En Pajapan,Veracruz, el petróleo se pegó al agua, a los manglares y al plato vacío, pero al Gobierno nada se le pega: ni la culpa ni la vergüenza. La gente dejó de pescar de un día para otro, pero en Xalapa y en las oficinas de Pemex todo sigue en “modo comunicado”, esa realidad paralela donde la tragedia ya está “atendida”. Los pescadores se quedaron sin trabajo, sin jaibas y sin camarón, pero eso no sale en la foto oficial porque no luce en campaña.
El derrame ya no se ve, pero el cinismo sí: brilla, flota y apesta más que el chapopote en la laguna del Ostión.
Los oídos sordos oficiales
Las autoridades prohibieron la pesca y la venta de mariscos, pero no se les ocurrió prohibir la miseria que vino después. En la laguna hay bolas de chapopote; en la plaza, bolsas vacías sin dinero para la masa, y del lado del Gobierno no hay ni una bolsa de apoyo, ni siquiera para la foto piadosa. Mientras el crudo se mete hasta la bucana, el discurso oficial se queda en la orilla, donde el olor no llega y la conciencia tampoco.
La emergencia a mano limpia
Los pobladores están levantando petróleo como si fueran los peones de una empresa que nunca los contrató, con botas, bolsas y pulmones a cambio. El hidrocarburo se les pega a la piel y al futuro, mientras un experto de la UNAM advierte que respirar esos vapores puede causar daños neurológicos y en la piel, pero al parecer el riesgo sanitario solo existe si lo dice un boletín de prensa. La gente recoge chapopote sin equipo de protección, pero Pemex recoge pretextos con casco blanco y logo planchado.
Las bolsas llenas de crudo están tiradas “a tierra alta”, esperando a que alguien las retire, como si la contaminación también pudiera archivarse en un cajón burocrático. Lo que no se ve desde el escritorio es que lo más tóxico no es el petróleo, sino esta política de abandono: la comunidad limpia la laguna y el Gobierno limpia su imagen. En la superficie el agua parece tranquila, pero basta meter la mano para sacar petróleo del fondo, igualito que con el discurso oficial: rasca tantito y sale la mentira.
La veda que no aplica arriba
La veda es dura y sin fecha: no hay pesca, no hay venta, no hay dinero, pero claro, no hay problemas… según los oídos sordos de la gobernadora. Madres solteras, viudas, vendedores de mariscos y campesinos se quedan sin ingreso y sin un solo apoyo, mientras el Gobierno presume que “ha ayudado a todos los afectados”. En Pajapan el mercado está seco, pero en la narrativa oficial todo está “bajo control”; la única cosa verdaderamente controlada aquí es la empatía.
Un especialista advierte que la pesquería no se va a recuperar pronto y que pueden pasar meses antes de que los alimentos del mar sean seguros, pero en el discurso político el derrame ya casi es historia superada. La desconfianza también contamina: a una vendedora que ofrece camarón congelado la gente le pregunta de dónde viene, y aunque explique que no es de la laguna, ya nadie le cree. El petróleo envenena el agua; el abandono envenena la relación con el Estado, que solo aparece para desmentir, nunca para responder.
Pemex, la mancha que habla
Los pescadores señalan lo obvio: el derrame les destrozó la chamba y la empresa “de ellos” está perfecta, la que se chingó fue la de la gente. Pemex se deslinda del origen del derrame pero presume que ha ofrecido ayuda “aunque no es responsable”, el clásico acto de magia corporativa donde la mancha en la playa no tiene dueño. La gobernadora no quiere reconocer los daños, pero los daños ya reconocieron a la comunidad: les vaciaron el bolsillo, la mesa y el futuro inmediato.
En el papel, Gobierno y Pemex han limpiado y apoyado; en Pajapan, los habitantes siguen raspando petróleo del fondo del mar y de la orilla de su propia paciencia. En el discurso, la tragedia está atendida; en la laguna, el chapopote sigue pegado a los cangrejos, a las redes, a la arena y a la garganta de quienes ya están hartos. Los oídos sordos del Gobierno son el verdadero derrame: todo lo que tocan lo vuelven invisible, hasta que el veneno llega a la mesa… y ya no haya manera de ocultar el sabor.
Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/BEATRIZ GUILLEN/

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