Francisco Javier García Cabeza de Vaca,ex-gobernador panista de Tamaulipas (2016-2022), volvió a encender la cámara desde la comodidad de su guarida para protagonizar otro capítulo de la larga saga tamaulipeca: el político que dice no tener nada que ocultar, aunque por ahora prefiera hacerlo desde territorio estadounidense. En su mensaje, el exgobernador negó cualquier relación personal, política, económica o de “cualquier otra naturaleza” con los hermanos Carmona, mientras repartió acusaciones contra el gobierno estatal de Américo Villarreal Anaya y el federal de Claudia Sheinbaum.
Con tono de víctima perseguida —pero también de fiscal, juez y testigo protegido de sí mismo—, Cabeza de Vaca aseguró que Morena pretende construir una “narrativa” para vincularlo con Sergio y Julio Carmona, empresarios señalados por sus nexos con Americo Villarreal, de quien recibió una lujosa camioneta suburbana Modelo High Country 2021 como cita El Norte , el huachicol fiscal y el financiamiento político.

Según su versión parcial, no hay fotografías, bitácoras de vuelo, vehículos regalados, negocios ni pruebas que lo conecten con ellos(como si a Americo Villarreal y compañia).
Aunque la defensa de CDV es tan amplia que prácticamente sólo faltó negar haber compartido oxígeno con los Carmona,pero es fácilmente desmontable.
El exgobernador se lava las manos
El exmandatario sostiene que jamás recibió recursos, financiamiento ni respaldo de los hermanos Carmona. Y, como suele ocurrir en la política tamaulipeca, el argumento central no fue mostrar documentos, contratos, auditorías o rutas financieras, sino señalar que las pruebas —según él— están del otro lado.
Cabeza de Vaca apuntó directamente al gobernador Américo Villarreal, a quien calificó de “narcogobernador”, y afirmó que los Carmona y otras organizaciones criminales habrían financiado su campaña por la gubernatura. También acusó a los gobiernos estatal y federal de querer desacreditarlo mediante presiones, testimonios fabricados y declaraciones con fines políticos.
Es decir: la vieja fórmula del lodazal tamaulipeco. Cuando aparece el apellido Carmona, nadie se mancha; todos descubrieron la trama, todos fueron engañados y todos, curiosamente, tienen un enemigo político convenientemente responsable.
La publicación de nuevo video en el contexto de las acusaciones de Gloria Molina Gamboa, exsecretaria de Salud en el gobierno cabecista, quien ha señalado presuntas presiones e instrucciones relacionadas con contratos otorgados a empresas vinculadas con Sergio Carmona.
Las empresas PERMART y JOSER,también vinculadas a Hector Joel Villegas,alias El Calabazo, actual Secretario de Gobierno de Americo Villarreal ,según reportaje de Televisa NMAS+, habrían recibido beneficios por alrededor de 344 millones de pesos en 2017 y 2018. Son señalamientos públicos que requieren investigación documental y resolución de las autoridades competentes; no equivalen, por sí solos, a una sentencia.
Gloria Molina, la pieza incómoda
En el video, Cabeza de Vaca dice entender las “presiones” a las que habría sido sometida Gloria Molina y asegura que ese material fue grabado bajo coacción. No ofrece evidencia verificable de esa presunta presión, pero sí le atribuye a Américo Villarreal la conducción de una estrategia para utilizar el caso en su contra.
También reivindica haber destituido, en agosto de 2019, al entonces subsecretario de Salud Horacio García Rojas, después de conocer una relación directa entre éste y los hermanos Carmona. La intención es clara: presentarse no como parte de una red, sino como el funcionario que la detectó y actuó contra ella.
El problema de esa narrativa es elemental: haber destituido a un subordinado no cancela, por decreto videográfico, las preguntas sobre contratos, autorizaciones, controles internos, responsabilidades administrativas y la posible cadena de mando. Menos aún cuando la acusación pública gira precisamente alrededor de instrucciones para favorecer empresas asociadas al grupo Carmona.
En otras palabras: “yo lo corrí” puede ser una línea de defensa, pero no es un expediente judicial ni una auditoría forense.
La guerra de videos
Cabeza de Vaca usa el mismo libreto que critica: responde a un video con otro video, refuta una acusación con una acusación y promete que “la verdad” terminará imponiéndose. El detalle menor —casi burocrático— es que esa verdad sigue sin llegar acompañada de contratos completos, expedientes judiciales, dictámenes, estados de cuenta, investigaciones ministeriales o sentencias.
En su mensaje, el exgobernador afirma que agencias de Estados Unidos observan e investigan a quienes habrían presionado a Gloria Molina, y anticipa que “muy pronto” rendirán cuentas ante la “verdadera justicia”. Es una afirmación grave que, hasta ahora, el propio mensaje no acompaña con número de caso, autoridad investigadora, documento judicial o evidencia pública que permita corroborarla.
El recado, sin embargo, cumple su función política: Cabeza de Vaca no sólo se deslinda, sino que busca devolver el golpe. Si él es acusado por presuntos vínculos con los Carmona, entonces Américo Villarreal —y por extensión Morena— también debe explicar los propios señalamientos sobre cercanía política, financiamiento electoral y operadores ligados a Sergio Carmona.
En Valor Tamaulipeco hemos planteado justamente que Carmona funciona como el incómodo denominador común de la disputa entre los grupos políticos del PAN y Morena en Tamaulipas: uno acusa al otro de estar hasta el cuello, mientras los documentos, contratos, flujos de dinero y responsabilidades siguen siendo la parte menos televisada de la historia.
Mucho discurso, pocos papeles
El video de Cabeza de Vaca es contundente en la retórica: dice que no se doblará, no se venderá y no permitirá que una mentira se convierta en verdad. Pero una defensa sólida no se construye sólo con adjetivos, insultos y promesas de litigio desde la comodidad del extranjero.
En Tamaulipas ya hay demasiados videos de absolución instantánea: unos se graban desde Palacio, otros desde la oposición y otros desde Estados Unidos. Lo que falta no es otro monólogo con música de persecución política, sino expedientes abiertos, contratos transparentados, rutas financieras verificables y responsables sentados ante un juez.
Cabeza de Vaca exige pruebas para acusarlo. Bien. El estándar debe aplicar parejo: para él, para Américo Villarreal, para los funcionarios de Salud, para los operadores políticos y para cualquiera que haya convertido el huachicol, los contratos públicos o las campañas electorales en negocio.
Un recado para los dos
Que no se hayan exhibido públicamente muchas pruebas no equivale a que esos elementos no existan, ni mucho menos extingue la obligación de investigarlos. En derecho, la ausencia de una prueba incorporada a la conversación mediática no constituye prueba de la inexistencia del hecho; apenas revela que esa prueba no ha sido presentada, localizada, desahogada o valorada en el expediente que corresponde.
Dicho sin el rodeo solemne que tanto gusta en los videítos de inocencia de Americo y CDV: la falta de pruebas exhibidas no prueba que no haya pruebas. Y repetir “no hay evidencia” no convierte la frase en una resolución judicial, menos cuando se pronuncia desde una cámara y no frente a un tribunal.
Quien asegura no tener nada que ocultar no debería limitarse a desafiar a que le prueben algo; debería facilitar que se le investigue y entregarse. La presunción de inocencia es un derecho irrenunciable, sí; pero no es un salvoconducto para decretarse inocente mediante transmisión remota.
En suma: no basta con decir que no hay fotos. A veces las redes no se revelan en una selfie, sino en una factura, una llamada, una adjudicación, una cuenta bancaria o el oportuno olvido de quien debía vigilar.
La política tamaulipeca no necesita más videítos de inocencia prefabricada. Necesita que alguien apague la cámara, abra los archivos y siga el dinero.
Con información: @FGCabezadeVaca/






