El estratega de la seguridad de curricula «non sancta», Omar García Harfuch, ya podría patentar su propia línea de fantasía con componente militar: helicópteros, grupos de elite y capturas organizadas en 24 horas con la cara compungida del verbo pausado para la entrevista a modo de la seguridad… pero a la hora de que se ocupan esos talentos con resultados reales, Sinaloa sigue siendo un incendio de año y medio que nadie apaga.
La estrategia de utilería de alto impacto
La narrativa oficial que Garcia Harfuch nos vendio en reciente entrevista es que militares pudieron montar en 24 horas un operativo quirúrgico con espectáculo aéreo incluido para capturar y abatir a Ruben Oseguera alias El Mencho.
El rollo con Harfuch es justo ese: se le presenta como cerebro frío, operador fino, el hombre que “coordina” fuerzas armadas, Guardia Nacional y policías para dar golpes “contundentes” al narco, mientras Sinaloa sigue en las mismas.
En la entrevista a modo sin preguntas de fondo, todo de forma para el galan, todo se acomoda para que parezca que México por fin encontró a su superhéroe táctico; lo único que falta es la honestidad de admitir que ese show no ha movido un milímetro la curva de las tres principales violencias de Sinaloa donde de veras duele y son de escándalo, considerando la presencia una nutrida cantidad de botas militares pisando ese suelo aun en poder del narco.
El Culiacanazo eterno que no salio en la entrevista
Mientras Harfuch se luce como estratega, en Sinaloa traen un Culiacanazo en cámara lenta: más de un año y medio de crisis, con levantones, homicidios y robos de vehículo que no paran, pero sí se maquillan en discursos y boletines.
Abogados locales ya hablan de un “Culiacanazo eterno” y acusan al gobierno de fallar en lo más básico: garantizar seguridad a la integridad y al patrimonio, mientras el Estado normaliza el terror como si fuera clima malo.
Lo irónico: el mismo aparato que presume detener capos y extraditarlos o armar la captura del «Mencho» en 24 horas, para exhibirla aun sin exhibirlo, ha sido notoriamente incapaz de impedir que el día a día de Sinaloa siga secuestrado por los mismos poderes fácticos a los que dizque combate.
El talento incomparable para la foto
Cuando se trata de boletines, entrevistas tersas y giras con helicóptero prestado, la coordinación es perfecta: llegan todos juntos, posan, dan discurso y se van… y el territorio queda igual o peor.
El modelo Harfuch funciona excelente en dos ecosistemas: set de televisión y reunión con élites que necesitan creer que alguien, en algún lugar, tiene un plan; en las colonias donde mandan los fusiles, ese plan no se ve por ningún lado.
La seguridad “de alto impacto” se mide en likes, clips y entrevistas internacionales, no en la sensación de que puedes salir a la calle sin encomendarte a todos los santos del código penal.
Una estrategia diseñada para durar… en el fracaso
- El propio discurso oficial reconoce que los capos son reemplazables y que la guerra sigue acelerándose, pero se aferra a la fórmula: más operativos, más shows, más detenciones que no alteran la estructura económica ni política del narco.
- En esa lógica, Sinaloa puede pudrirse indefinidamente mientras la federación colecciona capturas y fotos aéreas; si el indicador es la narrativa y no la vida de la gente, entonces Harfuch sí es un éxito rotundo.
- Lo que no cabe en la entrevista a modo es la pregunta incómoda: ¿de qué sirve un estratega que presume que militares pueden organizar capturas en 24 horas si no pueden —o no quieren— desmontar un Culiacanazo que ya se volvió política pública por omisión?
Con informacion: Medios/ Redes/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: