El uniforme militar ha sido en México algo mas que tela pixelada: es un talismán de impunidad, una armadura medieval que tradicionalmente se resiste al imperio de la ley y demora el acceso a la justicia cuando no la impide.
La armadura verde olivo
En 2011, en Petacalco, Guerrero, un hombre cenaba como cualquiera, hasta que llegaron Ejército y Marina, le preguntaron el nombre y se lo llevaron a golpes, camioneta y cuartel de por medio, directo a la rutina clásica de la “guerra contra el narco”: golpiza, tortura, amenazas para que se autoincriminara y, de ser posible, para que inventara más culpables.
La CNDH, quince años después, confirma tortura, lesiones por todo el cuerpo, golpes con tubo, pérdida de conciencia y hasta el intento burdo del médico naval por maquillarlo en el expediente, como quien corrige un borrador incómodo.
El tiempo como cómplice
La recomendación se firma en febrero de 2026 por hechos de 2011: la justicia llega como ambulancia sin gasolina, empujada entre todos y demasiado tarde para salvar a nadie.
Mientras tanto, el detenido fue absuelto en 2019 de armas y explosivos, pero sigue preso por delincuencia organizada, como si la tortura fuera un trámite administrativo y no el vicio de origen que contamina todo el proceso.
El expediente fantasma y el Estado amnésico
En 2025, la Sedena informó que, tras una “búsqueda exhaustiva”, no encontró documentos del caso, como si la tortura fuera leyenda urbana y no un hecho acreditado por peritajes.
La burocracia castrense convierte el archivo en agujero negro:lo que entra ya no sale, salvo cuando la CNDH, años después, rescata los restos para escribir una recomendación que el sistema leerá con la misma emoción con la que se hojea un manual de uso.
El blindaje político del uniforme
Entre 2006 y 2024, al menos 318 militares estuvieron involucrados en violaciones graves de derechos humanos; solo 23 sentencias condenatorias, un raquítico 7% que no espanta a nadie en un cuartel.
Esas cifras son una confesión sin metáfora: la justicia le tiene más miedo al uniforme que a la historia, más respeto al fuero militar que a la Constitución, más lealtad al general que a la víctima.
Homenajes arriba, tortura abajo
Mientras la CNDH publica la recomendación por tortura, la presidenta Claudia Sheinbaum rinde homenaje en Campo Marte a las Fuerzas Armadas, flanqueada por los altos mandos, justificando su presencia como un acto de reconocimiento a las mujeres militares.
El contraste es quirúrgico: arriba, medallas y discursos; abajo, recomendaciones por tortura que llegan con década y media de retraso, chocando contra el escudo invisible del prestigio castrense, donde el uniforme se porta como licencia para el exceso y chaleco antibalas contra el castigo penal.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERIKA ROSETE

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