Visitanos tambien en:

viernes, 14 de agosto de 2026

“SHEINBAUM ACUSA a EE.UU. de INJERENCISTA TRAS el RETIRO de la VISA al HIJO de AMLO”…la sumisión parece ser su misión como encargada del despacho.


Tras el retiro de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, la Presidenta Claudia Sheinbaum acusó que esa medida tiene un propósito político y busca interferir en los asuntos de México.

La Mandataria afirmó que las sanciones contra personas políticamente expuestas no responden a un criterio parejo en los países de América Latina ni están sustentadas en pruebas.

«Son búsquedas de interferir, de haber injerencia en la política mexicana y no debe ser así. Debe haber una relación de respeto mutuo».

Pero la acusación de “injerencia” que hace la Presidenta no se sostiene: Estados Unidos no está eligiendo autoridades mexicanas, dictando sentencias ni modificando leyes nacionales. Está decidiendo —como cualquier Estado soberano— a quién admite en su propio territorio.

Qué curiosa manera de entender la soberanía: cuando México decide quién entra a su territorio, se llama control migratorio; cuando Estados Unidos cancela una visa, entonces resulta que es una conspiración imperial para alterar la política mexicana.

No.Retirar una visa no es un golpe de Estado, ni una invasión, ni una urna intervenida desde Washington. Es una decisión administrativa de Estados Unidos sobre el acceso a Estados Unidos. La visa no es un derecho adquirido por el portador, mucho menos una credencial hereditaria que incluya inmunidad por apellido, parentesco o cercanía con el poder.

Claudia Sheinbaum dice que la medida contra Andrés Manuel López Beltrán tendría un “sentido político” y constituiría una interferencia. Pero conviene aterrizar el concepto: injerencia sería que un gobierno extranjero pretendiera ordenar a México a quién investigar, a quién postular, qué leyes aprobar o qué decisiones tomar en Palacio Nacional. Negar el ingreso a su propio país, en cambio, es ejercer una facultad soberana. Exactamente la misma que México invoca cuando rechaza el ingreso de personas extranjeras.

La exigencia de que Washington presente pruebas ante la Fiscalía General de la República también confunde dos asuntos distintos. Si Estados Unidos acusa formalmente a alguien de un delito cometido en México, claro que debe aportar elementos y seguir los canales de cooperación judicial correspondientes. Pero una visa no equivale a una condena penal. Para retirar un permiso de entrada no hace falta organizar un juicio público en México, pedir permiso a Morena ni entregar un expediente a modo para el aplauso de la conferencia mañanera.

Y ahí está el fondo del berrinche: no incomoda la supuesta violación a la soberanía; incomoda que el filtro haya tocado a alguien del círculo familiar y político del expresidente. Porque cuando el poder habla de “pruebas”, suele exigirlas con un estándar olímpico para los suyos y tratarlas como un detalle prescindible cuando se trata de señalar adversarios.

Que Estados Unidos decida quién cruza su frontera no determina quién gobierna México. Lo decide el electorado mexicano. Pretender que la cancelación de una visa es una agresión contra la democracia nacional es inflar un trámite migratorio hasta convertirlo en melodrama patriótico.

La soberanía no consiste en exigir que otro país entregue visas por simpatía política. Consiste en que México haga valer sus instituciones, investigue cuando corresponda y deje de confundir los privilegios de una élite con los derechos de la República.

Con información: ELNORTE/

“ESCUCHENLA… SI NO TIENEN NADA QUE HACER: ENTREVISTA con FISCAL ANTICORRUPCIÓN de AMÉRICO se TIRA a MATAR Vs. CABEZA de VACA”…tiene de autónomo lo que un becerro tiene de notario.


La entrevista de “Datos Duros”,que debería ser datos incompletos, no es una rendición de cuentas: es una pieza de combate político con barniz jurídico. Andrés Norberto García Repper Favila —fiscal anticorrupción de Tamaulipas— usa las limitaciones de su cargo para no precisar expedientes, pero no para dejar de sugerir culpabilidades, desacreditar a adversarios contra quienes no han podido proceder en casi cuatro años y respaldar el relato del gobierno morenista de Américo Villarreal, también multiacusado; no sólo bajo sospecha, sino frente a evidencia que amerita esclarecimiento.

Una fiscalía que dice no hacer política

Repper,quien sucedió en el cargo a Jesus Eduardo Govea, un curriculum manchado por proteger al Cartel del Golfo repite que no puede prejuzgar a Francisco García Cabeza de Vaca y que toda persona es inocente hasta que una sentencia diga lo contrario. 

Bien. Pero durante más de una hora despliega el repertorio contrario: lo llama “prófugo”, habla de sus presuntos bienes, de prestanombres, de lavado, de fuga, de protección judicial y legislativa, y hasta sugiere dudas sobre su lealtad nacional por su ciudadanía estadounidense.

Ese es el truco retórico central: no imputar formalmente, pero sí instalar la condena mediática.

El fiscal afirma que no obedece a Claudia Sheinbaum, a Américo Villarreal ni al fiscal general de Tamaulipas. Jurídicamente, puede tener razón respecto de la autonomía formal de su cargo. Pero su autonomía declarada se diluye en una conversación donde celebra a Morena, justifica la reforma judicial, denuesta a los anteriores jueces y ministros, acusa al INE de operar como una “burocracia dorada” y presenta la llegada de la llamada 4T como la superación de un régimen entero de impunidad.

No habla un fiscal que se limita a explicar su actuación institucional. Habla un operador político-jurídico que presume tener una misión histórica.

El expediente que nunca aparece

La entrevista gira alrededor de una promesa: Cabeza de Vaca será extraditado, o al menos debería serlo. Pero, cuando llega la hora de explicar qué sostiene exactamente esa solicitud, el fiscal se refugia en la reserva de las investigaciones.

Dice que existen órdenes de aprehensión, solicitudes de extradición federales y estatales, operaciones patrimoniales sospechosas, compras y ventas de inmuebles a sobreprecio, posibles desvíos y redes financieras complejas. Sin embargo, no ofrece:

  • El delito específico por el que Tamaulipas solicita la extradición.
  • La fecha de la orden de aprehensión estatal.
  • El órgano judicial que la libró.
  • El estado procesal de la solicitud.
  • Los documentos remitidos a Estados Unidos.
  • Las razones jurídicas concretas por las que Washington ha pedido información adicional.
  • La diferencia entre la causa federal y las causas estatales.
  • Un plazo realista, o siquiera aproximado, para una resolución.

La audiencia recibe mucha épica y poca trazabilidad. Se pide creer en una investigación “sólida” cuyos elementos sustantivos siguen bajo llave.

Que una fiscalía reserve información no es irregular por sí mismo; al contrario, puede ser obligatorio. Lo cuestionable es convertir esa reserva en licencia para sostener públicamente una narrativa incriminatoria sin exhibir el soporte mínimo que permita evaluar su consistencia.

“Prófugo” no equivale a culpable

Repper acierta en una precisión: una persona con orden de aprehensión que no comparece puede ser considerada prófuga, y esa condición no equivale automáticamente a ser culpable. Es una diferencia esencial que el propio entrevistado intenta conservar.

Pero inmediatamente se rompe el equilibrio. El conductor habla de Cabeza de Vaca como “delincuente” y “traidor a la patria”; el fiscal no corrige esa imputación. En cambio, amplía el marco discursivo sobre corrupción, impunidad, doble nacionalidad, protección judicial y vida ostentosa en Estados Unidos.

Un fiscal no tiene que defender mediáticamente a un investigado. Pero tampoco debería permitir que una entrevista se convierta en una sentencia de micrófono mientras invoca la presunción de inocencia como simple cláusula de estilo.

La pregunta que queda en el aire no es si Cabeza de Vaca debe enfrentar los procesos que existan: por supuesto que debe hacerlo,igual que el gobernador con licencia de Sinaloa,Ruben Rocha Moya e incluso Americo Villarreal. 

La pregunta es si la Fiscalía Anticorrupción puede sostener sus acusaciones ante un juez, con pruebas verificables y garantías de debido proceso, no sólo con frases de indignación pública.

La doble nacionalidad como cortina política

Uno de los pasajes más estridentes es el ataque a la doble nacionalidad. Repper sostiene que alguien con ciudadanía estadounidense no debería poder aspirar a “nada” en México, o que debería probar diplomáticamente una renuncia efectiva a la nacionalidad extranjera.

La postura puede discutirse políticamente, pero el fiscal mezcla varios planos:

TemaLo que sostiene RepperEl problema
Doble nacionalidadDebe impedirse competir por cargos públicosEs una propuesta política, no una prueba de corrupción
Ciudadanía estadounidensePermitiría “protegerse” o evadir a la justiciaLa extradición depende de tratados, causas penales y pruebas, no sólo de ciudadanía
Lealtad nacionalSugiere que un funcionario binacional pudo servir intereses extranjerosInsinúa una conducta grave sin presentar evidencia
Certificado de nacionalidadLo considera posible “fraude a la ley”Tal acusación exigiría análisis documental y resolución competente

La nacionalidad no sustituye al expediente. Si hubo falsedad ante autoridades mexicanas, simulación, fraude procesal o incumplimiento de requisitos constitucionales, corresponde acreditarlo con actos, documentos y procedimientos concretos. Convertir la ciudadanía en una presunción de deslealtad es jurídicamente endeble y políticamente rentable.

El relato: todos los anteriores eran corruptos

La entrevista desarrolla una tesis cómoda para el oficialismo: el viejo Poder Judicial protegía a políticos corruptos; la nueva Corte es democrática, popular y eficaz; el INE sigue capturado por una burocracia heredada; y las fiscalías actuales, aunque lentas, están limpiando los escombros.

El problema es que este relato absolutista no se sostiene sólo con entusiasmo.

Repper asegura que la nueva Suprema Corte ha emitido “mil novecientas resoluciones” en diez meses y la presenta como una Corte que “está haciendo historia de pe a pa”. Pero no desglosa cuáles son las resoluciones emblemáticas, qué criterios cambiaron, cuáles mejoraron la tutela judicial o qué indicadores permiten afirmar que hoy se resuelve “conforme a derecho” más que antes.

El método se repite:

  • De los jueces anteriores se habla como red de favores, protección y complicidad.
  • De los actuales se habla como expresión ciudadana, valiente y democrática.
  • Del INE se habla como un aparato burocrático ajeno al pueblo.
  • Del gobierno de la transformación se habla como un proceso que reconoce errores, aunque casi todos los errores recaen en las instituciones heredadas.

No hay matiz. Hay bando.

La incongruencia de la autonomía

Repper presume distancia institucional: no asiste a ceremonias gubernamentales, no participa en honores a la bandera y dice que no le responde al gobernador. Es un gesto cínico e hipócritamente adecuado, buscando no dar una imagen de subordinación.

Pero esa distancia convive con definiciones políticas abiertas:

  • Dice que fue “férreo defensor” de la reforma judicial.
  • Reivindica su paso como representante de Morena.
  • Celebra la llegada de ministros electos como una democratización.
  • Acusa a juzgadores previos de intentar “golpes de Estado”.
  • Vincula a opositores, medios críticos, académicos y órganos electorales con una misma arquitectura de protección política.

Puede tener opiniones personales; las tiene cualquier funcionario. El problema comienza cuando esas opiniones coinciden de manera tan exacta con la línea política del gobierno que debe vigilar, investigar y eventualmente acusar.

La autonomía no se acredita sólo evitando una foto con el gobernador. También se acredita investigando con la misma energía a los funcionarios actuales que a los del sexenio anterior, incluida la esposa de Americo Villarreal involucrada en actos de extorsion.

Pero ademas publicando estadísticas, informando resultados judicializados, transparentando criterios de priorización y aceptando escrutinio externo.

Los desvíos del conductor

Ricardo Sevilla Ferín tampoco entrevista: arenga. Presenta como hechos conclusiones que todavía requerirían sentencia, describe a Cabeza de Vaca como corrupto y traidor, y coloca a su invitado en el cómodo papel de fiscal virtuoso asediado por las inercias del antiguo régimen.

Las preguntas que faltaron son las que importan:

  • ¿Cuántas carpetas de investigación tiene activas la Fiscalía Anticorrupción?
  • ¿Cuántas involucran a funcionarios del actual gobierno de Américo Villarreal?
  • ¿Cuántas han sido judicializadas?
  • ¿Cuántas han terminado en vinculación a proceso, sentencia absolutoria o condenatoria?
  • ¿Qué presupuesto tiene la Fiscalía y cómo se compara con administraciones previas?
  • ¿Qué controles evitan filtraciones selectivas o uso político de carpetas?
  • ¿Cuál es el delito preciso en la solicitud estatal de extradición?
  • ¿Qué autoridad estadounidense lleva el procedimiento y en qué etapa se encuentra?
  • ¿Qué ocurriría si Estados Unidos niega la extradición?
  • ¿Qué investigaciones se han abierto sobre actos de corrupción cometidos bajo el actual gobierno estatal?

Sin esas preguntas, la conversación no fiscaliza al fiscal. Lo promociona.

Lo esencial

Cabeza de Vaca, por supuesto, debe comparecer ante la justicia mexicana si existen órdenes vigentes y solicitudes de extradición debidamente sustentadas. Eso no es persecución política, sino el funcionamiento mínimo de un Estado de derecho. Aunque, tratándose de un aparato de justicia acostumbrado a armar pliegos consignatorios con las patas, la probabilidad de que acabe allanando el camino hacia prisión es mayúscula.

Muy seguramente, con mayor suerte que el actual fiscal de Justicia de Américo Villarreal, quien sí permaneció siete meses recluido en un penal de alta seguridad; hoy, de alta docilidad, donde aún manda quien le echó la mano.

Pero también debe exigirse que la Fiscalía Anticorrupción actúe con algo más que insinuaciones, patriotismo discursivo y condenas por asociación. La justicia no se demuestra llamando “impunes” a los adversarios ni celebrando a los propios. Se demuestra con carpetas sólidas, acusaciones precisas, audiencias públicas, pruebas resistentes a la contradicción y sentencias.

Repper quiere que se confíe en que el expediente existe. Perfecto: que lo lleve ante un juez, que lo sostenga en juicio y que acepte el veredicto. Todo lo demás —la épica, el linchamiento, la nostalgia punitiva y la propaganda de la transformación— es ruido alrededor de una pregunta sencilla: ¿qué puede probar la Fiscalía, ante quién y cuándo?

Con información: DATOS DUROS/

“¿CUÁNTO PESA un UNIFORME MILITAR?: PESA IGUAL que un INFORME de TRÁNSITOS MAL HECHO, que le REGALÓ en TAMAULIPAS la LIBERTAD al MARINO que MATÓ a MARGARITA”…debía seguir preso.


No fue un accidente administrativo: fue una muerte anunciada por la irresponsabilidad y luego administrada por la negligencia. Margarita Sánchez Nava estaba en una banqueta, esperando el camión para ir a consulta médica; quien debía responder por sus actos terminó beneficiado por el tipo de fallas que vuelven a la justicia una puerta giratoria.

La banqueta no era carril; el uniforme tampoco debería ser salvoconducto

“Maguito”, como conocían sus vecinos a Margarita Sánchez de 52 años de edad, no invadía una vialidad ni participaba en una carrera clandestina. Estaba en una banqueta, esperando el transporte para acudir a una consulta médica.La mató un vehículo conducido por un elemento activo de la Secretaría de Marina, según la información difundida sobre el caso. 

Lo que debía pasar era elemental: preservar la escena, documentar correctamente la persecución en flagrancia o acreditar la cuasiflagrancia integrando el Informe Policial Homologado sin torpezas y garantizar que quien atropelló y causó una muerte enfrentara el proceso con la seriedad que exige el daño causado. No era una misión imposible; era el abecé de las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley.

Pero en Ciudad Madero, al parecer, el expediente fue tratado con la misma ligereza con que algunos funcionarios llenan formatos: como si una vida pudiera extraviarse entre casillas mal marcadas. La jueza vinculó a proceso a Leonardo “N” por homicidio culposo agravado y por delitos contra servidores públicos, pero determinó que no se acreditó la flagrancia debido a deficiencias en la documentación de la persecución. Resultado: el imputado continuará el proceso en libertad, bajo medidas cautelares. 

Así de grotesco: una mujer muere; hay un acusado vinculado a proceso; se reporta que fue detenido apenas entre 20 y 30 minutos después de los hechos; incluso la defensa de la víctima sostiene que existieron persecución, resistencia y amenazas contra agentes. Sin embargo, la cadena se rompe no porque falten hechos, sino porque sobró ineptitud al registrarlos.

El uniforme pesa,el informe mas

El punto que combatió la defensa de Margarita no fue la vinculación a proceso —esa sí se obtuvo—, sino la decisión de que Leonardo “N” enfrentara el juicio en libertad porque la jueza consideró que no quedó jurídicamente acreditada la flagrancia de su detención. La defensa sostiene que la captura ocurrió apenas entre 20 y 30 minutos después del atropellamiento y que existió una persecución, pero el Informe Policial Homologado de Tránsito de Ciudad Madero no plasmó con claridad ni continuidad esa secuencia.

La disputa no era semántica ni de tecnicismos para entretenimiento de litigantes. Era una disputa por la libertad de un imputado y por la obligación del Estado de hacer bien lo más básico: narrar, documentar y sostener lo que hizo.

La defensa de Margarita combatió precisamente eso: que la jueza negara la flagrancia porque en el informe de los agentes no quedó acreditada una persecución material e ininterrumpida después del atropellamiento. 

Según el abogado de la familia, Leonardo “N” fue detenido entre 20 y 30 minutos después de los hechos; sin embargo, el papel oficial no logró contar, con la precisión exigible, cómo se le siguió, en qué momento se le perdió —o no— de vista y bajo qué circunstancias exactas se concretó la detención. 

Y ahí está la obscenidad institucional: no se habla de que el imputado se evaporara durante semanas, cruzara fronteras o apareciera casualmente días después. Se habla de una detención cercana en el tiempo a una muerte violenta, que la defensa afirma derivó de una persecución. Pero si los agentes no escriben la secuencia, la secuencia puede dejar de existir para efectos legales.

Flagrancia y cuasiflagrancia

En lenguaje llano, la flagrancia existe cuando una persona es detenida mientras está cometiendo el delito: se le sorprende en el acto. El artículo 146 del Código Nacional de Procedimientos Penales también contempla la detención inmediatamente posterior cuando el hecho acaba de ocurrir y se cumplen condiciones legales específicas. 

La llamada cuasiflagrancia es, en términos tradicionales, el supuesto de quien acaba de cometer el hecho y es perseguido material e ininterrumpidamente hasta su captura. No exige que el agente lo tenga sujetado en el segundo exacto del impacto, pero sí que haya un hilo verificable entre el hecho, la huida, la persecución y la detención. No basta decir “lo agarramos poco después”; debe poder demostrarse por qué ese “poco después” forma parte de la misma secuencia. 

El Código Nacional formula ese segundo supuesto de forma concreta: existe flagrancia cuando, inmediatamente después del delito, la persona es sorprendida y perseguida material e ininterrumpidamente; también prevé escenarios de señalamiento por víctima o testigo, acompañados de objetos, instrumentos, productos o indicios que permitan presumir fundadamente su intervención. 

La diferencia práctica

SupuestoQué debe acreditarseEjemplo aplicado al caso
Flagrancia estrictaDetención durante la ejecución del delitoQue agentes o testigos intervengan al conductor en el instante del atropellamiento
CuasiflagranciaHecho recién cometido, persecución material y continua, seguida de capturaQue se demuestre, mediante informe, videos, radiooperación o testimonios, que se siguió al conductor desde el lugar de los hechos hasta detenerlo
Detención posteriorDatos suficientes para investigar, pero sin la inmediatez legal de la flagranciaQue se localice al sospechoso después, sin una cadena continua de persecución acreditada

La defensa anuncia que buscará corregir el vacío con videos del C5, grabaciones privadas y otros datos para reconstruir la ruta del conductor. Es decir: intentará demostrar que la persecución sí ocurrió aunque Tránsito no la haya escrito como debía. 

Porque el problema no es que la ley sea demasiado exigente. Lo intolerable es que una autoridad que detiene, persigue y reporta no sepa —o no quiera— dejar constancia completa de lo que hizo. La banqueta no era carril; y el Informe Policial Homologado no era un trámite decorativo. Era la pieza que podía impedir que un uniforme, una omisión burocrática y una libertad procesal terminaran pesando más que la muerte de Margarita.

Y aquí el uniforme pesa. Pesa en la percepción pública, pesa en el temor de las familias —que además denunciaron presiones para otorgar el perdón— y pesa porque no se trata de cualquier responsabilidad: se trata de un integrante de una institución a la que la sociedad entrega confianza, armas, atribuciones y una misión de seguridad. Esa investidura no reduce la exigencia; debería multiplicarla. 

La Secretaría de Marina cuya moral ha sido golpeada precisamente en esa geografía conurbada, dijo que actuaría con rigor, contundencia y transparencia si se acreditaban conductas delictivas. Bien. Entonces que ese rigor no se quede en boletín. Que se traduzca en cooperación plena, en acceso a evidencia, en sanciones internas si corresponde y en una postura clara: la disciplina no termina cuando un elemento se baja del servicio ni cuando sube a un automóvil. 

Porque la banqueta no era carril. Margarita no debía morir. Y un informe mal hecho no debería convertirse en el refugio procesal de quien, con uniforme o sin él, tiene que responder ante la justicia.

Con información: ELEFANTE BLANCO/MEDIOS/REDES/

SE “EQUIVOCAN” los DOS: COLOMBIA ACEPTA AYUDA que LLEGA en CAJAS, pero PAUSA la QUE IBA LLEGAR con CASCOS MILITARES… mero saldo de la polarización que agravia la ayuda.


La presidenta de Mexico Claudia Sheinbaum ha informado que una brigada de rescate de las Fuerzas Armadas de México no ha podido viajar a Colombia para unirse a las labores de ayuda tras el terremoto de magnitud 7,4 que azotó con fuerza el occidente del del país. 

El miércoles, la mandataria dijo que la ayuda humanitaria ya había despegado, junto con elementos del Ejército para apoyar en las labores requeridas; sin embargo, la mañana de ayer jueves, Sheinbaum precisó que el Gobierno colombiano ha solicitado “otra certificación” a los rescatistas para poder operar: “No es un conflicto, no hay un problema, solo estoy informando la solidaridad que ofreció México y que Colombia dijo: ‘Queremos despensas, medicamentos, pero [para el ingreso de] los rescatistas necesitamos una certificación”, dijo.

Y sí: El Colombiano acierta al recordar que existen protocolos técnicos —INSARAG— para admitir equipos internacionales, pero se queda corto si presenta el asunto como una mera formalidad administrativa. La pregunta incómoda es por qué Colombia exige a México una certificación adicional mientras abre la puerta a otros países: cuando los criterios no se explican con transparencia, la “técnica” empieza a oler a política.

Colombia tiene derecho a exigir certificaciones; no tiene derecho a esconder la política detrás del sello

En esto, Claudia Sheinbaum tiene razón. El Gobierno colombiano no permitió el ingreso de la brigada de rescate de la Sedena porque exigió una certificación adicional, pese a que México sostiene que su equipo ya cuenta con acreditaciones y experiencia internacional, por cierto probadas. 

No se trata de que México pueda aterrizar donde le plazca con uniformados, perros de rescate y maquinaria: Colombia es soberana, una emergencia no suspende sus protocolos y la coordinación técnica evita que la solidaridad se convierta en estorbo. 

Pero una cosa es aplicar protocolos y otra muy distinta convertirlos en una coartada selectiva. INSARAG existe precisamente para ordenar la llegada de equipos extranjeros, verificar capacidades y no saturar una zona de desastre con brigadas que nadie coordina. 

Hasta ahí, el Gobierno colombiano tiene razón. El problema comienza cuando la autoridad no explica con la misma precisión por qué ciertos equipos sí reciben luz verde y otros quedan estacionados en la pista, esperando que la diplomacia les expida un certificado de afinidad ideológica. 

Sheinbaum, por cierto, tampoco puede posar de víctima impoluta. Primero informó que los rescatistas mexicanos ya habían viajado; al día siguiente tuvo que corregirse: no habían salido. En una tragedia, comunicar mal no es un detalle menor. La Presidencia mexicana convirtió una oferta de ayuda en un anuncio prematuro y luego tuvo que recoger el cable. Eso no borra el agravio potencial de Colombia, pero sí obliga a ponerle un asterisco a la narrativa mexicana.

México, mientras tanto, sí ha enviado despensas, agua, medicamentos e insumos médicos en aviones Hércules; es decir, Colombia acepta la ayuda que cabe en cajas, pero mantiene en pausa la que llega con cascos, binomios caninos y capacidad de búsqueda. El contraste requiere una explicación pública, verificable y no una frase burocrática sobre “otra certificación”. 

La controversia es, además, saldo de una polarización con Sheinbaum que apoyaba al rival de Espriella y que alimentaba desde su trinchera tradicionalmente metiche.

Su gobierno ha hecho de la solidaridad internacional una bandera política y su interlocución regional suele transitar por afinidades y confrontaciones ideológicas. Sería ingenuo fingir que ese clima no pesa. Pero sería todavía más mezquino permitir que las diferencias entre gobiernos definan quién puede buscar sobrevivientes bajo los escombros.

En un desastre, la soberanía se respeta; los protocolos se cumplen; las certificaciones se verifican. Lo que no se vale es usar una emergencia para pasar factura política. Si la brigada mexicana no cumple el estándar, Colombia debe decir cuál es, exhibir el requisito y explicar qué tendría que acreditar para entrar. Si sí lo cumple, retenerla por desconfianza ideológica no sería prudencia institucional: sería burocracia con partido.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERIKA ROSETE/CAMILA OSORIO/