Visitanos tambien en:

viernes, 3 de abril de 2026

LOS «CARTELES y la IZQUIERDA»: DE MEXICO a VENEZUELA,PASANDO por ECUADOR y BOLIVIA NARCOS CRECEN COBIJADOS por el PODER»…la peli no solo es mexicana,es regional.


El War Room de Codigo Magenta arranca con un video de una frase que hoy suena casi testamento:

“Las grandes mafias no nacieron en este país pacífico. Andrés Manuel López Obrador tiene que confrontar su problema con las mafias, en un país donde una gran parte de la clase política ha sido financiada por el narcotráfico”.

Lo dijo Fernando Villavicencio, candidato presidencial en Ecuador. Lo mataron a plena luz, en campaña, a balazos y mensaje.

Villavicencio se pasó toda la campaña diciendo que había que romper la sociedad de hecho entre el correísmo y los cárteles.

Advertía: Ecuador es víctima top de las mafias de droga más poderosas del mundo… pero esas mafias no son ecuatorianas; tienen nombre y acta de nacimiento: Cártel de Sinaloa y Cártel Jalisco Nueva Generación.

Pregunta incómoda uno: ¿quién los dejó entrar?
Porque la semana pasada, en Polanco –sí, Polanco, no en la sierra– cayó el supuesto cerebro del asesinato de Villavicencio: Ángel Esteban Aguilar, alias “El Lobo Menorrello”.
Lo detienen en el corazón financiero de la Ciudad de México, acusado de encabezar una red criminal enlazada con el CJNG en México y con “Mordisco”, jefe de las disidencias de las FARC en Colombia.
El hilo conductor: la cadena internacional de suministro de cocaína.El “Lobo” no es cualquier matón de rancho. Es parte de una estructura criminal designada por el Departamento de Estado de Estados Unidos como organización terrorista internacional.
Eso lo convierte, en automático, en objetivo militar del Comando Sur.
Traducción: el personaje que se paseaba por Polanco está en la misma lista donde Washington pone a los enemigos a los que se puede ir a cazar.

Pregunta incómoda dos: ¿qué hacía el Lobo en México? ¿Quién lo protegió? ¿Y a cambio de qué?
El timing no falla: la captura en Polanco ocurre un día después de que Omar García Harfuch –el zar de la seguridad civil mexicana– se paseó por Washington para verse con la jefa de la DEA y el jefe del FBI.
Versión oficial: simple “intercambio de información”. Versión geopolítica: México enseñándole a Washington que todavía sabe obedecer cuando le aprietan el expediente.

La reunión con la DEA no es casual. La actual cabeza de la agencia fue durante años agente de campo en México.
Dos veces le encargaron hacer listas de políticos mexicanos conectados con el crimen organizado, según un reporte de Pública y una fuente de alto nivel consultada por Código Magenta.
Y fue uno de los arquitectos de la Operación Polanco, donde la DEA habría documentado financiamiento ilegal del Cártel de los Beltrán-Leyva a la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador en 2006.
El supuesto intermediario: Nicolás Mollinedo, el chofer de confianza, el hombre del círculo íntimo.

La película no es solo mexicana. Es regional.
La expansión de los cárteles bajo gobiernos de izquierda populista no pasó desapercibida para el Departamento de Estado.
La presencia del “Lobo” en Polanco obliga a preguntar qué redes políticas han ofrecido protección a este tipo de operadores del narco.

Ejemplo Venezuela: la acusación del Distrito Sur de Nueva York contra Nicolás Maduro sostiene que usó la embajada venezolana en Ciudad de México para mandar cargamentos diplomáticos llenos de cocaína.
Maletas con inmunidad, con sello oficial, pero cargadas de polvo.

Ejemplo México: López Obrador cerró la puerta a la DEA y a otras agencias de inteligencia de Estados Unidos.
Mientras tanto, el Estado Mayor, comandado por el general de confianza Marco Antonio Ortega, permitió el crecimiento inédito del CJNG y, por acción u omisión, la exportación de fentanilo de “Los Chapitos”, brazo del Cártel de Sinaloa.
La acusación federal de un gran jurado en Nueva York recoge comunicaciones interceptadas con los hijos de “El Chapo” donde presumen contactos clave en aduanas y custodias durante el sexenio de López Obrador.

México y Venezuela comparten molde: redes criminales enquistadas en el Estado.
La DEA acusó al exsecretario de la Defensa mexicana, Salvador Cienfuegos, de encabezar un aparato de protección militar al cártel H2, ligado a los Beltrán Leyva.
Ese caso incluía comunicaciones interceptadas y tocaba, de paso, el rol de los militares en la desaparición de los 43 de Ayotzinapa.
¿Final? No juicio, sino negociación política entre el gobierno de Donald Trump y el de López Obrador.

En Caracas el guion se repite.
El general Vladimir Padrino, recién relevado por el presidente L.C. Rodríguez, fue acusado por la DEA de cobrar 60 mil dólares por cada vuelo de cocaína hacia Centroamérica.
Estados Unidos puso sobre su cabeza una recompensa de 15 millones de dólares.Insight Crime bautiza esto como narcopolítica a la venezolana: el llamado Cártel de los Soles no es un cártel clásico, es un sistema de protección para que generales y altos funcionarios se llenen los bolsillos del tráfico de droga.
Ese modelo, dice Insight Crime, le permitió a Maduro construir un gobierno criminal híbrido capaz de sobrevivir al colapso económico y a las sanciones, a cambio de abrir la caja registradora del crimen a las élites militares y políticas.
El espejo mexicano no queda lejos.

Colombia: Gustavo Petro copia la estrategia de “abrazos, no balas” a la mexicana.
The Economist resume el resultado con dos mapas: en 2019, la presencia de grupos paramilitares y criminales llegaba a 30 por ciento del territorio; cuatro años después, dominan prácticamente todo el país.
Petro está bajo investigación del Departamento de Justicia estadounidense por presuntos nexos con el tráfico de drogas.

Bolivia: los gobiernos del MAS abrieron espacio a capos mexicanos como José González Valencia, uno de los líderes de “Los Cuinis”, financiero y proveedor de armas del CJNG.
Se quedó tan tranquilo porque Bolivia rompió su tratado de extradición con Estados Unidos.
Tras dos décadas de izquierda, Bolivia giró al centro-derecha con Rodrigo Paz.

Ecuador es otro giro de timón.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos y el senador Marco Rubio empujaron, desde Washington, un reacomodo estratégico en el hemisferio occidental.
Durante años, el gobierno de Rafael Correa ignoró el crecimiento de “Los Choneros” y “Los Lobos”, conectados a Sinaloa y al CJNG, respectivamente.
Hoy, con Daniel Noboa, empresario de derecha, Ecuador abrió la puerta al Comando Sur para operaciones conjuntas.

Los resultados están en veremos, pero ya hay tropiezos: el New York Times documentó cómo el bombardeo de un supuesto campamento paramilitar terminó siendo… una farmacia.
México no ha cambiado de régimen ni de color político, pero sí empezó a ajustar su política de seguridad. El arresto del Lobo es un mensaje.

La captura en Polanco ocurre en medio de una competencia feroz entre agencias mexicanas para quedar bien con Washington.
García Harfuch hace su tour por la capital estadounidense en respuesta a la operación que el Comando Sur cocinó con la Sedena para ir tras Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del CJNG.
La presencia de fuerzas especiales de Sedena en el operativo de Polanco indica que ningún mando quiere ser visto como enemigo de Washington.

Pero esta carrera por la medalla gringa ya pisó zona de riesgo: ahí está la operación fallida de la SSPC y la Marina para capturar a “El Mayito Flaco” en Sinaloa.
¿Qué sigue para México? Más presión de Estados Unidos. Más protagonismo de Sedena, Marina y la Secretaría de Seguridad Ciudadana en operativos de alto perfil.

Y la política interna tampoco es inocente.
No es secreto que López Obrador operó para bloquear la candidatura de Omar García Harfuch a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.
Tampoco es secreto que el “teniente de Polanco” y su círculo están en la mira de investigaciones impulsadas desde el entorno de García Harfuch: casos como el del llamado Cártel “Tira-baches” y la reactivación de expedientes emblemáticos de huachicol.

Mensaje de fondo desde Washington, traducido al español llano: se acabaron los días de convivencia política cordial entre cárteles y gobiernos de izquierda latinoamericana.
La pregunta es si México va a romper realmente esa relación… o solo va a cambiar de socio y de narrativa frente a la cámara.

Con informacion: CODIGO MAGENTA/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: