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sábado, 28 de marzo de 2026

LA «ARITMETICA es MACABRONA»: «VOCACION EMBUSTERA de SHEINBAUM DESAPARECIO DESAPARECIDOS y dice solo HAY 43 MIL pero TENEMOS 72 MIL CADAVERES SIN IDENTIFICAR»…y otra vez Tamaulipas de campeón.


Si el gobierno de Sheinbaum dice que solo hay 43 mil desaparecidos, pero hasta sus propios registros forenses y las bases de datos ciudadanas le gritan que hay más de 72 mil cuerpos sin identificar en manos del Estado, alguien está falseando la hoja de Excel… y no son las morgues que ya no dan abasto.

—A ver, empecemos por la aritmética macabra:
Si hay 43 mil desaparecidos “reconocidos cabalmente”, ¿por qué carajos hay más de 72 mil cadáveres sin nombre pudriéndose en las morgues y fosas comunes del país? ¿Quién es el genio que firmó esa resta?

—El gobierno de la presidenta Sheinbaum sale muy digno a decir:
“En México hay 43 mil 128 personas desaparecidas, con nombre, apellido y expediente; esas sí cuentan, esas sí las buscamos”.
Y en paralelo, los CEMEFOS reportan más de 72 mil cuerpos que nadie se molestó en identificar, ni en cruzar seriamente con las denuncias.

—O sea:
43 mil sí cuentan.
72 mil no.
La nueva doctrina oficial: desapareces dos veces, primero de tu casa y luego de las estadísticas.

—La Plataforma Ciudadana de Fosas, hecha por Artículo 19, la Ibero, Data Cívica y colectivos, pone sobre la mesa el dato que el gobierno quisiera aventar a la fosa común de la opinión pública: más de 72 mil cadáveres sin identificar, todos bajo custodia del Estado, todos sacados de reportes oficiales de fiscalías, CEMEFOS y análisis de organizaciones que sí hacen la chamba que el gobierno simula.

—Los tecnócratas de la muerte le llaman “crisis forense”.
En castellano básico: morgues repletas, refrigeradores vomitando cuerpos, panteones convertidos en bodegas del fracaso nacional, y una burocracia ocupadísima… pero en acomodar cifras, no en identificar personas.

—Desde 2006 a 2023, más de 72 mil cuerpos entraron a los servicios forenses del país “en calidad de desconocidos”.

No son cifras: son 72 mil vidas que el Estado dejó de nombrar, 72 mil familias a las que se les negó el derecho básico de enterrar a los suyos.

—La escena es esta:
CEMEFOS llenos de cuerpos sin identificar.
Osteotecas llenas de restos humanos embolsados, apilados, archivados como si fueran papelería vieja.
Peritos rebasados.
Gobiernos felices porque la calculadora política les da menos desaparecidos en el boletín de la mañana.

—El discurso oficial te dice que “se está trabajando con las fiscalías estatales” para ir identificando los cuerpos e ir cruzando los datos con las denuncias de desaparición.
La realidad: México no tiene tecnología suficiente, no tiene personal suficiente, no tiene capital humano ni voluntad política para limpiar el tiradero de cadáveres que lleva acumulando casi dos décadas.

—Entre 2019 y 2023, más de 34 mil 699 cuerpos llegaron a las morgues “sin nombre”, mientras al menos 51 mil 791 personas desaparecían en el país.

Pero la prioridad del nuevo gobierno no es cerrar esa brecha de horror, sino recortar la cifra oficial de desaparecidos: de 130 mil a 43 mil. Como si la tragedia se arreglara con la tecla “Supr”.

—La matemática del horror está documentada desde hace años:
En 2021, ya se hablaba de 52 mil cuerpos sin identificar.
En 2024, ya iban 70 mil.
Para el cierre del sexenio pasado, más de 72 mil cuerpos seguían sin nombre, estacionados en el limbo forense del Estado mexicano.
Cada sexenio hereda cadáveres; el siguiente hereda la tentación de esconderlos en el PowerPoint.

—La pregunta que nadie en Palacio quiere responder:
¿Cómo es posible que haya menos reportes oficiales de desaparecidos que los cuerpos que el propio Estado reconoce como no identificados?
La única forma es ésta: o borras denuncias, o regresas personas mágicamente a la categoría de “no desaparecidas”, o simplemente haces lo que ya hicieron: apachurras el botón de “revisión del padrón” y de un plumazo vuelan casi 86 mil casos.

—Ni Calderón, ni Peña Nieto, ni López Obrador se atrevieron a borrar así, en público, decenas de miles de desapariciones con un ajuste administrativo de madrugada.
Pero el gobierno que llegó diciendo que pondría a las víctimas en el centro inauguró la era del Excel forense: la realidad está en las morgues, pero la narrativa está en la conferencia.

—Mientras tanto, afuera, en el país real:
Madres buscadoras cavando con palas, con picos, con las uñas.
Familias recorriendo morgues donde el piso está lleno de bolsas negras, miembros mezclados, olores imposibles.
Y un Estado que tiene 72 mil cuerpos bajo su resguardo y es incapaz de decirles cómo se llamaban en vida.

—La “vocación embustera” no es un desliz, es un sistema:
Se miente en las cifras de desaparecidos.
Se miente en la capacidad de los forenses.
Se miente cuando se promete identificación masiva sin presupuesto, sin laboratorios, sin personal y sin prisa.
Y se remata mintiendo cuando se presume “depuración del registro” como si fuera un logro de gobierno y no una masacre estadística.

—El país aprendió a convivir con la muerte, dicen.
No: el país fue obligado a convivir con un gobierno que administra cadáveres como inventario sobrante y que trata a los desaparecidos como error contable.
Las morgues rebosan; los discursos, también. Pero de mentira.

Con informacion: LATINUS/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/MILENIO/

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