Miguel Angel Gaxiola,Fiscal de Delitos contra la Vida de Baja California, presume haber identificado el arma que mató al vocalista del grupo Reacción. Pero la cereza del pastel es su “currículum”: la pistola ya participó en seis homicidios anteriores. Toda una veterana, con más antecedentes que una carpeta ministerial olvidada.
En un país donde los proyectiles tienen más movilidad que los expedientes judiciales, la noticia se presenta con tono de triunfo: “ya sabemos qué arma fue”. Falta lo obvio, que es saber quién la usaba,donde esta, y por qué sigue en circulación después de media docena de asesinatos. Pero esas preguntas no generan likes institucionales.
El verdadero golpe de realidad está en los registros balísticos: el arma en cuestión ya había dejado su firma en otros homicidios,pero nadie consideró oportuno detener su gira criminal. A falta de control de armas, el sistema armó su propio tour de la impunidad.
Mientras tanto, los voceros se felicitan por su “coordinación interinstitucional”. Traducido: siete cadáveres después, confirmaron que la misma pistola se pasea libremente entre narcos, sicarios y posiblemente coleccionistas de negligencia oficial.
El mensaje final es claro: en México, el crimen tiene rastreo, hasta número de serie… lo que no tiene es freno.
Con informacion: PROCESO/

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