La Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) perdió ya a uno de sus mayores genios del “control comunicacional”: Manuel Aguilar, el todopoderoso Secretario de Comunicación y Difusión, ese hombre que presupuesto de por medio convirtió un amplio sector de la prensa tradicional en un elegante club de fanáticos de Damaso Anaya,primo del Gobernador Americo Villarreal Anaya y rector de la UAT.
Su salida fue anunciada por el propio rector,el mismo que fue detenido y esposado en junio de 2022,como cita Reforma.
Durante su gestión —que parecía un curso práctico de manipulación mediática con presupuesto público— Aguilar perfeccionó el arte de comprar silencio y alquilar elogios. Nada que no sea práctica común en las universidades con vocación priista reciclada en Morena. En nombre de la autonomía, sometió a buena parte de la prensa local a la “rectoría del sobre”, una liturgia donde cada columna favorable equivalía a un milagro de depósito bancario al estilo del ahora ex-vocero de Américo Villarreal,una cosa llevo a la otra.
Porque no se trataba de comunicar logros académicos (¿cuáles?), sino de inflar la imagen de Dámaso Anaya, el rector-primo del gobernador Américo Villarreal que soñaba con sucederlo.
En la práctica, el despacho de Aguilar operaba como agencia de relaciones públicas del morenismo tamaulipeco. Los boletines parecían dictados desde el palacio de gobierno, y los “medios aliados” no distinguían ya entre cubrir eventos universitarios o maquillar los tropiezos del clan Villarreal.
Ni hablar de los contratos cruzados, las páginas “institucionales” pagadas en diarios con presupuestos educativos, y los reporteros convertidos en parte del staff de propaganda que ayudaba sin éxito a propalar el nuevo rostro de la Universidad tan manchada como en sus peores tiempos, de un escandalo a otro.
Así que Manuel Aguilar se va, pero su legado y el rector «guapo e imponente» quedan (…no por mucho tiempo) : un sistema de comunicación universitario que sirvió menos para informar y más para domesticar voces.
Y si en algún momento dudamos de su efectividad, basta con leer cualquier nota sobre el rector Dámaso: todas suenan igual que un boletín. Como si hubieran sido escritas por un mismo pluma asalariada… o por el mismo Aguilar, antes de empacar su maleta y su archivo Excel de convenios “confidenciales”.

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