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jueves, 9 de abril de 2026

«COMO VAMOS SINALOA ?»: «QUE NI se NOS OCURRA a CIUDADANOS NORMALIZAR lo que AUTORIDADES MINIMIZAN»..cuando el lenguaje oficial se vuelve narcótico estadístico, la indignación ciudadana corre el riesgo de adormecerse.


El parte de guerra de la violencia de Sinaloa,puntualmente publicado por Noroeste, retrata un estado en “economía de guerra” que el discurso oficial intenta vender como “normalización” a punta de promedios y comparativos tramposos.

Radiografía numérica de la ola

  • 3,058 homicidios dolosos del 9 de septiembre de 2024 al 7 de abril de 2026, un promedio de 5.4 asesinatos cada día.
  • 3,639 personas privadas de la libertad, es decir 6.3 personas arrancadas de su casa, calle o trabajo todos los días; la privación de libertad supera sistemáticamente a los homicidios.
  • 10,545 vehículos robados, 18.3 diarios, lo que convierte el robo de autos en un negocio industrial asociado a la disputa criminal y a una impunidad de más del 99 por ciento en este delito.
  • 3,421 personas detenidas (6 diarias) frente a miles de delitos, lo que deja ver un sistema que produce expedientes, no justicia.
  • 183 personas abatidas, el rastro de una “guerra” que se libra sin claridad de reglas, sin controles militares civiles y sin información pública desagregada.

Este corte no es una anécdota sangrienta; es una línea de producción estable de violencia que se ha sostenido por año y medio.

Lo que el gobierno presume vs lo que el parte exhibe

  • El gobierno estatal presume “el mes más bajo de homicidios desde la crisis” y una caída de 44 por ciento en promedio diario respecto a junio de 2025, pero parte de una montaña de asesinatos acumulados.
  • Mientras el gobernador habla de “recuperación” y “contención”, las bases de datos oficiales confirman más de 1,900 asesinatos y más de 1,900 desaparecidos se cometieron sólo en el primer año de la guerra interna del Cártel de Sinaloa.
  • La narrativa oficial se refugia en que “ya no estamos como en 2008–2011”, cuando hubo 6,620 asesinatos y 1,479 privaciones de la libertad, pero hoy las desapariciones ya rompieron el récord histórico de 2019 y el 2024 se convirtió en el peor año para este delito.
  • El énfasis en “vehículos recuperados” y en operativos con miles de militares desplazados sirve para el encabezado, no para explicar por qué hay más de 10 mil carros robados y casi nadie sentenciado.
  • Nos e diga del casi centenar de policías masacrados y ningun detenido,es una invitación formal a seguirlos matando.

En resumen, la contabilidad oficial intenta vender mejoría usando porcentajes; el parte de guerra aterriza la matemática en cadáveres, desaparecidos y patrimonios perdidos.

Por qué no debemos normalizar

  • 5.4 homicidios y 6.3 levantados al día significan que, cada cuatro horas, alguien es ejecutado o desaparecido en Sinaloa; ningún estado “normal” puede sostener esa tasa sin romperse socialmente.
  • La masificación del levantón como mecanismo de control y reclutamiento —jóvenes hombres, muchas veces usados como carne de cañón— convierte al territorio en un campo de caza, no en un estado de derecho.
  • Que haya más privaciones de libertad que homicidios implica que, detrás de cada cifra, hay familias atrapadas en el limbo jurídico: sin cuerpo, sin sentencia, sin certeza en una entidad donde desparecer casi siempre equivale a morir.
  • El robo de vehículos a esa escala indica un tejido criminal que controla carreteras, colonias y aseguradoras; no es delincuencia “común”, es administración criminal del espacio público.
  • Las 183 personas abatidas hablan de enfrentamientos letales donde casi nunca se transparenta quiénes eran, qué ocurrió y si hubo uso excesivo de la fuerza o ejecuciones.

Normalizar esto es aceptar que la excepción se volvió regla y que el ciudadano es material desechable en la disputa entre facciones y en la simulación institucional.

La anestesia de los promedios

  • El uso de “promedio móvil de 7 días” y de comparativos mes contra mes sirve para suavizar el golpe: la línea baja, pero el acumulado ya rebasó los 3 mil asesinatos.
  • La política de seguridad se evalúa con gráficas que celebran que “bajamos de 6 a 5 homicidios diarios”, como si el objetivo fuese administrar la morgue en vez de desmantelar las estructuras criminales.
  • El mismo truco se aplica al robo de vehículos: se presume un porcentaje de recuperación, pero se oculta que el universo total es de más de 10 mil unidades y que el negocio sigue intocado.
  • En desapariciones, se presentan fichas de búsqueda y “personas localizadas” sin separar quién regresó vivo, quién fue hallado en una fosa y quién sigue en el registro como “no localizado”.

Cuando el lenguaje técnico se vuelve narcótico estadístico, la indignación ciudadana corre el riesgo de adormecerse.

Por qué nuestro encabezado

  • “parte de guerra” como concepto: no es informe de gobierno, es inventario de daños de una guerra que nadie reconoció formalmente, pero que todos padecen.
  • Idea eje: que a la ciudadanía “no se le ocurra” normalizar lo que las autoridades minimizan; ellos hablan de “tasas”, nosotros vemos sillas vacías, talleres cerrados, calles sin tránsito después de cierta hora.
  • L advertencia —si aceptamos como éxito pasar de 7 a 5 muertos diarios, el siguiente parte de guerra sólo añadirá más renglones a la estadística y menos espacio para el reclamo.

Con informacion: NOROESTE/

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