Cayó Pepe, el encargado de mover a la pareja sentimental de El Mencho a la cabaña donde fue capturado y luego abatido el lider del Cartel de Jalisco en Tapalpa, Jalisco, el pasado domingo 22 de febrero de 2026.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) informó ayer domingo de su captura y refiere José “N”, alias “Pepe”, es considerado uno de los principales operadores logísticos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
De acuerdo con un comunicado oficial, “Pepe” fue la persona encargada de trasladar a la pareja sentimental del abatido Nemesio Oseguera Cervantes “El Mencho” a Tapalpa, Jalisco, el pasado domingo 22 de febrero de 2026.
Así que, ya que el sigilo se acabó y las esposas están puestas, Pepe tiene una oportunidad histórica: contar quién bajaba las plumas de los retenes, quién abría puertas en los cuarteles y quién mandaba callar a los curiosos. Porque si el CJNG aprendió a camuflarse, fue copiando los manuales del gobierno.
Si Pepe, habla —tiene ahora poder con la lengua que con los fusiles que lo cuidaban.
Aunque México casi nunca “invita a colaborar” a capos como Pepe porque su testimonio es dinamita política y administrativa que el propio sistema no quiere detonar.
Marco legal sí hay, voluntad no
En papel existen figuras como testigo colaborador, testigo protegido y criterios de oportunidad en la Ley Federal contra la Delincuencia Organizada y en la Ley de Protección a Personas que Intervienen en el Procedimiento Penal.
Permiten reducir penas si el delincuente aporta información “esencial y eficaz” contra mandos más altos y, en teoría, se le protege de represalias.
En la práctica, el programa de testigos ha sido usado de forma errática, politizada y muchas veces fracasada, con testimonios poco creíbles, contradicciones y expedientes armados al gusto del gobierno en turno.
Eso generó desconfianza en jueces, defensas y en los propios criminales, que ven el esquema como trampa más que como tabla de salvación.
Razones políticas: mejor no abrir esa cloaca
Cuando un operador como Pepe habla de verdad, no sólo hunde a sus jefes criminales: arrastra a mandos militares, policías estatales, ministerios públicos, alcaldes, gobernadores y hasta campañas presidenciales.
Hay antecedentes de testigos y colaboradores que apuntan a financiamiento de campañas, protección institucional y pactos de alto nivel entre narcos y funcionarios, y esa línea de investigación es veneno puro para cualquier gobierno.
Por eso, el uso intensivo de testigos se dio sobre todo en momentos de guerra mediática (Fox–Calderón) y se frenó cuando el costo político de dejar hablar a esa gente superó el beneficio mediático de “desarticular cárteles”.
Hoy la apuesta es más de control de daños: detener a algunos, extraditar a otros y evitar que, bajo acuerdos formales, se sienten a narrar cómo se construyó la narco-gobernabilidad con uniformes de todos colores.
Razones estructurales: el Estado no puede (o no quiere) cuidarlos
Proteger de verdad a un colaborador de alto nivel exige cambiarle identidad, residencia, entorno económico y círculo social por años, algo para lo que el Estado mexicano ha mostrado una capacidad limitada y a ratos francamente negligente.
Varios testigos en casos de delincuencia organizada han terminado muertos, encarcelados otra vez o abandonados, lo que manda el mensaje perfecto: colaborar con México es firmar tu sentencia de muerte.
Frente a esa reputación, muchos prefieren negociar con Estados Unidos, donde el «plea bargain», los beneficios penitenciarios y el sistema de protección de testigos tienen décadas de práctica, más presupuesto y más antecedentes de éxito.
Ahí sí se sientan a hablar de estructuras financieras, rutas, políticos y militares a cambio de recortes de condena y una nueva vida, mientras México se queda con la narrativa de “capturamos al capo” pero casi nunca con la verdad completa.
Lógica de impunidad: mejor callados
De fondo, el sistema está diseñado para administrar escándalos, no para desmontar redes: se prefiere el show de la captura a la cirugía mayor sobre la red de complicidades.
Si invitas en serio a colaborar a alguien como Pepe y le cumples, te obliga a meter mano en cuarteles, fiscalías, gobernadores y contratos públicos, es decir, a dinamitar los pactos de impunidad que sostienen la estabilidad política.
Por eso México casi nunca les abre de verdad la puerta como colaboradores: porque si esos operadores hablaran de todo lo que han visto, el problema dejaría de llamarse “narco” y pasaría a llamarse “Estado”.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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