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viernes, 17 de abril de 2026

«CITLALLI YA se METIO a la COCINA»: «INTERVIENE SHEINBAUM el PARTIDO para ENDEREZAR el BARCO y EVITAR CHOQUE de APETITOS»…van apretar control sobre el reparto de candidaturas, vigilar encuestas y encuestadoras.


En Morena ya no alcanza con la liturgia de la unidad ni con las sonrisas de ocasión: tuvo que entrar Claudia Sheinbaum a enderezar el barco antes de que la tripulación terminara chocando por sus propios apetitos políticos. La presidenta movió las piezas para poner a Citlalli Hernández al frente de la Comisión de Elecciones y Alianzas, una jugada que no solo revela desconfianza en la actual dirigencia, sino también la urgencia de meter orden en un partido que ya estaba oliendo a pelea por candidaturas, cuotas y bendiciones anticipadas.

El mensaje es claro: en Morena la sucesión de 2027 no se va a resolver a empujones, ni con filtraciones, ni con encuestas convertidas en tómbola de conveniencia. Sheinbaum decidió apretar el control sobre el reparto de candidaturas, vigilar encuestas, tiempos y casas encuestadoras, y de paso mandar un recordatorio a los grupos internos de que el partido no es un botín de facciones con hambre de cargo. Citlalli, con experiencia en la cocina partidista, llega como la operadora bisagra para intentar que la disputa no termine en derrumbe público.

Un partido con grietas

La movida también deja ver que la relación entre Morena y sus socios, PT y PVEM, ya venía rechinando en el Congreso y en los estados. La propia Sheinbaum había dicho que le tocaba a Morena definir las alianzas rumbo a 2027, justo después de los desencuentros legislativos con ambos partidos por la reforma electoral. Dicho sin anestesia: los aliados ya no se comportan como aliados, sino como socios que se espían el plato y se preparan para comer solos si la mesa se pone fea.

En estados como San Luis Potosí, Coahuila, Oaxaca y Tabasco, el bloque oficialista muestra señales de fragmentación, con el Verde y el PT tanteando rutas propias cuando les conviene y recordándole a Morena que la disciplina solo dura mientras no estorbe la ambición local. La lectura interna es obvia: si en la cúpula no amarran acuerdos, en las bases cada quien va a sacar su propio machete electoral.

La mano presidencial

Lo más jugoso del asunto no es solo el acomodo de Citlalli, sino el hecho de que Sheinbaum haya decidido meter la mano de lleno en la vida interna de Morena. Eso significa que la presidenta no quiere ver un partido convertido en arena de pleitos prematuros, con candidaturas secuestradas por tribus, padrones amañados o acuerdos de pasillo. En otras palabras: si Morena va a repartir el pastel, será con supervisión de Palacio y no con la glotonería de siempre.

Ese blindaje también tiene lectura política: Sheinbaum busca reafirmar autoridad dentro del movimiento y evitar que la maquinaria partidista se le descomponga antes de llegar a 2027. La ironía es que, para poner orden en un partido que presume cohesión, tuvo que echar mano de una operación que suena más a intervención quirúrgica que a relevo normal. Y cuando un partido necesita que le acomoden las costuras desde arriba, es porque abajo ya empezaron a rasgar la tela.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ZEDRIK RAZIEL/ELIA CASTILLO/ERNESTO NUÑEZ/

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