El Diputado de Morena Ricardo Monreal, el eterno negociador de las clases políticas cada vez con menos clase, ya tiró la toalla con estilo. Admitió sin anestesia que no hay forma humana de convencer al PT y al PVEM para que avalen la reforma electoral de Sheinbaum, porque esos «aliados» ya adelantaron su «no» rotundo y público.
Monreal se rinde con gracia
Ricardo, con su carita de «yo no miento, pero estos no escuchan». Dijo textualmente: «Veo difícil que cambien su opinión», tras reuniones infructuosas donde les rogó como vendedor de enciclopedias puerta a puerta. Morena va a empujar la iniciativa presidencial sola, respetando el capricho de los verdes y petistas, que se plantaron desde hace semanas porque simple y llanamente no quieren suicidarse politicamente para aprobar una reforma que antes permitió a Morena llegar a donde hoy está.
La esperanza, esa muerta prematura
«La esperanza muere al último», dice el dicho, pero para Monreal ya está en el ataúd con flores. Ni modo, el guinda líder insiste en un debate «razonable, sin insultos», mientras PT y PVEM se cruzan de brazos, dejando a la 4T cojeando sin sus dos tercios mágicos.
Colofón irónico: En política mexicana, las alianzas son como matrimonios arreglados: duran lo que el dinero y los pluris aguanten. ¿Sheinbaum renegociará o mandará al diablo a los ingratos que ya saben su jugada es todo, menos de buenas intenciones, pues ya abrieron la cerradura que accedía al poder y ahora quieren tirar la llave.
Con informacion: EL UNIVERSAL/

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