El CJNG convirtió a México en una industria del levanton y una morgue a cielo abierto ,mientras desde Palacio Nacional Andres Manuel Lopez Obrador,les repartía abrazos como si fueran chalecos antibalas que impedían les penetraran las inexistentes acciones del gobierno del que tenían complicidad en todos sus niveles y todos es todos.
El sexenio del abrazo al verdugo
Según la base de datos de Uppsala, el CJNG se cargó a 55,380 personas entre 2019 y 2024, justo en los años de la doctrina cursi de “abrazos, no balazos”. Con Calderón y Peña, el mismo monstruo mató a 19,788; con AMLO, el número se disparó como si le hubieran quitado el seguro al infierno. No hay maroma posible: el sexenio del “humanismo mexicano” fue también el sexenio en que el CJNG se expandió a punta de desmembrar gente y llenar el país de fosas.
Para rematar, en 2025, ya con Claudia Sheinbaum estrenando silla, Milenio documenta más de 550 enfrentamientos del CJNG con cinco mil muertos en 13 estados, como si cambiar de presidente fuera solo cambiarle de portada al mismo expediente forense. Sumando los gobiernos de Calderón, Peña y AMLO, el cártel deja más de 73 mil muertos oficialmente atribuibles; el resto se pierde en bolsas negras, fosas clandestinas y estadísticas maquilladas.
Imperio del terror, versión mexicana
El CJNG no solo mata: firma cada asesinato como si fuera performance de horror. Su estrategia no se limita a ejecutar rivales o soplones: consiste en sembrar terror con cuerpos desmembrados, colgados, apilados, repartidos en hieleras y bolsas de plástico negro que ya forman parte del paisaje urbano. Su debut nacional fue una escena bíblica al revés: 35 cuerpos tirados en un paso a desnivel de Boca del Río, Veracruz, en 2011; a partir de ahí, México aprendió que el “nuevo” cártel no venía a negociar, venía a aterrorizar.
En 2025, el CJNG logra un récord macabro: un asesinato cada ocho horas y media, cubriendo buena parte del mapa: Guanajuato, Baja California, Tabasco, Puebla, Michoacán, Zacatecas, Edomex, Nuevo León, Chiapas, Tlaxcala, Jalisco, Aguascalientes, Querétaro, Quintana Roo. Mientras el gobierno hablaba de paz, el país se convertía en un catálogo de guerras locales contra el segundo cártel más poderoso, el de Sinaloa, y la población en daño colateral.
Estado ausente, cártel presente
Un estudio de AC Consultores encontró presencia del crimen organizado en 89% de los municipios del país; en la práctica, significa que el Estado se retiró y dejó que el CJNG se instalara como autoridad de facto donde le dio la gana. Durante el sexenio de AMLO, la abdicación fue tan descarada que millones de mexicanos quedaron literalmente a merced de un grupo que gobierna con videos de tortura y cuerpos descuartizados.
En Jalisco, entre 2019 y 2024, casi 10 mil personas fueron reportadas como desaparecidas; el 40% fue levantada de forma violenta, casi cuatro mil personas arrancadas de la zona metropolitana de Guadalajara, donde el cártel montó una de sus oficinas centrales del horror. De 2018 a la fecha han salido más de dos mil cuerpos de fosas clandestinas, como si el subsuelo estuviera devolviendo la verdad que las autoridades intentan enterrar en conferencias mañaneras y boletines triunfalistas.
Narconómina y complicidad oficial
Cuando el ejército abatió a Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, en unas cabañas, lo que encontraron no fue solo el cadáver del capo, sino el manual de instrucciones del imperio: documentos, entre ellos la narconómina. En un solo mes, el papelito “que no prueba nada” registra pagos de medio millón de pesos a tres corporaciones policiacas de Jalisco y millones semanales para policías de élite en Chiapas, donde la frontera se administra a golpe de maletín.
La reacción oficial fue digna de sketch: el coordinador estratégico del Gabinete de Seguridad jalisciense dijo que esas listas no demuestran nada, que cualquiera puede escribir nombres en una hoja y tirarla por ahí. Mientras tanto, los pagos siguen fluyendo, el cártel se repliega para reorganizarse y el gobierno federal se cierra como si el silencio fuera estrategia de seguridad y no encubrimiento.
El imperio sigue en pie
La muerte del Mencho no derrumbó el imperio: solo cambió de administrador. Los datos del despliegue criminal están a la vista, los pagos a corporaciones aparecen hasta en papeles olvidados en cabañas, y millones de mexicanos siguen viviendo bajo un régimen paralelo donde la ley la dicta quien controla las fosas, las rutas y las nóminas. El investigador Jorge Ramírez lo definió con precisión: el CJNG instaló un imperio de terror; lo que sigue pendiente es que el Estado decida si quiere seguir de socio silencioso o por primera vez hacer su trabajo, pero no hacerle como que hace su trabajo, ni tampoco a fuerza y por encargo, como esta ocurriendo.
Con informacion: LATINUS/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: