“NO les GUSTA,les ENCANTA”: “NARCOMANTA a SHEINBAUM ACUSA GENERAL JEFE de NOVENA ZONA MILITAR de ser ALIADO de los MAYITOS FLACOS en SINALOA”…asi enriquece la pobre inteligencia y la hace mas efectiva a cambio de efectivo.
Un narcomensaje mas en el contexto de la guerra de bandos de la misma banda en Sinaloa,nos deja ver otra vez la misma realidad de siempre,la de militares del ejercito Mexicano coludiendose con el crimen organizado, actuando como resistencias en el combate al narco y combatiendo al crimen cometiendo mas crimenes,lo que termina demorando la victoria y enrareciendo aun mas la violencia, pues con esta conducta es como desatan todo el poder destructor de la facción dolida del Cartel ,que por cierto también se ha servido de ellos.
El mensaje es contundente:
“…Sra. Claudia Sheinbaum Pardo para que la violencia se acabe ocupe poner atención al general de brigada PORFIRIO FUENTES VELEZ actual comandante de la 9a Zona Militar ya que apoya a la facción MAYITO FLACO Y ALEJANDRO CABRERA SARABIA Colaborando con mandarles personal en hummers y camionetas oficiales las cuales circulan junto a las caravanas de sicarios que se ven por el Salado, Quila, Tamarillos y Cosalá, en otras ocasiones ha detenido gente armada en Cosalá a grupos de 20 personas y los dejan en libertad, escondiendo las armas, él hizo acción similar en el pueblo Potrerillos del Norte y la Cruz. Esto demuestra el gran apoyo de la mayoría asegurando carros blindados y equipo táctico a la célula. El general actual al personal ordena detener y no poner nada a disposición a la FGR ni ministerio público ni general. PORFIRIO FUENTES VELEZ
Y es que para nadie ya es un secreto, que desde el inicio de la guerra al narco,cuando el Ejército inauguro el ensangrentadero y abrio las puertas del infierno del que no salimos, ni saldremos, si seguimos haciendo lo mismo esperando resultados distintos de manera ilusa.
Mientras oficialmente combaten al crimen organizado, en la práctica, amplios sectores de las fuerzas armadas incurren en colusión con los propios grupos criminales, perpetuando un ciclo de violencia y corrupción.
Este fenómeno, tristemente recurrente, se traduce en una especie de “resistencia interna” dentro de las instituciones encargadas de garantizar la seguridad. El resultado es una estrategia fallida, donde “mientras unos jalan la carreta, otros la empujan en sentido contrario”. Es decir, mientras algunos elementos cumplen con su deber, otros sabotean los esfuerzos al proteger o colaborar con delincuentes.
La denuncia reciente sobre el General de Brigada Porfirio Fuentes Vélez, comandante de la 9ª Zona Militar en Sinaloa, quien presuntamente brinda apoyo a figuras identificadas del narcotráfico como “El Mayito Flaco” y sus aliados los “Cabrera Sarabia”, ilustra a la perfección este problema estructural. No se trata de casos aislados, sino de una práctica que debilita la confianza ciudadana, obstaculiza la procuración de justicia y, sobre todo, prolonga la violencia.
Cuando las fuerzas armadas, encargadas de restaurar el orden, terminan cometiendo más crímenes o protegiendo intereses criminales, la “guerra contra el narco” se vuelve una simulación. La impunidad y la corrupción al interior de las instituciones no solo impiden la victoria, sino que perpetúan el sufrimiento de la sociedad civil.
La practica corrupta del ejercito no es nueva
En Julio de 2024,en el preambulo del choque de bandos del Cartel de Sinaloa,el muy informado periodista Hector De Mauleon publicaba en El Universal+:
“De acuerdo con fuentes de inteligencia, la cadena de operativos, decomisos y detenciones que se ha registrado en Sinaloa durante los últimos meses proviene de información generada por los propios cárteles…”.
Esta colusión esta fundada en la necesidad de ‘volver rica la pobre inteligencia” del ejercito, que buscando verse efectivos, no dudan en obtener informacion efectiva asi sea a cambio de efectivo.La información privilegiada después se presenta como “inteligencia” para simular resultados y justificar su trabajo y en el caso Sinaloa lo han hecho con las dos facciones, antes,durante y después..
Cuando mandos militares se coluden con una facción del crimen organizado, obtienen acceso privilegiado a información interna sobre los movimientos, estructuras y rivales de ese grupo. Esta información, que debería ser producto de un trabajo de inteligencia legítimo, en realidad proviene de acuerdos y pactos con los propios delincuentes, como acusa en voz alta Estados Unidos.
Así, los mandos presentan resultados y operativos basados en estos datos como si fueran fruto de una labor profesional de inteligencia militar, cuando en realidad sólo están actuando bajo la guía de una de las partes en conflicto. Esto no solo les permite justificar su trabajo ante sus superiores y la opinión pública, sino que también perpetúa la impunidad y el control territorial de la facción con la que están coludidos.
Lejos de combatir al crimen, este tipo de “inteligencia” fabricada refuerza el poder de ciertos grupos, elimina a sus rivales y da la apariencia de resultados en la lucha contra el narcotráfico, cuando en realidad se trata de una simulación que encubre la corrupción y la traición a la ciudadanía a la que también matan por error y “horror”.
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