El Plan B electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum nació con etiqueta de “reforma republicana” pero creció con ADN de maniobra palaciega. En el menú legislativo de Morena se presentó como un ajuste técnico para “abaratar la democracia”. Pero cuando los meseros del régimen trajeron la cuenta, los aliados del Partido del Trabajo (PT) se dieron cuenta de que les habían servido el plato frío de la revocación de mandato, condimentado con la posibilidad de que la propia Sheinbaum se promocionara durante el proceso.
O sea: una revocación hecha a la medida de la inquilina de Palacio, con foto incluida en la boleta que llaman “mecanismo ciudadano”.
El PT, que suele ser el gallito obediente del obradorato, esta vez hizo algo insólito: tosió. Alberto Anaya y sus escuderos en el Senado —Geovanna Bañuelos, Gonzalo Yáñez y Benjamín Robles— descubrieron que los morenistas les habían metido por la puerta de atrás el tema de la revocación. Nadie les avisó que en el texto final venía ese “detalle”, y, con la moneda en el aire, el PT decidió jugar al misterio: “ni sí, ni no”, dijeron, mientras calculan si su voto servirá para algo más que el aplauso automático.
El Verde Ecologista, como siempre, se acomoda donde calienta el sol. Manuel Velasco, su coordinador y eterno equilibrista, ya prometió que 13 de los 14 senadores del PVEM votarán con Morena; el único disidente, Luis Armando Melgar, será el “ecologista heroico” de esta tragicomedia. Pero aun con eso, a Sheinbaum le faltan los seis votos del PTpara alcanzar la mayoría calificada de 86.
Ahí está el chantaje elegantemente disimulado: el PT sabe que si se aprueba la revocación junto con la federal de 2027, Sheinbaum podría aparecer en la boleta, dándole a Morena una fuerza propagandística brutal. En cambio, si logran empujarla hasta agosto o 2028, el efecto de “refrendo plebiscitario” se desvanece.
Lo pintan como un diferendo técnico, pero en el fondo se trata de una discusión sobre el poder: quién lo controla, cuándo se exhibe y con qué foto se vende. El PT juega a ser árbitro mientras Sheinbaum intenta convertir la revocación en una especie de “ratificación disfrazada”. La palabra clave no es “revocar”, sino “reposicionar”.
En resumen: el Plan B no reforma al sistema electoral, lo redecora en tonos de culto. Y cada voto en el Senado será un pase directo a la función donde la democracia mexicana vuelve a ser el truco favorito del mago: el que mete la mano en el sombrero y saca un mandato “ratificado por el pueblo”.
Con informacion: ELNORTE/

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