De acuerdo con ACLED, se infiere que México ya no es “Estado fallido”: es un éxito rotundo… pero del crimen organizado, que logró convertir a un país sin guerra declarada en el escenario más peligroso del planeta para vivir, gobernar y simplemente pasar por ahí.
Qué es ACLED
ACLED es una organización internacional especializada en ponerle números, coordenadas y fecha a la violencia política y a las protestas en todo el mundo.
- Sus siglas significan Armed Conflict Location & Event Data: registran, evento por evento, dónde, cuándo y qué tipo de violencia ocurre (ataques armados, explosiones, asesinatos políticos, protestas, represión, etc.).
- Es un proyecto nacido en 2005 como iniciativa académica de la politóloga Clionadh Raleigh y hoy opera como organización sin fines de lucro registrada en Estados Unidos.
Qué hace y por qué importa
- Produce una base de datos global en tiempo (casi) real sobre violencia y protesta que cubre prácticamente todos los países y territorios del mundo, con equipos que recaban información en más de 100 idiomas.
- Sus datos los usan ONU, Banco Mundial, OTAN, agencias humanitarias y ONG para análisis de riesgo, alertas tempranas, diseño de programas y también medios y periodistas para darle sustento empírico a lo que, en el terreno, se ve como guerra no declarada.
El país sin guerra que supera a varias guerras
ACLED coloca a México en el nivel “extremo” de violencia, codeándose con Palestina, Siria, Myanmar, Nigeria, Sudán, Haití y compañía, con la pequeña diferencia de que esos países tienen conflictos armados formales.

En el Índice de Conflictos, México aparece en el cuarto lugar mundial en peligrosidad general, solo detrás de Palestina, Myanmar y Siria, lo que lo convierte en el país más peligroso del mundo sin guerra regular.

La radiografía de ACLED es precisa y demoledora: violencia “extrema”, altísima incidencia de violencia política y un mapa nacional donde el problema no es un foco rojo, sino el tapiz completo.

Entre diciembre de 2024 y finales de noviembre de 2025, se registraron más de 8 mil eventos de violencia política en México, un volumen digno de zona de conflicto formal.
Letalidad, territorio y civiles: todo mal
El informe desmenuza la cosa con cuatro indicadores: letalidad, peligro para civiles, difusión geográfica y número de grupos armados; en casi todos, México está en el Olimpo de la desgracia.
En letalidad de la violencia, el país se ubica en el top 10 mundial, por debajo de Ucrania, Sudán, Palestina, Myanmar, Nigeria, Somalia y Siria, es decir, al nivel de países con guerras abiertas… pero aquí te dicen que “vamos bien”.
En difusión geográfica, que mide qué proporción del territorio vive violencia, México se trepa al segundo lugar mundial, solo superado por Palestina, lo que implica que esto ya no es “un problema de algunas regiones”, sino un ecosistema nacional.
Y en fragmentación —el número de grupos armados operando— México está en el tercer lugar, detrás de Myanmar e India, lo que significa un menú amplio de actores violentos: cárteles, células, milicias privadas, bandas locales y todo el ecosistema de franquicias criminales.
La única categoría donde México “baja tantito” del top 10 es en peligrosidad directa para civiles, donde se ubica alrededor del lugar 16, pero eso no es un consuelo, sino un matiz: el problema no es que haya pocos civiles atacados, sino que el resto de la violencia es tan masiva que esa cifra se diluye en el desastre general.
ACLED y otros reportes apuntan que en 2025 se contabilizaron más de 72 mil eventos de violencia letal y más de 240 mil muertes a nivel global, con México como uno de los epicentros más activos de esa estadística.
Gobierno con “poder pero sin control”
ACLED no se anda por las ramas: el Estado mexicano tiene el poder, pero no el control del territorio; la autoridad formal existe, pero no manda, negocia, tolera o simplemente mira a otro lado.
La violencia criminal se vuelve la variable clave para entender por qué México está en la misma conversación que Palestina o Ucrania sin tener, sobre el papel, una guerra regular: lo nuestro no es conflicto armado declarado, es colapso gestionado en modo rutina.
La analista de ACLED, Sandra Pellegrini, advierte además que la presión del gobierno de Donald Trump sobre los países de la región para endurecer agendas de seguridad puede terminar empujando respuestas estatales más militarizadas e indiscriminadas, o sea, más gasolina al incendio.
Mientras tanto, los grupos criminales se adaptan: cambian rutas de tráfico, diversifican delitos, se mueven de lo marítimo a lo aéreo, y perfeccionan juguetes como drones con explosivos para atacar fuerzas de seguridad y, de paso, a cualquiera que estorbe.
México como modelo de lo que no hacer
Con estos números, México queda instalado como advertencia global: un país que demuestra que puedes parecer democracia electoral, organizar Mundial y elecciones, mientras escalas al top 5 de los lugares más peligrosos del planeta.
El mensaje del índice de ACLED y de cobertura internacional es claro: la combinación de crimen organizado, fragmentación de actores armados, militarización desordenada y gobiernos más preocupados por la narrativa que por el territorio produce exactamente esto.
Ecuador y Brasil aparecen también en la lista de países con violencia “extrema”, pero México juega en otra liga por la extensión geográfica del conflicto y la cantidad de grupos armados; somos el ejemplo práctico de cómo normalizar lo inaceptable.
No hay guerra declarada, no hay parte oficial de “frente oriental” o “frente occidental”, pero hay ejecuciones, desapariciones,extorsiones a nivel industrial violencia política y control territorial criminal suficiente para que un índice global te coloque hombro con hombro con Palestina, Siria y Myanmar.
Con informacion: LASILLAROTA/ ACLED/

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