La historia oficial bajo el gobierno de Morena y Américo Villarreal, vuelve a ser la misma con nuevo encabezado: hubo “rescate heroico”, hubo “enfrentamiento”, hubo fotos… pero mágicamente no hubo secuestradores, sólo balas extraviadas y un gobierno que jura que “no habrá impunidad” mientras nada más les cambia el nombre a las omisiones.
La escena en San Fernando: víctimas sí, verdugos no
En San Fernando, la versión de siempre: elementos de la Guardia Estatal rescatan a dos personas privadas de la libertad tras un “enfrentamiento armado” durante un operativo en la colonia Paso Real.
El parte habla de que aseguran un arma larga, ponchallantas y una camioneta, pero convenientemente no menciona detenidos, ni nombres, ni bandas, ni nada que implique que alguien vaya a pisar una celda porque es el sello de la «caza» en Tamaulipas.
La narrativa se vende como éxito: “rescatan a dos secuestrados tras enfrentamiento armado”, pero sin un solo capturado, el caso queda en el reino mágico donde los criminales se evaporan en el aire en cuanto oyen la sirena.
Así, el Estado celebra que salvó a las víctimas, pero jamás explica cómo es que en un territorio controlado por el crimen organizado los únicos que terminan “asegurados” son los casquillos tirados y las armas abandonadas.
Las 23 palabras de Américo: receta de sanación imaginaria
Mientras tanto, en el universo paralelo del «doctor-gobernador que se encamina echo la mocha al bote gringo», vale la pena recordar aquellas 23 palabras luminosas que mencionó emocionado el 22 de noviembre de 2022: “En mi gobierno no habrá impunidad, ni mucho menos tolerancia, para aquellos que atenten contra la paz y la tranquilidad de nuestro estado”.
La frase la soltó apenas asumió el cargo, inflado de triunfo y poder, prometiendo que iba a “sanar” a Tamaulipas como si fuera paciente de consultorio con receta de tres días y suero moral.
El problema es que el médico del “humanismo” nunca pasó de receta verbal: ni definió el diagnóstico, ni aceptó que la enfermedad se llama impudemia (esa epidemia de impunidad que se le desbordó en todos los municipios).
Casi 4 años después, el resultado es un estado donde la violencia, los bloqueos carreteros, las desapariciones y las extorsiones “a nivel industrial” siguen a la orden del día, mientras el discurso presume que todo va rumbo a la “transformación” y el al bote.
Ahi muy cerca,en Reynosa,la propia percepción de inseguridad trepa a 86.1% según datos oficiales, mientras el gobierno gasta en patrullas en vez de invertir en seguridad, que no es lo mismo, pues cuando solo es gasto sin resultados ,deja de ser inversión.
La contradicción es quirúrgicamente perfecta: el gobierno exhibe rescates como trofeos, pero los secuestradores desaparecen del relato, se licúan en el lenguaje institucional, se convierten en “civiles armados” que se dieron a la fuga, sin rostro ni nombre para no descomponer la estadística.
Es la misma escuela de siempre: mostrar víctimas atendidas, pero jamás construir casos judiciales sólidos que acrediten la cadena de mando del crimen, porque eso implicaría romper la cómoda complicidad que ya describen las crónicas como “permisividad tóxica”.
El médico que enfermó más al paciente
El diagnostico lo dice sin anestesia: el “facultativo de la salud” debía haber hecho un análisis clínico de la entidad antes de soltar la promesa de “sanar” Tamaulipas, pero se quedó en el papel de curandero de campaña, recetando frases que superan por mucho su capacidad real de gobierno.
Las consecuencias están enumeradas como expediente clínico: pérdida de credibilidad gubernamental, derrumbe de la confianza ciudadana con alta percepción de inseguridad, impacto negativo en inversión y economía, y migración forzada, sobre todo en áreas rurales donde la gente huye de la violencia y la ausencia de Estado.
Todo esto mientras la propaganda de “Tamaulipas tiene rumbo” y “hay coordinación con la federación” sigue circulando en redes oficiales, como si el diagnóstico real fuera un simple malestar pasajero y no un cáncer de impunidad metastásica.
La moraleja: rescates sin justicia, promesas sin memoria
El caso de San Fernando es la foto clínica exacta de la impudemia: sí, rescatan a dos secuestrados, pero sin un solo secuestrador presentado ante un juez, y sin que la autoridad explique cómo eso encaja con la promesa de “no habrá impunidad ni tolerancia”.
No hay concesiones posibles: si el gobierno sólo rescata víctimas pero nunca judicializa a los responsables, entonces la frase de Américo no fue un compromiso, sino un eslogan de campaña encajado en 23 palabras para encubrir un régimen que aprendió a convivir con el crimen mejor que con la crítica.
Con informacion: HoyTamaulipas/

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