Parece que la «doctora» en Física perdió la ecuación y se quedó con la anécdota. Ante una pregunta seria sobre quién diablos es la mujer que toma el sol en el balcón de Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió estrenar su versión de “mañanera musical en tono de vecindad”: no aclaró nada, pero sí arrojó un rosario de reproches con tanta dispersión que parecía querer tapar el sol con la pierna ajena.
Su respuesta fue un collage de rencores reciclados: “¿Y qué dicen de los del PRI del 68? ¿Y de Salinas? ¿Y de Zedillo? ¿Y de Fox? ¿Y de Calderón? ¿Y de Peña?” Un repaso enciclopédico de traumas nacionales, pero sin contexto ni solución, apenas un consuelo retórico para el guion victimista que la 4T lleva tatuado en el lenguaje.
La pregunta era simple: ¿quién se asolea en Palacio? Pero la presidenta se lanzó por la tangente y terminó hablando como lideresa de colonia defendiendo el honor colectivo ante el chisme. Si la idea era proyectar seriedad científica, lo que vimos fue más bien una clase de termodinámica emocional: cómo convertir una incómoda pregunta en vapor político para disipar la incomodidad.
Y por si faltaba epílogo, cerró con un “ahí les va”: el PAN ahora elige candidatos por encuesta, y le pareció “bueno”. Tantos años repitiendo que la democracia interna era un invento neoliberal, para terminar halagando lo mismo que juró combatir.
Al final, la “científica presidenta” nos regaló su nueva fórmula:
Despeje político = (Evasión × sarcasmo) / responsabilidad.
La pregunta sigue en el aire, pero la pierna presumiblemente sigue al sol.
Con informacion: EMEEQUIS/

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