Visitanos tambien en:

miércoles, 11 de marzo de 2026

«DIARIO ESPAÑOL CUESTIONA la VERSION de CAPTURA-ABATIMIENTO del MENCHO en MEDIO de un ESCENARIO con DICHOS LLENOS de AGUJEROS»…nadie lo quería ver escupiendo nombres de Generales y Gobernadores.


El General Trevilla nos volvio a vender ayer el operativo de captura fallida pero abatimiento exitoso, como si hubiera sido una cirugía de precisión, pero la narrativa huele más a parte de guerra maquillada que a informe serio: cada vez que intenta explicar por qué no lo capturaron vivo, abre otro agujero en la historia.

El cuento oficial

Según el general, la misión no era matar a El Mencho, sino capturarlo con vida, pero “estaba muriendo nuestra gente” y los soldados “tuvieron que” usar todo el armamento en “apego a la ley”. Es el clásico guion: intención humanista, desenlace letal, y la culpa, por supuesto, recae en el muerto que “hizo fuego” rodeado en el bosque.​

Remata con que “era poco probable” que se entregara porque “llevaba mucho armamento”, como si la sola cantidad de fierros fuera un argumento jurídico para convertir un intento de captura en ejecución sumaria en tiempo real.

Los números que no cuadran

Trevilla detalla tres militares muertos: dos en las cabañas, uno en la persecución en el bosque. A eso suma ocho presuntos integrantes del CJNG abatidos en la primera fase y luego El Mencho y sus dos escoltas muertos por las heridas en el bosque. En resumen: una masacre controlada que, narrativamente, pretende ser un “uso legítimo de la fuerza” casi quirúrgico.

El problema: si ya lo tenían rodeado, ubicado entre la maleza, con fuerzas especiales y helicópteros, ¿de veras todo el aparato del Estado mexicano no logra un protocolo de captura que no acabe inevitablemente en balazos a matar? El relato está hecho para sonar a inevitabilidad, no a rendición de cuentas.

El drama conveniente

En video y entrevistas repite la frase con la voz quebrada: “Se intentó capturar, pero se está muriendo nuestra gente”, mientras reivindica el “derecho” de los soldados a defenderse. El golpe emocional sirve para blindar políticamente el operativo: si cuestionas la ejecución, estás faltándole el respeto a los caídos.

La emotividad no resuelve el agujero central: si la prioridad era la vida de los soldados, ¿por qué montar un operativo de alto riesgo que termina en persecución en zona boscosa, helicóptero impactado y un objetivo que jamás estuvo realmente planteado para llegar vivo a un juzgado? La retórica de “nuestros muchachos” funciona como cortina de humo sobre la absoluta ausencia de autocrítica operativa.

La fachada de legalidad

El general insiste en que todo fue “en apego a la ley”, en aplicación de la Ley Federal de Armas de Fuego, flagrancia, derecho a defenderse. Traducido: disparar primero, investigar después. No hay una sola mención a controles independientes, preservación de la escena, cadena de custodia o protocolos de uso progresivo de la fuerza que no suenen a fórmula vacía.

El guion oficial deja claro que el Estado mexicano prefirió el trofeo del capo muerto y el relato épico de la batalla, antes que el riesgo de tener a El Mencho sentado en un banquillo contando cosas incómodas sobre pactos, omisiones y complicidades. 

Cuando la versión descansa tanto en “era poco probable que se entregara”, lo que en realidad te están diciendo es: nunca estuvo en serio sobre la mesa traerlo vivo.

Con información: BEATRIZ GUILLEN/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tu Comentario es VALIOSO: