Los tres principales indicadores de la violencia en Sinaloa,levanton ,ejecucion y despojo de autos, no describen una pacificación clara; describen una violencia que persiste, cambia de forma y mantiene picos severos. Y aunque la gráficas no pueden atribuir causalidad directa al despliegue militar y policial, tampoco hay evidencia visual de un éxito contundente y sostenido.
Lo que muestran los datos
- Muertes violentas: después del salto observado desde septiembre de 2024, los homicidios se mantienen en niveles altos, con meses de entre 121 y 179 casos en 2026 y un antecedente extremo de 241 en junio de 2025. La proyección de agosto de 2026 es de 134, menor que algunos meses previos, pero no representa una reducción estructural ni el retorno a niveles bajos.
- Robo de vehículos: el gráfico diario conserva una incidencia constante, con días de picos muy pronunciados —incluido uno de 211 vehículos—.
- El promedio móvil al 7 de agosto es de 7.9 robos diarios: casi ocho vehículos despojados cada día. Eso no sugiere control territorial suficiente para proteger la movilidad y el patrimonio de la población.
- Privaciones de la libertad: las denuncias siguen elevadas durante 2025 y 2026, mientras las fichas de búsqueda caen de forma considerable. Esa brecha puede indicar subregistro, obstáculos para activar búsquedas, miedo a denunciar o una respuesta institucional insuficiente.
No se puede soslayar que Sinaloa, al igual que Tamaulipas —gobernado por Américo Villarreal y segundo lugar nacional de la barbarie—, es otra entidad donde desaparecer, la mayoría de las veces, equivale a morir.
¿Éxito o fracaso?
La lectura responsable es: no hay evidencia de éxito integral. Puede haber éxitos intermitentes pero no contención puntual —una baja relativa en ciertos meses que no se sostiene de manera sólida, prolongada y verificable como reducción de la violencia.
Bajo un lastimoso añadido: una estrategia que despliega mas de 14 mil militares sin contar las policias, debería reflejarse en tres resultados simultáneos: menos homicidios, menos despojos de vehículos y menos desapariciones o privaciones de libertad. Aquí, en cambio, los indicadores muestran violencia letal todavía alta, robo vehicular cotidiano y una separación preocupante entre denuncias y mecanismos de búsqueda.
Graficos vs costo beneficio de la estrategia:
Las gráficas contradicen el discurso triunfalista. En Sinaloa no vemos una reducción sostenida de la violencia: vemos homicidios que permanecen en niveles altos, robos de vehículos que continúan todos los días y privaciones de la libertad que no encuentran una respuesta transparente y medible.
El despliegue militar y policial puede llenar carreteras con retenes, colonias con patrullajes y conferencias de prensa, pero no basta con presencia.
Si la gente sigue muriendo, siendo levantada y despojada de su vehículo, la estrategia no puede venderse como éxito. A lo mucho, ha contenido parcialmente una crisis que sigue viva; en lo esencial, ha fracasado en devolver seguridad cotidiana y control efectivo del territorio.
Con información: NOROESTE/




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