Visitanos tambien en:

jueves, 6 de agosto de 2026

LA «CENSURA de CAMARADAS: la LEY de AUDIENCIAS de SHEINBAUM es la VERSIÓN con GUAYABERA de la LEY RESORTE VENEZOLANA»… mismo espíritu censor, mismo lenguaje almibarado de “protección».


En 2004, Hugo Chávez estrena la Ley Resorte prometiendo “proteger a niños y adolescentes” y establecer “responsabilidades” para concesionarios. Traducción: el Estado decide qué se puede decir, a qué hora y en qué tono, y los medios obedecen o pierden la concesión. 

La ley incluye “aclaraciones” y sanciones a contenidos “contrarios” a la norma. Nada dice quién define “contrario”, pero todos entendieron el mensaje: critica demasiado y te conviertes en ejemplo pedagógico de lo que no se debe hacer en televisión. 

En 2010, la cosa se pone más alegre: reforman Resorte para alcanzar Internet y medios electrónicos. El ciberespacio deja de ser libre y se convierte en otra sucursal del Ministerio de la Verdad, con sanciones más duras para radio y TV. 

Para 2017, ya sin disimulo, llega la Ley contra el Odio: hasta 20 años de cárcel, cierre de medios, bloqueos y multas por mensajes “ilícitos” o “de odio”. ONG y periodistas lo resumen mejor: un comodín legal para sancionar, callar, intimidar y forzar la autocensura en todo el ecosistema informativo. 

México 2026: la copia “responsable”

En México, la 4T presenta en julio de 2026 la nueva Ley de Derechos de las Audiencias y la vende como si fuera un curso de alfabetización mediática: distinguir entre publicidad, información y opinión, “defender” al público de contenidos engañosos y garantizar códigos de ética y defensores de audiencias en los medios. 

Suena noble: ¿quién podría oponerse a que la gente sepa qué es noticia y qué es anuncio? El problema es el mismo que en Venezuela: el árbitro de lo “engañoso”, lo “indebido” y lo “confuso” es el gobierno. 

Y cuando el Gobierno se erige en tutor moral de las audiencias, la frontera entre protección y censura se vuelve tan fina como el rating de un noticiero incómodo. 

El truco del lenguaje bonito

En Venezuela lo llamaron “responsabilidad social”, “convivencia pacífica y tolerancia”, “protección de niños y adolescentes”. En México, “derechos de las audiencias”, “defensor del radioescucha”, “distinción clara entre opinión y noticia”. El diccionario suena democrático; el subtexto, no tanto. 

El patrón es el mismo:

  • Se invoca a los niños, la paz y la tolerancia como escudo emocional.
  • Se prometen derechos, pero se fortalecen las facultades del Estado para regular contenidos.
  • Se obliga a los medios a adoptar códigos y figuras de “defensa” que, casualmente, responden a lineamientos fijados desde el poder. 

La moraleja incómoda

Cuando un gobierno te dice que viene a “defenderte” de lo que ves y escuchas, no está pensando en tu criterio, sino en su control. Venezuela ya probó el experimento: leyes de “responsabilidad”, después leyes “contra el odio”, y terminó con bloqueos, autocensura y periodistas con una amenaza permanente sobre la cabeza. 

La 4T jura que su Ley de Audiencias solo quiere que distingas entre publicidad y opinión. Pero si la historia tiene memoria, sabemos cómo empieza: con buenas intenciones y mucha palabra bonita. Cómo termina, depende de cuánta crítica esté dispuesta a aguantar antes de convertir la “protección de audiencias” en la versión mexicana de la Resorte.

Con información: ELNORTE/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: