El hilo en «X» ha sido visto mas de medio millon de veces y exhibe con contundencia,aunque de manera abreviada,la hoja de vida de Omar García Harfuch a su paso por la extinta y nefasta Policia Federal,donde nunca aprobó un examen de control de confianza y muy difícil aprobarla uno de conciencia, pero aun asi la mercadotecnia y su lista de contactos, lo tienen al frente de una estrategia que hace agua en Sinaloa y avanza imparable a casi dos años de guerra.
El tuit afirma como el expediente interno de 2012 ordenó la baja de Omar García Harfuch de la Policía Federal por no aprobar el control de confianza, requisito obligatorio para permanecer en la corporación que entonces dirigía «Genarco» García Luna.
El archivo que no se borra
Resulta que el expediente de 2012 no “sugiere”, no “insinúa” y tampoco “deja entrever”: según el post que ha sido corroborado, se ordenó la baja de Omar García Harfuch de la Policía Federal por no pasar el control de confianza, ese filtro que en teoría separa a los policías confiables de los que no deberían andar cargando placa ni discurso de integridad.
Y claro, cuando aparece un documento así, la narrativa oficial se pone nerviosa. Porque una cosa es vender la imagen del funcionario guapo,eficiente, serio y técnico, y otra muy distinta es que el pasado, ese que recurrentemente se hace presente, se empeñe en recordar que hubo una decisión interna que lo quería fuera de la corporación y que en la actualidad ha servido de pretexto para despedir policías en Sinaloa y gran parte del pais.
La versión incómoda
El punto delicado no es el chisme, sino el contenido político del documento: si un expediente interno efectivamente ordenó la baja por no acreditar control de confianza, entonces estamos hablando de un antecedente que toca el corazón mismo del discurso de “trayectoria limpia” y “perfil confiable” que no es la única acusación sin resolver.
Y ahí es donde el relato se complica. Porque en México hay currículums que se construyen con cargos, y otros que se sostienen a punta de silencio institucional, versiones cuidadosamente editadas y una memoria oficial que trabaja horas extra para olvidar lo que no conviene.
Lo que implica
El documento existe , ha sido publicado antes por la periodista Anabel Hernadez que igual acusó en su momento de poder a Garcia Luna y no es un tropiezo burocrático, sino un antecedente grave que termina convertido en nota al pie, cuando en realidad debería ser parte central de cualquier evaluación pública del personaje.
En un país donde la memoria institucional suele tener alzheimer selectivo, un expediente como éste no es una anécdota: es una advertencia. Porque cuando el poder se acostumbra a maquillar su biografía, tarde o temprano aparece un archivo, una firma o una baja administrativa para recordarle que el pasado no siempre coopera con el relato.
Con informacion: @Mr.Lotario/ Medios/




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