A más de treinta años del balazo que interrumpió la candidatura del hombre que “veia un México con hambre y sed de justicia”, Warner Bros, Discovery decidió desempolvar el expediente para convertirlo en “contenido premium”. Los Asesinos de Colosio, disponible en HBO Max, no pretende resolver el caso —porque, seamos honestos, ni Dios ni el PRI se atreven con tanto—, sino ofrecer una nueva “mirada humana”: tres episodios donde cada quien llora a su muerto, defiende su versión o limpia la sangre del otro con narrativa audiovisual en 4K.
El director, José Ortiz —el mismo que documentó Los 43 de Ayotzinapa: un crimen de Estado—, asegura que aquí “no se juzga a nadie”. Traducido del idioma de la diplomacia mediática: todos hablan, pero nadie se moja. El testimonio se convierte en un acto de fe: cada mirada a cámara es un rosario que invoca la absolución. De un lado, la familia Colosio; del otro, los Aburto; en medio, los fantasmas del PRI y los reporteros que alguna vez creyeron que el magnicidio era la grieta por donde entraría la verdad.
La serie se organiza en capítulos con títulos que parecen sacados de un expediente perdido del CISEN: “El Condenado”, “El Autor Intelectual” y “El Segundo Tirador”. Ahí reaparece la vieja discusión que ni el fiscal especial ni la PGR pudieron enterrar: ¿fue Aburto el asesino solitario o sólo un peón en un guion escrito desde Los Pinos? En un gesto de audacia, incluso hay un testigo nuevo —anónimo, por supuesto—, cuya voz promete “revelaciones desconocidas”. Como todo en México: secreto, sospechoso y probablemente manipulado.
Por si faltara morbo, el documental incluye al expresidente Carlos Salinas de Gortari —el arquitecto del sistema que se juró herido por el disparo—, hablando desde su pedestal de tecnócrata redimido, haciendo equilibrio entre la solemnidad histórica y la negación olímpica. Es el cameo perfecto: la sombra dando cátedra sobre la luz.
Cecilia Abraham, ejecutiva de Warner, afirma que la apuesta “no es amarillista”. Lo que buscan, dice, es reflexión, inteligencia y profundidad. Parece un trailer del futuro distópico donde la televisión descubre que la verdad también genera rating. Pero lo cierto es que Los Asesinos de Colosio no reconstruye una historia: exhuma un cadáver político cuya autopsia nunca se cerró.
Porque en el fondo, cada vez que México mira ese video de Lomas Taurinas, no busca justicia, busca recordar cuándo perdió la inocencia —o si alguna vez la tuvo.
Con informacion: ELNORTE/

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