Hay criminales que aman la ropa de alta gama,los Rolex de oro y las camionetas blindadas llenas de lujo,pero Nemesio que en realidad solo se llamaba Ruben y se apellidada Oseguera Cervantes, pero le “Mencho”, prefería los huaraches polvosos, la ropa sencilla y una serenidad de campesino que contrastaba con su estatus de terror global.
Así llegaba —como patrón discreto pero omnipresente— a un cerro perdido en el sur de Jalisco para supervisar las «graduaciones» de sus nuevos sicarios. Nada de discursos patrióticos ni himnos: puro adiestramiento criminal bajo el sol, instruidos en los campos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ese que Estados Unidos ya cataloga de organización terrorista y principal proveedor de fentanilo hacia su territorio.
De acuerdo con “El Elegante”, un testigo protegido de la Fiscalía General de la República, ahí, entre la sierra y el miedo, el capo se mostraba con una familiaridad inquietante hacia Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, “El Sapo” o “El 090”, a quien trataba casi como familia. “Siempre decía que era su ‘Apá’”, declaró el 24 de abril de 2025. El testigo también lo describió sin adornos ni mitificación: moreno claro, alto, limpio, sin barba y con la modestia —si así puede llamársele— de quien no necesita lujos para imponer respeto. “Lo vi unas diez veces. Siempre igual: ropa humilde y huaraches. Siempre se dirigía al ‘090’”.
Otro relato, salido de la boca de un ex guerrillero de las FARC reciclado como escolta del “Sapo” y ahora testigo protegido con el alias “Piscis”, añade una postal distinta: el Mencho en Puerto Vallarta, donde tenía una casa de seguridad. Ahí, entre turistas y mar de selfies, el capo recibía a su “hijastro” y operaba desde el paraíso del Pacífico.
Según el colombiano, “El Sapo” solía moverse desde Amatlán de Cañas (Nayarit) hasta Las Palmas, Jalisco, sorteando la sierra antes de llegar a visitar al patrón. Todo registrado en su testimonio del 20 de junio de 2025.
Pero el mito se rompió en febrero de 2026, cuando una operación militar de élite lo cercó en Tapalpa, y “El Mencho” terminó con el mismo destino que sus enemigos: muerto.
El golpe desató una tempestad nacional: 252 ataques armados en 20 estados, con la Zona Metropolitana de Guadalajara como epicentro —65 ataques, además de 34 más en el interior del estado, incluyendo Puerto Vallarta.
El caos escaló hasta niveles de manual de insurgencia: 56 vuelos cancelados en el Aeropuerto de Guadalajara, otros 87 en Vallarta, y hasta una fuga de reos en el penal costero, donde simplemente ya no había custodios suficientes para cuidar la puerta.
El “Mencho” murió con huaraches puestos, pero dejó un país ardiendo: un legado de pólvora, lealtades de sangre y un nombre que —aun sin oro ni cadenas— pesa más que cualquier joya de cartel muy y gracias al mismo gobierno que lo empoderó,lo abatió y resulta que ahora tenemos que aplaudirle.
Con información: ELNORTE/

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