernador humanista Americo Villarreal,igual de manchado.
Televisa y NMAS documentaron que lo liberaron “bajo reserva de ley”, es decir, salió, pero no lo declararon inocente; aun así, él despacha como fiscal general y descalifica el reportaje como “información sesgada”, mientras se enreda en tecnicismos para no explicar qué diablos hacía un ministerio público de la época enredado con el Cartel del Golfo de Osiel Cardenas.
Del narco a la narrativa oficial
Hoy ese mismo personaje, con pasado de recluso federal y de presunto gestor del CDG, jura que el caso del Hospital Infantil “está esclarecido” y que sólo es cuestión de seguir el trámite, cuando el primer detenido ya salió y las víctimas siguen denunciando negligencia, omisiones y encubrimiento dentro del propio hospital.
La escena roza lo grotesco: un fiscal con historial de “suplantar detenidos” dando lecciones de debido proceso y pidiendo fe ciega en sus nuevas detenciones, como si el expediente de 2002 se hubiera borrado por decreto de la 4T y no por un sistema que siempre perdona a los suyos.
¿Cuánta fe merece su palabra?
Cuando el hombre que antes ayudó a desaparecer a un capo de los registros ahora pide que confíes en que atrapó al verdadero agresor de dos médicas, no es escepticismo: es autodefensa ciudadana; creerle sin más sería repetir el truco de El Kelín, pero ahora aplicado a las doctoras.
Vista así, la nueva versión del fiscal no es una explicación jurídica, es su coartada política: cada nuevo detenido es un salvavidas mediático, y si la carpeta se cae, siempre habrá otro “probable responsable” para reciclar la perorata y seguir presumiendo que en Tamaulipas la justicia, como él en 2002, entra al penal, pero casi nunca se queda.
Con informacion: NOTICIERO DE VICTORIA/

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