México lleva años señalando al norte, como si la frontera fuera un espejo de un solo lado. La presidenta Sheinbaum repite, con aire de superioridad moral, que el “gran problema” del narco está del otro lado, donde los gringos aspiran su desgracia y financian nuestra violencia. Pero mientras apunta con el dedo, en Nuevo León el “cristal” ya se volvió la droga reina: un mercado interno encendido que crece a ritmo de laboratorio.
Por primera vez en la historia, las metanfetaminas generan más investigaciones que la marihuana. Tres mil ochocientas treinta carpetas en un año, casi cuatro mil focos encendidos en las calles metropolitanas. En 2015 eran apenas 20 —una nota al pie en los reportes de la Fiscalía— y hoy representan un crecimiento de 19 mil por ciento. Si eso no es epidemia, habrá que inventar otro término.
Mientras la presidenta sermonea sobre el consumo yanqui, aquí los barrios de Monterrey ya tienen su versión recortada del sueño americano: cristal, barato, puro y mortal. La mariguana, que antes llenaba expedientes y cárceles, ya perdió el trono frente a la química. La cocaína y el éxtasis se conforman con el bronce.
El discurso oficial se regodea culpando al vecino, pero los números de la Fiscalía dicen otra cosa: el narco ya no solo exporta, también surte casa por casa. El mercado doméstico de drogas sintéticas florece con eficiencia industrial, mientras el gobierno sigue hablando de “veneno” en abstracto, como si no estuviera circulando en avenidas locales.
En resumen: mientras el poder federal se entretiene con la retórica del antiimperialismo moral y soberano enmascarando otros intereses, el “cristal” le gana al discurso por KO técnico. Las calles de Nuevo León ya no fuman importado: fabrican su propia destrucción, con marca nacional y política de negación incluida.
Con información: ELNORTE/

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