La Fiscalía General de la República (FGR) no investiga al ex Secretario de la Marina, Rafael Ojeda, y tampoco lo ha citado a declarar ni siquiera como testigo porque no presentó una denuncia formal por el caso de huachicol fiscal contra sus sobrinos, los hermanos Farías Laguna,cita EL NORTE.
En lenguaje llano; la FGR le están sacando al parche y navegando con bandera blanca antes de que truene el cañón. Aquí no es falta de pruebas, es falta de pantalón para subir al puente de mando y tocar a quien trae las estrellas en el uniforme embarradas de chapopote.
En términos navales: en la FGR detectaron el blanco en el radar, tienen la señal, incluso escucharon la transmisión… pero prefieren apagar el sistema y hacerse como si fuera ruido de fondo. Puro viraje evasivo.
Porque cuando el objetivo es un pez chico, lanzan redes, despliegan patrullas y hasta piden apoyo internacional. Pero cuando se trata de un pez gordo con insignias, ahí sí: “mejor mantenemos rumbo y evitamos el oleaje”.
Así que sí, sin rodeos: le están sacando al parche… y además con toda la flota viendo.
En este buque llamado FGR, la brújula no quiere apuntar al norte de la justicia, sino al cómodo resguardo del uniforme de almirante. Porque cuando se trata del ex Secretario de Marina, Rafael Ojeda, la consigna parece clara: “sin denuncia no hay tormenta”… aunque el mar esté lleno de combustible robado.
La historia es de manual: un alto mando escucha denuncias de corrupción en Aduanas —huachicol fiscal operado por sus propios sobrinos, los Farías Laguna—, se reúne con el entonces fiscal Alejandro Gertz Manero, pero no deja bitácora escrita. Y con eso basta para que la Fiscalía arrié velas y declare aguas tranquilas. No hay querella formal, dicen. No hay papel, no hay caso. Como si la corrupción necesitara formato oficial para existir.
Desde cubierta, un funcionario suelta la línea que resume todo el operativo de encubrimiento: sí hubo contacto, sí hubo reunión, pero no hay denuncia… y por tanto, tampoco investigación. Traducción en clave marina: el almirante no se toca, aunque el radar haya detectado actividad sospechosa en toda la flota.
Lo grotesco es que mientras la FGR se hace la desentendida con el alto mando, sí reconoce como auténtico el audio donde el Contralmirante Fernando Rubén Guerrero Alcántar —posteriormente asesinado— le reporta directamente a Ojeda la podredumbre en las Aduanas.
Peritajes en mano, voces confirmadas: el mensaje llegó al puente de mando. Pero en lugar de activar protocolo, alguien decidió tirar el reporte por la borda.
Y aquí es donde el doble estándar navega sin pudor. Porque para los Farías Laguna sí hay persecución internacional, fichas rojas, detenciones en Buenos Aires y procesos de extradición que avanzan a paso lento pero firme. Argentina, por cierto, no se prestó al pase automático y optó por el carril legal completo, ese que puede tardar años. Allá no se tragan el cuento exprés.
En México, en cambio, la FGR prepara con diligencia el expediente contra el contralmirante prófugo, mientras mantiene en dique seco cualquier posibilidad de incomodar al ex titular de la Marina. Dos rutas, dos velocidades: tormenta judicial para los de menor rango; mar en calma para el almirantazgo.
La narrativa oficial pretende vender esto como un tecnicismo: “no hay denuncia formal”. Pero en términos reales, suena más a coartada que a criterio jurídico. Porque si la Fiscalía necesita que un almirante se autoincrimine por escrito para siquiera llamarlo como testigo, entonces no estamos ante una institución que investiga, sino ante una que espera instrucciones desde el puente más alto.
Al final, el mensaje es claro para toda la tripulación: en este barco, la ley no es igual para todos. Hay marinos que se hunden y otros a los que ni siquiera se les moja el uniforme. Y mientras tanto, el huachicol fiscal sigue navegando viento en popa.
Con informacion: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: