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jueves, 23 de abril de 2026

«YA LA EJECUTARON»: «MIENTRAS CHIHUAHUA y la FEDERACIÓN DISCUTEN la FALTA de PATRIOTISMO de GOBERNADORA por ACEPTAR AYUDA GRINGA VS. NARCOS, MATAN a LIDERESA GANADERA a QUEMARROPA»… llegaron directo, sin debate geopolítico ni análisis de soberanía.


Mientras en Chihuahua y la federación se rasgan las vestiduras discutiendo si aceptar ayuda de agencias estadounidenses es traición a la patria y violacion a la Ley de Seguridad Nacional que se saco de la manga un ex-presidente que como tonto útil fue colaborador del narco que le dejo estela de 202 mil cadaveres por todo el pais, la realidad —esa que no cabe en conferencias ni discursos— volvió a disparar a quemarropa.

El pasado 22 de abril, en un negocio de granos llamado «Agro Cali», no hubo debate geopolítico ni análisis de soberanía: hubo balas, plomo vil. Un sujeto armado irrumpió y atacó directamente a un grupo de mujeres. Entre ellas estaba Lina Alejandra Rodríguez Castillo, secretaria nacional de la Asociación de Mujeres Ganaderas de México (MUGAM), quien murió en el lugar.

Así, sin protocolo, sin comunicado previo, sin narrativa oficial que maquille el hecho: ejecutada.

Rodríguez Castillo no era una figura decorativa. Era, según la propia Unión Ganadera Regional de Chihuahua, una “mujer decidida”, impulsora del capítulo estatal de MUGAM y promotora de capacitación para mujeres en el sector agropecuario. 

Es decir, exactamente el tipo de perfil que los discursos institucionales presumen… hasta que aparece en la estadística de homicidios,la peor de la historia,de acuerdo con el ángulo y haciendo a un lado las reducciónes amañadas.

El organismo ganadero reaccionó como dicta el manual: condena categórica, llamado al Estado de Derecho y exigencia de condiciones de seguridad. El problema es que ese mismo guion lleva años repitiéndose mientras la violencia avanza con mucha más eficiencia que cualquier estrategia oficial.

Porque mientras arriba se discute si la CIA o la DEA si, o la DEA y la CIA no, si cooperación o soberanía, abajo la ecuación es mucho más simple: quien tiene el arma, manda.

En redes sociales, sus compañeras la despidieron como “fuerte, soñadora y apasionada”. En el terreno, esas cualidades no alcanzaron para blindarla de un contexto donde ser visible, liderar o simplemente estar en el lugar equivocado puede costar la vida.

Y como ya es costumbre en estos casos: no hay detenidos, no hay móvil claro y no hay respuestas. Solo otro expediente que se suma al archivo interminable de violencia en zonas productivas, donde trabajar, organizarse o crecer económicamente parece cada vez más una actividad de alto riesgo.

Así que mientras el debate público se entretiene midiendo niveles de patriotismo que rayan en lo patriotero, en Chihuahua la pregunta sigue siendo mucho más incómoda y mucho menos ideológica: ¿quién controla realmente el territorio?

Porque, al final, los discursos no matan… pero tampoco protegen.

Con informacion: ELNORTE/

«NO solo MAS DELITOS,HAY MAS de TODOS ?»: «CONSEJO ESTATAL de SEGURIDAD de SINALOA DIO a CONOCER el SALDO OFICIAL del BUFFET CRIMINAL»: HOMICIDIOS,LEVANTONES y ROBOS»…como si nadie atendiera el «batichangarro».


Los números de violencia no mienten en Sinaloa, pero sí incomodan. Y cuando incomodan demasiado, se maquillan, se diluyen o se esconden detrás de eufemismos burocráticos. Pero esta vez ni eso alcanza. Las cifras de violencia en Sinaloa son tan escandalosas que ni el discurso oficial logra taparlas con el dedo.

El Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP) acaba de soltar lo evidente: el estado atraviesa niveles récord de delictividad. Traducido al español cotidiano: el crimen está desbordado, la autoridad rebasada y la estrategia de seguridad, si es que existe, está haciendo agua por todos lados.

Porque aquí el problema no es solo que haya más delitos. Es que hay más de todo: homicidios, robos, desapariciones… una especie de buffet criminal donde cada indicador compite por ver cuál exhibe mayor incapacidad institucional. Y mientras tanto, la narrativa oficial sigue atrapada en esa dimensión paralela donde “se avanza”, “se contienen los índices” y “hay coordinación”.

¿Coordinación de qué exactamente?

Porque si uno rasca tantito, lo que aparece es un vacío. Un hueco operativo donde nadie parece estar realmente a cargo. La federación administrando su agenda, el estado tratando de no hacer olas y los municipios sobreviviendo como pueden. El resultado es un territorio donde el control no se disputa: simplemente no está claro quién lo ejerce.

El CESP, en un acto casi ingenuo de fe institucional, lanza recomendaciones: mejorar estrategias, fortalecer capacidades, coordinar esfuerzos. El clásico recetario técnico que parte de una premisa optimista: que alguien en el poder tiene intención —y margen— de implementar algo.

Pero la realidad sinaloense sugiere otra cosa. Aquí no estamos frente a un problema de diseño de política pública, sino de captura, tolerancia o, en el mejor de los casos, franca incapacidad. Porque cuando los delitos crecen de forma sostenida y generalizada, no es una falla puntual: es un síntoma estructural.

Y en ese contexto, las recomendaciones suenan más a protocolo que a solución. Como si el incendio se quisiera apagar con un manual de buenas prácticas.

Lo más revelador no es que haya cifras récord. Es que ya no sorprenden. La violencia en Sinaloa se ha normalizado a tal grado que los picos dejan de ser crisis para convertirse en rutina. Y ahí está el verdadero fracaso: cuando el desastre deja de escandalizar, es porque el Estado dejó de cumplir su función básica.

Así que no, no es solo un problema de números. Es un problema de poder, de control territorial y de voluntad política. Y mientras eso no se atienda —de verdad, no en conferencias ni boletines—, los reportes seguirán acumulándose… y la realidad seguirá desbordándose.

Porque en Sinaloa, hoy por hoy, el mensaje es brutalmente claro: el changarro no es que esté desatendido… es que nadie quiere —o puede— hacerse cargo.

Con informacion: REVISTA ESPEJO/

«ABATIDOS ?..YA es un BATIDERO»: «NUEVO LEON se PUSO MATON y YA VAN 50 PRESUNTOS que NO CUENTAN como MUERTOS»…como lo hace Tamaulipas y la estrategia federal truculenta.


En lo que va del año, las autoridades han reportado 50 presuntos delincuentes abatidos en enfrentamientos, un 39 por ciento más que en el mismo periodo del 2025, cuando hubo 36.

Según recuentos periodísticos, la mayoría de los abatimientos se dieron en operativos y enfrentamientos registrados en municipios rurales, donde participan Fuerza Civil, las Fiscalías federal y estatal, el Ejército y la Guardia Nacional, que integran el «Operativo Muralla».

De los delincuentes ultimados este año, 45 perecieron en 20 enfrentamientos desatados en la zona rural entre grupos criminales y autoridades de seguridad.

La corporación que más abatidos ha reportado es Fuerza Civil, con 36, mientras que otros 9 han sido abatidos en operativos en que participan también elementos del Ejército, Guardia Nacional y Policía Ministerial; y 5 abatidos por policías municipales.

Desde el año pasado comenzó un alza sostenida en el número de abatidos en Nuevo León: durante todo el 2025, hubo 104 presuntos delincuentes ultimados, un 79 por ciento más que los 58 registrados en el 2024.

Este aumento coincidió con el cambio de gobierno a nivel federal, al asumir como Presidenta Claudia Sheinbaum en lugar de Andrés Manuel López Obrador, quien durante su sexenio impulsó la política de «abrazos no balazos».

Según especialistas consultados, el incremento no es coincidencia, sino que se trata de una nueva estrategia a nivel federal para combatir el crimen.

Andrés Sumano, especialista en seguridad e investigador del Colegio de la Frontera Norte, consideró que el alza en los abatidos obedecería a un mayor patrullaje en brechas y a que las autoridades tienen mayor capacidad de fuerza que los grupos criminales.

«Todo esto puede enmarcarse en el contexto del Mundial», señaló, «pudiera ser que la autoridad haya reforzado vigilancia y control por el tema del Mundial.

«No podría decir si hay una orden de abatir en lugar de detener».

Para Martín Santos Torres, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, el uso de fuerza es una opción para contener la actividad de grupos criminales.

«Antes cuestionábamos la política de ‘abrazos no balazos’ porque no era reactiva», expresó, «pero en este caso se puede controlar al crimen organizado… Mientras sea una reacción contra grupos que puedan ejercer violencia, pues adelante».

A diferencia de lo que se hacía antes, la Fiscalía estatal y la Administración del Gobernador Samuel García no incluyen a los abatidos en el conteo de homicidios dolosos, al argumentar que los policías no actúan con dolo al disparar.

Las autoridades omiten sistemáticamente identificar a las personas que son abatidas en enfrentamientos.

Fuente.-ELNORTE/

«35 BUSCADORES MASACRADOS»: «EXPONEN al ALTO COMISONADO de la ONU el SALDO de BUSCAR DESPARECIDOS en MEXICO»…no es que falle el sistema, el sistema no existe.


En México, buscar a un desaparecido no solo implica enfrentarse al silencio del Estado, sino también jugarse la vida. Así lo dejó claro Socorro Gil, integrante del colectivo Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco, quien acudió a decirle en la cara al Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, lo que aquí ya sabemos: la tragedia no solo continúa, sino que se castiga.

Desde 2018, Socorro busca a su hijo Jonathan Romero Gil, desaparecido —porque así le dicen en el lenguaje institucional— por nueve policías en Acapulco. Es decir, no se perdió: se lo llevaron quienes juraban protegerlo. En ese contexto, le soltó a Türk una cifra que debería incendiar cualquier oficina pública: 35 familiares de desaparecidos han sido asesinados en México. Ocho de ellos, mientras hacían el trabajo que el Estado abandonó: buscar.

El Alto Comisionado escuchó. Doce testimonios. Cero comentarios. Un silencio diplomático que, en territorio mexicano, suele traducirse como “gracias por su denuncia, la archivaremos junto a las demás”. Aun así, Socorro mantiene la esperanza —o la terquedad— de que algo se mueva. Que el Estado reaccione. Que deje de fingir.

Porque en Guerrero, la cosa no es que falle el sistema: es que ni siquiera existe. No hay ley estatal en materia de desaparición forzada. No hay garantías. No hay respeto para las madres buscadoras. Lo que sí hay es abandono institucional perfectamente administrado.

“Vaya usted a Guerrero”, le dijo Socorro a Türk, casi como reto, casi como advertencia. Que vea por sí mismo que las familias salen a buscar fosas sin apoyo, sin protección y, muchas veces, con la certeza de que podrían no regresar.

La escena no es nueva, pero sí cada vez más obscena: colectivos haciendo de peritos, policías ausentes o implicados, gobiernos maquillando cifras y organismos internacionales tomando nota en voz baja. Mientras tanto, la desaparición en México —como bien dijo Socorro— no es pasado: es presente continuo, herida abierta y política pública no declarada.

Porque si algo dejó claro esta reunión es que aquí no solo desaparecen personas. También desaparece la responsabilidad del Estado, sustituida por censos opacos, datos ambiguos y discursos que intentan convertir el horror en estadística manejable.

Socorro Gil habló en representación del Campamento de Las y Los Desaparecidos de la Ciudad de México. Pero en realidad, habló por miles. Y lo hizo en un país donde decir la verdad sigue siendo una actividad de alto riesgo.

Con informacion: ELNORTE/

LA «JUSTICIA le HIZO REBAJITA y el YA esta en OFERTA»: «LIBERAN FEMINICIDA de ALEXIS SENTENCIADO 19 AÑOS de CARCEL por MATAR a su NOVIA»…matas, negocias…y vuelves al mercado (literal).


En México, donde todos somos iguales ante la ley, no ante quienes la administran, la justicia no siempre castiga: a veces aplica descuentos. Y el caso de Sergio Arturo parece sacado de un catálogo de rebajas penales: asesinas, negocias, cumples la mitad… y listo, de regreso a la vida civil, con perfil activo en apps de citas.

El sujeto, hoy de 33 años, fue sentenciado en 2017 a 19 años de prisión por un crimen que no admite matices: ejecutó a balazos a su ex novia de 17 años, Alexis Gabriela García, y dejó lesionadas a su madre y hermana cuando intentaron defenderla. No fue un arrebato ambiguo ni una escena confusa: irrumpió en su casa y disparó al cuello. Punto.

Pero el sistema tiene sus propios atajos. Gracias a un juicio abreviado —esa figura donde la verdad se simplifica y la pena se negocia— y al compromiso de pagar gastos médicos (que superaban el millón de pesos), la condena quedó en 19 años. Ya desde ahí, la justicia empezaba a regatear.

Lo verdaderamente surrealista llegó después: al cumplir apenas la mitad de la pena, un juez decidió que el feminicida ya estaba listo para reincorporarse a la sociedad. Cambio de medida cautelar, puerta abierta, y el 12 de febrero salió del Penal de Cadereyta como quien termina un trámite administrativo.

¿Reinserción social? Tal vez. ¿Memoria, reparación, riesgo? Esos parecen detalles secundarios.

La historia se volvió viral no por un informe judicial ni por transparencia institucional, sino por algo mucho más mundano: un perfil en Bumble y Badoo. Sí, el mismo hombre que asesinó a su ex pareja ahora se promociona como opción sentimental en plataformas de citas.

“Un día asesinas y al otro te vendes como buen partido”, reclamó una usuaria en redes. Y la pregunta que queda flotando no es menor: ¿quién decidió que ya era momento de volver al mercado… sin siquiera advertir el historial?

Porque aquí no solo hay un feminicidio. Hay una cadena de decisiones institucionales de un juez acordeonista que transformó un crimen brutal en un expediente negociable, luego en una condena recortable, y finalmente en una libertad administrada.

La justicia, en este caso, no absolvió al culpable. Hizo algo más inquietante: lo dosificó en favor de otro macho alfa.

Con informacion: ELNORTE/

«AHORA SI,TODOS LIBRES»: «JUSTICIA SIN FRENOS DISUELVE la TRAGEDIA del TRENAZO en PAPEL»…con fórmula elegante inquietante del acuerdo reparatorio.


En México, la justicia también viaja en tren… pero sin frenos y con destino incierto. La última estación de esta ruta surrealista la marca una jueza federal que decidió apagar el caso del accidente del Tren Interoceánico en Oaxaca —14 muertos y decenas de heridos— con una fórmula tan elegante como inquietante: todos libres, gracias a la magia del acuerdo reparatorio.

Diana Isabel Ivens Cruz, jueza de control en Cintalapa, Chiapas, decretó la extinción de la acción penal contra el conductor Felipe de Jesús Díaz Gómez y el jefe de despachadores Ricardo Mendoza Cerón. Ambos estaban tras las rejas en El Amate, pero la justicia mexicana, siempre creativa, encontró una salida administrativa para un problema penal: si hay firmas, hay perdón; si hay compensación, no hay delito.

La decisión no cae del cielo. Llega después de que la Fiscalía General de la República, encabezada por Ernestina Godoy, anunciara el 8 de abril que 145 víctimas firmaron un acuerdo con el Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec —empresa bajo control de la Secretaría de Marina— para “resarcir el daño”. Traducido al lenguaje realista: el Estado negocia consigo mismo, paga con recursos públicos y, acto seguido, borra responsabilidades penales. Un círculo perfecto.

Porque aquí no solo se indemniza a las víctimas; también se indemniza al sistema. El mensaje es claro: cuando la tragedia tiene sello oficial, la solución es administrativa, no judicial. Y así, lo que en cualquier otro contexto sería un caso de homicidio culposo con consecuencias penales, se convierte en un expediente archivado por consenso.

El único que no alcanzó boleto en esta operación de limpieza es el maquinista Emilio Erasmo Canteros Méndez, quien permanece prófugo. La narrativa oficial lo señala —junto con el “exceso de velocidad”— como causa del siniestro. Un sospechoso ideal: ausente, sin voz y útil para cerrar el relato sin incomodar a la estructura.

Mientras tanto, la pregunta incómoda sigue sin abordarse: ¿cómo un proyecto ferroviario estratégico, operado por una empresa estatal vinculada a la Marina, termina en una tragedia atribuida a factores individuales y resuelta con chequera pública? La respuesta, por ahora, no está en los tribunales.

Está en los acuerdos.

Y en la velocidad —no del tren—, sino de una justicia que, cuando conviene, corre más rápido para desaparecer que para esclarecer.

Con informacion: ELNORTE/

«SI HAY GARROTE todos ALCANZAN»: EL «EJERCITO ESTUVO en el OPERATIVO CHIHUAHUA y NO HAY NO SUPE o NO SABÍA»…asi se desmantelan laboratorios y pieza por pieza la versión oficial.


Elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional apoyaron a la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua en los operativos contra narcolaboratorios, en los que habrían participado agentes de Estados Unidos, presuntamente de la CIA, en una acción que no había sido informada al Gabinete de Seguridad federal.

Pero resulta que en Chihuahua y tras el reproche que siguió al escandalo,algunos actores desaparecieron del encuadre oficial, como si nunca hubieran estado ahí.

Porque mientras desde EE.UU la Casa Blanca pide un poco de empatía por los muertos a la Presidenta Claudia Sheibaum,la narrativa federal hipocrita se enreda políticamente con el gobierno panista de esa entidad por la presencia —incómoda, ilegal o simplemente inexplicable— de agentes de la CIA en la Sierra Tarahumara, hay un detalle que convenientemente se intenta diluir: el Ejército mexicano no sólo estaba enterado, estaba adentro.

La propia Fiscalía estatal lo dijo sin rubor: durante tres meses, mandos militares trabajaron hombro con hombro con la Agencia Estatal de Investigación en los operativos que derivaron en el desmantelamiento de campamentos y narcolaboratorios en Guachochi y Morelos. No fue una visita de cortesía ni un apoyo marginal. Fue una investigación conjunta, planificada, sostenida y ejecutada con participación castrense.

El fiscal César Jáuregui lo confirmó con números: unos 40 elementos de la Defensa acompañaron a cerca de 80 estatales. Pero fuentes militares elevan la cifra a 73 soldados en campo. ¿La misión oficial? “Seguridad periférica”. Una expresión elegante para decir: estaban ahí cuidando todo mientras el operativo se ejecutaba.

Y aquí viene el giro digno de teatro del absurdo: esos mismos mandos castrenses aseguran que no tenían idea de que había agentes estadounidenses en el operativo. Que no preguntan quién es quién. Que no verifican identidades. Que, básicamente, cualquiera puede ponerse uniforme mexicano, subirse al operativo… y pasar desapercibido.

Sí, agentes de la CIA —según reportes internacionales— operando disfrazados con uniformes de la AEI, en territorio mexicano, en operativos contra el narco, sin que el Ejército “se diera cuenta”.

La explicación no sólo es débil; es institucionalmente alarmante.

Porque entonces hay dos opciones, ambas preocupantes:

Una: el Ejército participó en operativos donde había agentes extranjeros infiltrados sin saberlo, lo que exhibe un nivel de descontrol operativo difícil de justificar.

Dos: sí sabían, pero ahora se recurre al clásico deslinde burocrático para evitar el costo político y diplomático.

La Federación insiste no fue informada, la SRE envía notas diplomáticas de extrañamiento y el Senado arma “reuniones de trabajo” para lanzar acusaciones a la carta amparándose en una ley retrograda que si se aplica a «rajatabla» ,todos estarían detenidos,extranjeros,policias y militares,desconociendo de tajo el propósito encomiable del operativo donde hay que resaltar la cooperación,no castigarla en beneficio del narco.

Que dice la Ley: 

La escena de Chihuahua no solo huele a ilegalidad política: a la luz de la Ley de Seguridad Nacional, parece expediente penal listo para judicializarse si la norma se aplicara a rajatabla.

1. El marco duro de la Ley: agentes extranjeros no son “turistas tácticos”

La reforma de 2020 por decreto doloso de Andres Manuel Lopez Obrador para cerrar el paso a la colaboración definió con toda claridad qué es un “agente extranjero”: funcionario que en su país hace funciones policiales, de inspección, supervisión o técnicas especializadas. Eso encaja quirúrgicamente con agentes de la CIA que participan en operativos antinarco, aunque se disfracen con uniforme de la AEI.

Estos agentes solo pueden estar temporalmente en territorio nacional con fines de intercambio de información y dentro de convenios bilaterales expresos, con acreditación y circunscripción territorial autorizada por SRE, en acuerdo con Seguridad, Sedena y Marina. Cualquier presencia operativa fuera de ese cauce no es “cooperación”, es violación directa de la Ley de Seguridad Nacional.

2. Prohibiciones claras: lo que la CIA hizo está expresamente vedado

El artículo 71 es casi un retrato hablado del caso Chihuahua, pero en negativo. La ley dice que los agentes extranjeros:

  • Solo pueden hacer actividades de enlace e intercambio de información, según su acreditación.
  • No pueden ejercer facultades reservadas a autoridades mexicanas ni aplicar leyes extranjeras en territorio nacional.
  • Tienen prohibido realizar o inducir a terceros a realizar detenciones, actos que priven de la libertad, allanamientos o cualquier conducta violatoria de la Constitución y leyes mexicanas.

Si agentes de la CIA participaron operativamente en el desmantelamiento de un narcolaboratorio, se movilizaron armados en convoy, se camuflaron con uniformes de una corporación mexicana y se introdujeron a una zona de riesgo como parte del operativo, eso excede por completo el “enlace de información” permitido. Más aún si, según se ha reportado, intervenían en labores propias de una fuerza de seguridad y murieron en un accidente en plena operación en la sierra.

En términos de la ley, eso se ve más como ejercicio de funciones reservadas al Estado mexicano que como mera presencia de observadores.

3. Responsabilidad de servidores públicos mexicanos: no hay “yo no sabía”

El artículo 70 es despiadado con los pretextos. Todos los servidores públicos —federales, estatales, municipales, de poderes y organismos autónomos— están obligados a:

  • Apegarse a la Ley y a los lineamientos del Consejo de Seguridad Nacional en su relación con agentes extranjeros, bajo pena de responsabilidad administrativa o penal.
  • Entregar a SRE y a Seguridad y Protección Ciudadana, dentro de los tres días siguientes, un informe por escrito de cualquier reunión, intercambio de información, llamada o comunicación con agentes extranjeros.
  • Celebrar reuniones con agentes extranjeros solo si fueron previamente autorizadas por el Grupo de Alto Nivel de Seguridad y con presencia obligatoria de un representante de SRE.

Traducido al caso Chihuahua, si hubo operación coordinada con personal de la CIA en campo, cualquier autoridad estatal o municipal involucrada que no haya tramitado autorizaciones vía Grupo de Alto Nivel y no haya informado por escrito a SRE y SSPC, está en zona de responsabilidad directa. Y aquí hablamos de Fiscalía estatal, mandos de seguridad locales y cualquier autoridad que haya tratado con los estadounidenses, aunque los vistieran de AEI para “camuflajearlos”.

4. El papel del Ejército: de “seguridad periférica” a corresponsabilidad

Sedena alega que había 73 militares solo “en seguridad periférica” y que no sabían que ahí andaban agentes estadounidenses. La Ley de Seguridad Nacional, sin embargo, coloca a la Defensa Nacional como actor clave en la acreditación y supervisión de agentes extranjeros: SRE debe acordar con Sedena, Marina y Seguridad la acreditación y circunscripción territorial de cada agente.

Si hubo agentes de la CIA operando sin que Sedena estuviera formalmente enterada, tenemos dos escenarios igualmente graves a la luz de la ley:

  • El Estado mexicano no controló quién entra, dónde y a qué viene un agente extranjero, fallando en la supervisión que el propio artículo 73 obliga a ejercer “en todo momento”.
  • O sí sabían, pero ahora simulan ignorancia para eludir la corresponsabilidad que el mismo marco normativo impone a las autoridades que supervisan o colaboran con esos agentes.

La coartada de “no pedimos la identidad de cada agente con el que colaboramos” choca de frente con un sistema normativo que exige acreditación, circunscripción territorial y supervisión constante. Es como presumir que se cumple la Ley de Seguridad Nacional… sin checar quién demonios está pisando el territorio.

5. Supervisión, sanciones y lo que la ley realmente ordena hacer

La ley no solo autoriza cooperación; también establece el garrote.

  • El Gobierno de México debe supervisar “en todo momento” el cumplimiento de las obligaciones legales por parte de los agentes extranjeros.
  • Si un agente extranjero incumple, el Gobierno debe solicitar su retiro y queda sujeto a sanciones en términos de las leyes mexicanas.
  • Si se prueba que un gobierno extranjero, vía sus agentes, incita o promueve cohecho, privación ilegal de la libertad o sustracción de habitantes para llevarlos a juicio a otro Estado, México debe suspender el convenio bilateral respectivo y prohibir actividades de esos agentes en territorio nacional; las autoridades responsables de supervisión son corresponsables y serán sancionadas.

Aplicado de forma estricta, el caso Chihuahua no es un “malentendido diplomático”: es un expediente que obligaría a investigar si se violaron prohibiciones del artículo 71, si se omitieron informes del 70, si se incumplió la supervisión del 73 y si hay corresponsabilidad de autoridades mexicanas por permitir, encubrir o normalizar operativos con agentes extranjeros camuflados. Si se siguiera la letra de la ley, mínimo habría que abrir investigaciones administrativas y penales, revisar convenios de cooperación y, en su caso, suspender o restringir actividades de agencias estadounidenses en materia de seguridad.

6. Colofón irreverente: todos jurando la ley… para luego hacerse los distraídos

La Ley de Seguridad Nacional trató de ponerle correa legal a las agencias extranjeras: acreditación, territorialidad, informes mensuales, reuniones supervisadas, nada de operativos tipo película gringa en la sierra. El caso Chihuahua muestra justo lo contrario: agentes de la CIA operando camuflados, autoridades locales coordinando en corto, militares “en perímetro” y un Gobierno federal que dice no haber sido informado.

Si uno se pone en modo fiscal implacable y soslaya lo importante de una colaboración fluida, lo que se ve no es una anécdota de cooperación fallida, sino un cúmulo de posibles transgresiones a la Ley de Seguridad Nacional por parte de agentes extranjeros y servidores públicos mexicanos que debieron saber, informar, supervisar y, en su caso, detener lo que hoy todos fingen descubrir con cara de sorpresa institucional. La ley está escrita para que nada de esto pase; la realidad se encargó de demostrar quién la recita… y quién la pisotea.

Pero el problema no es sólo quién invitó a la CIA a la fiesta.

El problema es que los anfitriones —militares y autoridades locales— estaban en la sala, sirviendo las bebidas… y ahora dicen que no vieron a los invitados.

Porque en Chihuahua no sólo se desmantelan narcolaboratorios.

También se desmantela, pieza por pieza, la versión oficial hipócritamente dolosa y con alto contenido politico con porra en la redes con instrucciones para aporrear en sombre de la soberanía que perdimos internamente cuando el narco colonizó el territorio.

Tal vez con el animo de que los ciudadanos no volteen a ver la cifras con seriedad y sin animo propagandistico.

Con informacion: ELNORTE/