El texto publicado hoy por el diario Español,El País, ya es una bomba, pero se queda corto para describir el nivel de descomposición: México no tiene sistema forense, tiene un triturador de cuerpos administrado por burócratas ofendidos porque la ONU se atreve a señalarlos.
Un país que produce huesos como si fueran PIB
Mientras Ceci Flores abraza un puñado de huesos blanqueados por el sol en una carretera de Sonora, el Estado mexicano abraza sus cifras maquilladas desde el podio de Palacio. Ella dice “merecía encontrar un cuerpo completo”; el Gobierno responde con PowerPoint y recortes administrativos al universo de los desaparecidos.
El Registro Nacional habla de 132,534 personas desaparecidas, pero el truco está en el desglose: categorías, filtros, “ajustes metodológicos”, todo para lograr la hazaña política del sexenio: desaparecer a los desaparecidos con Excel. No necesitan hornos crematorios; les basta un par de tablas dinámicas y un comunicado indignado.
La ONU molesta, la soberanía selectiva y el ego herido
El Comité contra la Desaparición Forzada (CED) lleva desde 2015 diciendo lo obvio: en México hay desapariciones generalizadas, muchas cometidas por agentes del Estado. El Estado responde como siempre: tono ofendido, nacionalismo de cartón y la clásica frase de manual: el informe es “tendencioso” y con “falta de rigor jurídico”.
En abril de 2026, México rechaza las conclusiones del CED y sugiere que no entienden “la realidad actual” del país. La realidad actual, por cierto, incluye entre 52,000 y más de 72,200 cuerpos sin identificar guardados por el propio Estado, como si fueran archivo muerto de una oficina cualquiera. Soberanía, dicen; impunidad, se lee.
Fosas clandestinas… del Estado
No basta con las fosas del narco: el texto recuerda Tetelcingo y Jojutla, donde el propio gobierno convirtió cementerios en fosas clandestinas oficiales, enterrando cuerpos sin registro, sin cadena de custodia, sin decencia mínima. Eso no es rezago administrativo, es obstrucción deliberada de la justicia: desaparición secundaria, ahora sí, con sello y firma de gobierno.
La inhumación irregular no es un error, es política pública de facto: si escondes al muerto, matas también la investigación, el expediente y la posibilidad de verdad. México podría montar una comisión de la verdad sólo para documentar las veces que el propio Estado hizo trampa con los cuerpos, y habría material para hablar de crímenes de lesa humanidad durante décadas.
Madres buscadoras: antropólogas forenses a la fuerza
Como el aparato forense colapsó hace años, las familias se convirtieron en “expertas forenses vernáculas”, es decir: madres con palas haciendo el trabajo que las fiscalías no quieren hacer. Cavan, buscan, marcan, registran, documentan mejor que muchas instituciones; luego chocan con ministerios públicos que pierden muestras, revictimizarian y se escudan en la falta de personal.
Entre 2019 y 2024, mientras las madres rastrean desiertos, la crisis forense se dispara: más de 5,696 fosas clandestinas registradas y 72,200 cuerpos sin identificar en manos del Estado. El mensaje es simple: el crimen organizado desaparece vivos; el Estado desaparece muertos. Trabajo en equipo.
El gran experimento fallido: MEIF y CNIH
Cuando por fin el país admitió la “emergencia forense”, creó el Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense (MEIF), el Centro Nacional de Identificación Humana (CNIH) y prometió un banco nacional de datos. Sonaba serio, casi histórico.
Resultado: el CNIH abrió en 2022, fue desmantelado en enero, con logros mínimos; el MEIF se cerró; el banco de datos nunca funcionó del todo. Una política de Estado al estilo mexicano: se inaugura con fotos, se desmantela en silencio, se niega el fracaso con comunicados altisonantes.
Rechazar ayuda mientras se ahogan en cadáveres
Desde 2018, el CED recomendó un mecanismo internacional de asistencia técnica para procesar miles de cuerpos y restos. México responde que está “abierto a la cooperación”, pero no bajo “premisas” que no reflejan su realidad actual. La realidad actual: morgues saturadas, fosas comunes llenas, servicios forenses colapsados, estados que identifican menos del 20% de los cadáveres que reciben al mes.
La metáfora del propio texto es quirúrgica: rechazar esa ayuda es como intentar vaciar el mar de la impunidad con una cucharita. El problema es que la cucharita también está recortada del presupuesto.
Los huesos no mienten, los gobiernos sí
Mientras el gobierno discute definiciones y categorías, los huesos siguen saliendo de la tierra. Sólo en las dos primeras semanas de abril, cerca de la Ciudad de México, se recuperaron 1,076 restos y fragmentos óseos humanos en la zona de la laguna de La Habana. No son metáforas, no son “percepciones”: son pedazos de gente.
El 99% de los casos de desaparición siguen impunes, según Impunidad Cero. Así que la ecuación es brutalmente simple: un país donde casi nadie investiga, casi nadie identifica y casi todos niegan. La justicia es un slogan; la identificación, una aspiración; la impunidad, la única política de Estado verdaderamente consistente.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

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