La UAT ya activó el libreto de emergencia: “cero tolerancia”, “sanciones firmes”, “debida diligencia” y “acompañamiento integral”. Pero, frente a una presunta novatada que puso en riesgo de muerte a un alumno de Veterinaria, la pregunta no es cuántas veces puede repetir el rector Dámaso Anaya —detenido en 2022 por presuntas conductas delictivas, como cita REFORMA— que está molesto, sino cuántos responsables terminarán realmente sancionados y si la “cero tolerancia” no terminará convertida en cero consecuencias.
Y es que, la Universidad Autónoma de Tamaulipas descubrió, otra vez, el idioma solemne de las crisis: condenar, reprobar, investigar, acompañar y prometer que “esto no volverá a ocurrir”.
El rector Dámaso Anaya Alvarado dice que hay “cero tolerancia” contra las novatadas y prácticas vejatorias; la UAT anuncia expediente, medidas cautelares, Consejo Técnico, posibles sanciones administrativas y colaboración con la Fiscalía. Todo muy institucional. Todo muy correcto. Falta la parte que suele extraviarse entre boletines: los nombres, las responsabilidades y las consecuencias.
El ataque contra la integridad de un alumno de nuevo ingreso de Medicina Veterinariaa, no fue una travesura con espuma, harina y fotos para redes. Estamos ante hechos que habrían puesto en riesgo la salud e integridad de un joven, al grado de requerir atención hospitalaria, y que incluso llevaron a su familia a solicitar su baja de la universidad. La víctima se va; la institución promete que ahora sí investigará. El orden habitual de la impunidad: primero el daño, después el comunicado.
La rectoría sostiene que se trató de actos “aislados”, realizados entre particulares y fuera de la agenda institucional. Puede ser. Pero una universidad que arrastra historial deleznable bajo el sedicente nuevo rostro ,no se lava las manos sólo porque la violencia no venía en el calendario escolar.
Si la agresión ocurrió en el contexto de la vida universitaria, entre estudiantes y bajo una cultura de “novatada” que no apareció por generación espontánea, la obligación de prevenir, investigar y cortar de raíz esa práctica también es institucional. Llamarle “acto aislado” no debe convertirse en la versión académica de barrer el problema bajo la alfombra.
El discurso de “cero tolerancia” será creíble cuando produzca algo más que indignación protocolaria. Si existen responsables, deben ser identificados. Si hubo omisiones, deben explicarse. Si hubo delitos, no basta una suspensión, una carta de disculpa o una expulsión administrativamente impecable.
Sin embargo, la Fiscalía ahora a cargo de un presidiario federal, por obra y gracia del gobernador de Morena,Americo Villarreal debe determinar las responsabilidades del caso donde inicialmente el fiscal Jesus Eduardo Govea,dijo se trataba de un golpe de calor».
La autonomía universitaria no es fuero para la barbarie ni refugio para que una posible agresión grave termine archivada como “incidente de convivencia”.
La UAT tiene la oportunidad de demostrar que su promesa no es otra frase para conferencia de prensa. Una sanción interna puede ordenar la casa; una investigación penal, si los hechos lo ameritan, puede impedir que el mensaje sea el de siempre: que en Tamaulipas se puede poner en riesgo a un estudiante, obligarlo a abandonar sus estudios y luego resolverlo con lenguaje de oficina.
Porque la tolerancia no se mide por el volumen del discurso, sino por el tamaño de las consecuencias. Y hasta ahora, entre el “cero tolerancia” y la sanción efectiva, todavía hay un trecho demasiado cómodo para quienes creen que una novatada puede disfrazar una agresión.
Con información: HoyTamaulipas/

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