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lunes, 17 de agosto de 2026

“SI TUVIERA PRINCIPIOS, ese SERÍA su FINAL: SENADORA de MORENA SIN VISA e INDICIADA, NO solo por la SOSPECHA, sino MÁS por la EVIDENCIA”… sigue dando lecciones de moral.


Cuando los principios llegan tarde

La senadora de Morena Olga Sosa ,descubrió que son “tiempos de principios”. Qué oportuno. Porque en la política mexicana los principios suelen aparecer justo cuando hay cámara, micrófono y un público suficientemente paciente para escuchar una lección de moral pronunciada desde la cómoda altura del escaño.

El problema no es hablar de principios; el problema es pretender que la palabra, por sí misma, funcione como detergente institucional. No limpia preguntas, no borra fotografías, no despeja operaciones bajo escrutinio periodístico ni convierte el silencio en rendición de cuentas.

A Olga Sosa no le faltan principios para el discurso: le sobran consignas. Lo que escasea es una explicación pública, documentada y verificable ante los múltiples y reiterados señalamientos que han colocado bajo la lupa operaciones financieras atribuidas a integrantes de su familia, realizadas en un contexto electoral particularmente sensible. La senadora ha negado vínculos personales con tales cuentas y operaciones; pero negar no equivale a esclarecer. 

La moral de utilería

La doble moral ha sido un clásico de la política. La triple es una especialidad. Pero hay quienes aspiran a la cuarta: condenar la corrupción ajena, minimizar la propia cercanía con cuestionamientos incómodos, reclamar linchamiento mediático y, después, salir a pontificar sobre patria,soberania ética y principios para enmascarar las conductas criminales. 

Es una moral de utilería: impecable para la fotografía, frágil en cuanto llegan las preguntas.

Si la senadora considera falsos los señalamientos, tiene una oportunidad elemental de desmontarlos: exhibir de manera completa la documentación pertinente, explicar el origen y destino de los recursos cuestionados, aclarar las coincidencias temporales y pedir que las autoridades competentes investiguen hasta el último dato. Todo lo demás —la indignación selectiva, la evasiva retórica y el ataque al mensajero— es apenas una rueda de prensa con barniz de virtud.

Porque quien exige confianza pública no puede conformarse con pedir fe. La confianza no se decreta desde una tribuna; se construye con pruebas.

Patria no es coartada

Decir “defender a la patria” mientras se evita responder con precisión a cuestionamientos de interés público es una contradicción que ni el mejor equipo de comunicación debería intentar maquillar. La patria no es una frase para el templete mañanero, ni una bandera de campaña: también es transparencia, congruencia y la obligación de dar la cara cuando el poder y el dinero aparecen en la misma oración.

La prensa ha difundido alegaciones sobre múltiples movimientos de 1.5 millones de dólares atribuidos a familiares de la senadora, canalizados mediante Vector Casa de Bolsa en fechas próximas a la elección de Tamaulipas de 2022. Afirmaciones que no son una determinación judicial de responsabilidad y precisamente por ello requieren una respuesta verificable y una investigación imparcial, no una colección de consignas. 

La pregunta no es si Olga Sosa puede hablar de principios. Cualquiera puede hacerlo. La pregunta es si está dispuesta a someter sus principios a la prueba que distingue la convicción de la propaganda: transparencia total, documentos sobre la mesa y cero privilegios frente al escrutinio.

El verdadero final

Tal vez la senadora tiene razón: son tiempos de principios.

Entonces que empiecen por casa.

Porque si los principios fueran realmente su criterio rector —y no un accesorio discursivo de ocasión—, el final de esta historia no sería otra arenga patriótica. Sería una comparecencia seria, una explicación completa ante la Unidad de Inteligencia Financiera y una exigencia de investigación, sin blindajes, ante la Fiscalía General de la República.

La senadora Olga Sosa debería ser investigada conforme a los señalamientos, los cuales también alcanzan a quien ha operado en su favor la movilización de la estructura electoral en Reynosa: Mario Guitián, alias “La Chispa”, señalado como lugarteniente del Cártel del Golfo. Un personaje cercano al gobernador Américo Villarreal; tan cercano como para abrazarlo, sonreírle, apapacharlo y entregarle Reynosa como si fuera su cajero automático.

En política, la congruencia no se aplaude: se demuestra. Y cuando una figura pública no puede o no quiere demostrarla, no está defendiendo principios. Está defendiendo su narrativa.

Con información: OPINION PUBLICA/

“TOPÓN DIGITAL: ATAQUES a GILDO GARZA EXHIBE CONDUCTAS CRIMINALES como REQUISITO en la FISCALÍA y el GOBIERNO de AMÉRICO”…puro egresado de penales estatales y federales.


La “guerrita” ya no parece guerra sucia: parece un concurso institucional de expedientes incómodos, campañas de WhatsApp y silencios con plaza presupuestal. Gildo Garza acusa que, tras exhibir a Iván Moyle —director de Comunicación Social de la Fiscalía tamaulipeca—, le montaron una ofensiva coordinada con el mismo molde, los mismos mensajes y los mismos operadores de guardia permanente.

Y es que, en Tamaulipas, la Fiscalía de Justicia y el mismo gobierno,parecen haber convertido el currículum manchado —e incluso haber estado preso en penales estatales y/o federales— en un requisito no escrito para formar parte del gabinete de Américo Villarreal, que tampoco canta mal las rancheras. 

Aunque,entre más preguntas acumule un funcionario, más rápido aparece una brigada digital para defenderlo, atacar al crítico y fingir que el problema es quien pregunta.

Así trae Gildo Garza la “guerrita” en redes y grupos de WhatsApp: una ofensiva de copia y pega, con la misma narrativa, el mismo formato y los mismos operadores de manos pintadas trabajando 24/7 para embarrar al periodista que se atrevió a ponerle nombre y apellido al vocero de la Fiscalía General de Justicia del Estado, Rodrigo Iván Moyle Santamaría.

Garza plantea algo elemental, pero al parecer escandaloso para la maquinaria de comunicación oficial: él no es funcionario, no administra presupuesto, no decide nombramientos y no cobra del erario para cuidar reputaciones ajenas. Por eso cuestiona que, para responder a señalamientos sobre un servidor público, la estrategia sea ventilar a particulares, atacar familiares y fabricar propaganda que puede comprometer incluso la tranquilidad jurídica de quienes la difunden.

El eje del reclamo no es menor. Garza exige al fiscal general, Jesús Eduardo Govea Orozco, bajo el gobierno de MORENA y Americo Villarreal, que explique por qué Iván Moyle sigue operando desde Comunicación Social si —según el periodista— está vinculado a proceso por un delito doloso de carácter sexual relacionado con menores. 

La exigencia no es que el fiscal litigue el caso desde Facebook ni que dicte una sentencia en una conferencia: es que informe qué revisión institucional existe, qué medidas cautelares o administrativas se han tomado y por qué un funcionario con ese señalamiento permanece en una posición desde la que se controla la narrativa pública de la procuración de justicia.

La pregunta que deja Garza es brutalmente simple: ¿qué sabe Iván Moyle para que lo protejan tanto?

Y la pregunta crece porque la Fiscalía no llega limpia al debate. Jesús Eduardo Govea Orozco asumió como fiscal de Tamaulipas tras ser designado por el Congreso, con un mandato de siete años. 

Sin embargo, reportes periodísticos retomados por N+ NOTICIAS de Televisa, señalan que enfrenta desde hace más de dos décadas acusaciones ligadas a la delincuencia organizada, derivadas del caso de la sustitución de Rogelio González Pizaña, “El Kelín” o “Z2”, un criminal de altos vuelos detenido en 2001. 

De acuerdo con esa versión, Govea fue detenido junto con otros agentes y un juez federal le dictó formal prisión en febrero de 2002 por delitos relacionados con delincuencia organizada y contra la salud; posteriormente recuperó la libertad bajo reserva de ley, una figura que no equivale por sí misma a una absolución. Govea ha desestimado públicamente estos señalamientos como “información sesgada”, aunque los hechos adviertan que el sesgado es el mismísimo fiscal.

Es decir: al frente de la institución encargada de perseguir delitos hay un fiscal sobre el que pesan cuestionamientos públicos de vieja data; en Comunicación Social, un funcionario que, según Garza, debe explicar su continuidad ante un proceso penal delicado; y alrededor de ambos, una tropa digital aparentemente más ocupada en desacreditar al mensajero que en responder el mensaje.

Garza también responde a una acusación lanzada desde esa campaña: niega haber sido despedido de Multimedios por “rata” y reta a quienes impulsan la ofensiva a abrir el cajón de los antecedentes, pero completo. No sólo el expediente conveniente, no sólo el recorte diseñado para WhatsApp, no sólo la fotografía editada y el infográfico elaborado con IA, con música de tribunal popular. Si se va a hablar de trayectorias, sostiene, que cada quien explique la propia.

Porque no se trata de convertir una denuncia en linchamiento ni de sustituir a los jueces con diseñadores de memes. Se trata de exigir estándares mínimos a una Fiscalía: transparencia, respuestas verificables y criterios claros para conservar o remover a un funcionario bajo cuestionamiento. La institución que debe procurar justicia no puede comportarse como una oficina de guerra digital dedicada a blindar a los suyos y castigar a quien los exhibe.

En resumen: si para entrar a la conversación pública de la Fiscalía hay que llegar con un expediente bajo el brazo, al menos que no pretendan que el único pecado sea hacer preguntas.

Con información: Gildo Garza/Redes

"COMBATE al CRIMEN con MAS CRIMEN: 400 NIÑOS PROTESTAN en SINALOA por la DETENCIÓN de ENTRENADORES de FÚTBOL…son un bandon de la federal y vieja judicial Federal con todas su mañas.


“Hola profe, le andamos esperando en la cancha para que puedas volver a entrenarnos cómo lo hacías antes, todos lo extrañamos, todos sabemos que usted es inocente”. “Hola profe, sé que estás pasando por unos días difíciles, lo he extrañado mucho, le pido a Dios que pronto regrese, yo quiero jugar y que esté usted con nosotros porque ahora sí ganaremos profe”. “Hola profe, quiero que sepa que aquí lo esperamos con los brazos abiertos y que no se tome este problema muy estresante, aquí afuera, con nosotros o con su familia, le espera algo mejor. Lo queremos y lo quiero mucho. Atentamente, Mateo”. Son las cartas de tres niños —Dámaso, Chinito y Mateo— a Dagoberto Tejada, entrenador de fútbol detenido en marzo en Mazatlán (Sinaloa) junto al también monitor Cuauhtémoc Peña. Ambos hombres, de 31 y 36 años, fueron arrestados por patrullas de la Secretaría de Seguridad federal en lo que sus familias han calificado de una detención arbitraria. Más de 400 niños, alumnos de sus escuelas de fútbol, protestan ahora por su arresto.

Antes de la medianoche del 29 de marzo, Tejada y Peña recibieron un alto por parte de hombres vestidos de civil que habían salido de una camioneta color blanco, sin logotipos. 

Los dos entrenadores se bajaron. Minutos después se acercaron otras patrullas de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, a quienes en Sinaloa los conocen como “los Harfuch”. “En una primera instancia me dijeron que los habían levantado, porque lo primero que vieron fue una camioneta blanca, algo que llama mucho la atención y más por toda la ola de violencia que hemos vivido aquí en Sinaloa. Algo tristemente muy recurrente”, contó Leslie, esposa de Dagoberto Tejada, quien pelea por sacarlo de prisión: “Fue una revisión de 38 minutos y se los llevan arrestados sin decirles por qué. Ellos no sabían de qué los estaban acusando hasta que después de muchísimas horas nosotros pudimos entrar a decirles”.

El parte policial recoge las 23.12 como la hora de detención. Los agentes los arrestaron por presuntamente haber encontrado droga y cartuchos. Los policían afirman haber visto desde lejos cómo los echaban a los asientos traseros del coche. No hay evidencia de esos hechos, solo los dichos que constan en la carpeta de investigación con número FED/FEMDO/FEIDMS-SIN/0000402/2026. 

En esa misma carpeta no hay fotografías de la droga dentro del vehículo, tampoco de los cartuchos. Lo que sí hay es el reconocimiento de que un agente se subió al automóvil Hyundai en el que viajaban Dagoberto y Cuauhtémoc.

El Estado está envuelto desde hace casi dos años en una pelea salvaje entre las dos facciones del Cartel de Sinaloa, que ha dejado ya más de 2.800 personas asesinadas y 1.700 desaparecidas, según las cifras oficiales, en la que es ya la crisis de seguridad más grave del Gobierno de Claudia Sheinbaum y de su zar de Seguridad, Omar García Harfuch. 

La detención

El arresto de Tejada y Peña fue mientras se desarrollaba un operativo en el fraccionamiento Cibeles, donde había un cateo por la Secretaría de Marina, y ello se llevó al expediente de casi 700 páginas. Los agentes afirman que los marinos reportaron un vehículo sospechoso haciendo rondines, pero a la fecha no existe un documento oficial que sustente ese dicho.

“No hay nada en C4 y tampoco reportes oficiales de la Secretaría de Marina”, afirmó Leslie, quien al mismo tiempo señalaba que durante ese operativo hubo periodistas haciendo transmisiones en vivo, con imágenes panorámicas que para lo que han servido es para desacreditar la versión de los agentes.

Dagoberto y Cuauhtémoc estaban juntos esa noche porque convivían entre amigos que comparten la ciudad, el trabajo y la fisión. Dagoberto es maestro en primarias y preescolares, y es estudiante de doctorado; hace una década fundó la academia Dragones, donde entrena a unos 200 niños. Cuauhtémoc trabajó en fuerzas básicas del extinto equipo de Primera División Mazatlán FC y luego creó la academia Muralla, también con 200 niños en sus filas. Las academias de futbol han adoptado la frase #ProfeYoCreoEnTi, una campaña permanente que sostiene la esperanza contra una detención que consideran arbitraria.

“Por lo que ha ocurrido, soy yo quien se encarga ahora de la academia de futbol de mi esposo. Por lo que pasó se fueron algunos niños, pero han entrado muchos más. Todos creemos en que lo que se hizo está mal”, dijo Leslie, quien está encargada de maternar a su bebé de siete meses, trabajar como oficinista, hacer de investigadora y administrar la escuelita de futbol. La mujer contó que desde la detención no se ha hecho una acusación formal, que incluso el Ministerio Público Federal no cuenta con las pruebas suficientes para poder enjuiciar a los profesores de futbol.

A ambos hombres los llevaron al Centro Federal de Readaptación Social Número 8, en Guasave, desde donde se comunican por teléfono en llamadas breves. Es así que Leslie y los abogados que le acompañan se han enterado que agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana los visitan constantemente para preguntarles sobre aquella noche.

“Van a preguntarles qué pasó para ver si llegan a caer en alguna contradicción. Pero si las 100 veces que los han ido a ver, las 100 veces la misma versión. No hay manera de que ellos cambien una versión porque no hay nada fuera de la realidad”, aseguró. La esperanza ahora corre sobre que los agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se rindan por no contar con pruebas suficientes, que el Ministerio Público Federal se desista ante el juez y que Dagoberto y Cuauhtémoc vuelvan a casa.

“Hola Mateo. Primero quiero darte las gracias por escribirme y por creer en mí, en tu profe de futbol desde bien pequeño. Hijo, quiero que sepas que estoy tranquilo porque quiero que sepas que pronto voy a tener mi libertad y así podré estar con ustedes de regreso en las canchas, primero Dios así será”, escribió Dagoberto desde la prisión en Guasave, a la espera de que este año se resuelva su caso.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ MARCOS VIZCARRA

CON “TANATES ESCORPIONES”: VIDEO EXHIBE la VALENTÍA de TRÁNSITO MATAMOROS, donde BETO GRANADOS dejó ABIERTA la PUERTA para que ENTRARA el CÁRTEL del GOLFO… operan como sistema de alerta temprana.


El video no prueba por sí solo que la detención haya sido legal o que haya existido un delito; sí exhibe, en cambio, una escena que obliga a separar tres planos que suelen revolverse a conveniencia: la infracción vial, la detención administrativa y la eventual responsabilidad penal. Y, sobre todo, obliga a recordar que ni una credencial de Fiscalía ni la nacionalidad estadounidense son salvoconductos frente a un alcoholímetro con patrocinio del Cartel del Golfo.

En Matamoros, el alcoholímetro no debe ser una aduana de privilegios

El altercado registrado en Redes en un retén de alcoholemia en Matamoros, no se entiende con la versión cómodamente binaria de redes: ni el conductor queda absuelto porque diga ser ciudadano estadounidense o porque invoque a un primo en la Fiscalía, ni Tránsito adquiere una licencia ilimitada para detener, exhibir y castigar a quien le resulte incómodo.

La escena es mucho más seria que el espectáculo de un hombre aparentemente alcoholizado que intenta presumir una “charola ajena”, mientras agentes de Tránsito le responden que “no hay atención para nadie”. Una versión difícil de sostener en una ciudad gobernada bajo la influencia de la facción de «Escorpiones» del Cártel del Golfo, señalada de haber no solo impulsado, sino literalmente sentado en la silla del gobierno municipal de Morena, a Alberto “Beto” Granados.

Vámonos por parte

Si el ciudadano presume vínculos institucionales, llama a un familiar que identifica como servidor de la Fiscalía y recibe una respuesta que, al menos en el discurso, debería ser la norma: ninguna relación personal sustituye la ley.

Pero en Matamoros esa frase no puede celebrarse sin reservas. Porque el problema no es sólo si un conductor quiso pasar por encima del retén; el problema es si el retén, la patrulla, el mando y toda la cadena de mando están por encima de las mismas preguntas que se le formulan al ciudadano.

La legalidad no se acredita con uniforme, torreta, video editado ni publicaciones triunfalistas. Se acredita con procedimiento.

Lo que Tránsito sí puede hacer

El Reglamento de Seguridad Vial y Tránsito Municipal de Matamoros reconoce a la Dirección de Tránsito, a sus agentes y al personal autorizado como autoridades competentes en la materia. También prohíbe expresamente conducir en estado de ebriedad o bajo el influjo de sustancias y sanciona ofender, insultar o denigrar a agentes durante el servicio. 

La Ley de Tránsito de Tamaulipas, vigente con reformas publicadas hasta julio de 2025, prohíbe conducir en estado de ineptitud, ebriedad, evidente ebriedad o bajo el influjo de estupefacientes. Considera “ineptitud para conducir” una concentración superior a 0.4 miligramos de alcohol por litro de aire espirado; contempla además aseguramiento del vehículo, multa, suspensión de licencia y, para supuestos de ebriedad o evidente ebriedad, arresto administrativo. 

Por tanto, si el conductor:

  • Fue sometido a una prueba válida de alcoholemia.
  • Arrojó un resultado que encuadra en los parámetros legales o reglamentarios aplicables.
  • Condujo el vehículo en esas condiciones.
  • O incurrió en una infracción flagrante adicional, como resistencia o agresión acreditable.

Tránsito podía levantar la infracción, impedir que siguiera al volante y remitir el vehículo al depósito. En ciertos supuestos administrativos podía también ponerlo a disposición de la autoridad calificadora para el arresto que corresponda, no porque los agentes tengan facultad de encarcelar a capricho, sino porque la legislación prevé consecuencias administrativas específicas. 

Que el ciudadano sea estadounidense no cambia la regla. La Ley estatal permite la circulación de vehículos extranjeros bajo los requisitos migratorios, aduanales y de tránsito aplicables; no crea inmunidad para quien conduce en México. 

Y una “charola” —auténtica, prestada, presumida o inventada— tampoco deroga una infracción. La función pública no es patrimonio de quien tiene un primo, una amistad o un número telefónico en una fiscalía.

Lo que Tránsito no puede hacer

Aquí está el límite que el video y la propaganda oficial no deben borrar: el agente no puede detener vehículos porque sí. El artículo 8 del reglamento municipal es claro: los agentes sólo pueden detener la marcha cuando el conductor viole de manera flagrante una disposición; la mera revisión de documentos no basta para detener un vehículo. 

Un punto de alcoholimetría puede ser compatible con la finalidad de seguridad vial, pero no se convierte por ello en zona sin derechos. Para sostener la legalidad del operativo deben poder identificarse, como mínimo:

  • La orden, programa o disposición que habilita el operativo.
  • Los agentes y personal autorizado que participan.
  • El equipo empleado para la medición y su condición operativa.
  • El resultado de la prueba, con hora, folio y registro.
  • La boleta de infracción y la causa concreta de la remisión.
  • La autoridad a la que se entrega al conductor y el fundamento de la retención.
  • El inventario y cadena de custodia administrativa del vehículo, si fue llevado al corralón.

La diferencia no es cosmética. “Estaba tomado” es una afirmación. Un resultado trazable, un procedimiento documentado y una boleta impugnable son evidencia.

Tampoco basta con que alguien insulte a un agente para transformar automáticamente una falta administrativa en delito. El Reglamento municipal prohíbe los insultos al personal de Tránsito, lo cual puede justificar una infracción administrativa. Pero para hablar de amenazas, lesiones, resistencia, daño o cualquier delito, deben existir hechos específicos, elementos objetivos y una puesta a disposición ante la Fiscalía, no una condena de banqueta ni una narrativa escrita para redes. 

En sentido inverso, que un conductor grite, sea imprudente o trate de “recomendarse” tampoco autoriza uso excesivo de la fuerza, incomunicación, humillación pública ni prolongar una retención fuera de los tiempos y competencias legales. La autoridad que exige respeto debe empezar por respetar el debido proceso.

El verdadero escándalo

La parte más incómoda del episodio no es la “charola” que no funcionó. Es el entorno institucional en que ocurre.

Los señalamientos periodísticos graves sobre los vínculos entre estructuras criminales, patrullas , mandos de Tránsito y el alcalde de Matamoros. 

Y aunque estas publicaciones no equivalen a una sentencia judicial, ni lo pretenden, son indicios suficientes para presumir la pertenencia criminal del aparato municipal cuyo partido evita las indagaciones.

Los señalamientos que deberían investigarse permanecen intocados por las autoridades estatales, federales y militares.

La notitia criminis (o noticia criminal) es el conocimiento que tiene una autoridad, como la policía o la fiscalía, sobre un hecho que puede ser un delito y es el punto de partida legal para abrir una investigación penal.

Despachar como simples chismes las imputaciones, cuando involucran vehículos oficiales, mandos encargados de la vigilancia vial y un territorio marcado por la operación del crimen organizado, sería irresponsable. Si existen indicios de que esa estructura criminal ha financiado patrullas para infiltrar el aparato de Tránsito y favorecer sistemas de vigilancia criminal —los llamados “halcones”—, el asunto deja de ser un problema vial: sería la posible captura criminal de una función pública.

Y allí la pregunta ya no es por qué un conductor creyó que podía hablarle a su primo. La pregunta es quién autorizó, recibió, registró, asignó, aseguró y supervisó cada patrulla. Quién controla radios, bitácoras, combustible, turnos, rutas, cámaras corporales, corralones y remisiones. Quién nombró a los mandos y bajo qué controles de confianza. Y, principalmente, qué autoridad federal, estatal o municipal ha abierto una investigación formal, con números de carpeta y resultados públicos.

Una patrulla no se limpia porque lleve logotipos municipales. Su origen, financiamiento, incorporación al inventario y uso operativo tienen que ser auditables. Si fue obsequio de un particular, debe haber actas de donación, avalúos, autorización de Cabildo cuando corresponda, alta patrimonial, justificación de utilidad pública y trazabilidad financiera. 

Si no existen, no hablamos de generosidad: hablamos de opacidad. Y donde hay opacidad en materia de seguridad, el crimen organizado suele entrar por la puerta que la burocracia dejó sin llave.

No hay fuero de banqueta

La frase correcta no es “no hay atención para Fiscalía, Estado o municipio”, pronunciada como bravuconería burocrática con tanates «Escorpiones». La frase correcta sería: no hay privilegios, pero sí hay derechos; no hay recomendaciones, pero sí hay controles; no hay impunidad para el ciudadano, pero tampoco para el agente.

El conductor debió enfrentar el alcoholímetro y sus consecuencias si el examen, la retención y la remisión fueron legales. El agente debió actuar con profesionalismo, fundamentar cada intervención y preservar evidencia. El mando de Tránsito debe rendir cuentas sobre su designación, sus controles y el origen de sus unidades. Y el Ayuntamiento no puede usar un arresto mediático para dar por resuelta una crisis de integridad institucional.

Porque en un Matamoros donde las sospechas sobre infiltración criminal alcanzan a la seguridad pública y antes al alcalde, el verdadero alcoholímetro no mide sólo al ciudadano. Mide a la autoridad. Y la autoridad, hasta ahora, también tiene que soplar.

Con información: @Proyecto22/