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viernes, 8 de mayo de 2026

«ELLA TAMBIÉN HA PEDIDO EXTRADITADOS»:»SHEINBAUM en SOLO 5 DESMAÑANADAS PIDIÓ 103 VECES PRUEBAS a EE.UU del O_CASO ROCHA»….pero ninguna con 90 capos que ya cruzaron el rio.


La presidenta Claudia Sheinbaum salió otra vez al ruedo con su acto de circo favorito: malabares con la palabra “pruebas” mientras intenta justificar lo injustificable, la protección política disfrazada de trámite burocrático y de “soberanía” en favor del Morenista gobernador con licencia de Sinaloa,Ruben Rocha Moya.

El show de “las pruebas”

Según el recuento, en cinco mañaneras la presidenta Shamos ha dicho “pruebas” 103 veces, como si repetirla muchas veces la convirtiera mágicamente en estado de derecho y no en coartada mediática.

Ayer el fiscal de Estados Unidos anunció que van por más narcopolíticos mexicanos y hoy, en lugar de entrarle al tema de fondo, ella volvió a su libreto: pruebas, pruebas, la prueba, y más pruebas.

Se burló otra vez de las listas de sobornos presentadas por el Departamento de Justicia, las mismas que apuntan a un pacto entre “los Chapitos” del cártel de Sinaloa y funcionarios y exfuncionarios del gobierno de Sinaloa. Es decir, hay indicios serios de narcopolítica… pero para la presidenta, mientras no diga “Juanito, credencial, CURP, RFC y comprobante de domicilio”, no cuenta.

Cuando la hoja de “Juanito 30 mil pesos” es la gran prueba

Luego vino la parte surrealista: “la única prueba que tienen la mostramos aquí, una hoja de papel que dice Juanito 30 mil pesos”. Es un nivel de desdén tan grotesco que hasta da para darle, en primera instancia, la razón: sí, si todo el caso fuera una servilleta con “Juanito 30 mil pesos”, cualquiera con tantita seriedad diría “oigan, esto no aguanta ni en juzgado civil, menos en penal”.

Pero entonces recuerdas que no es un meme de Twitter, es la presidenta hablando de investigaciones de la justicia de otro país contra narcopolíticos mexicanos. Ahí es donde se le cae el truco: caricaturiza las listas de sobornos para minimizar el fondo, que es una red de dinero, favores y protección política al narco, no un post‑it perdido en la oficina.

La extradición como pelota de ping pong

Para rematar, Sheinbaum reclama que Estados Unidos “también haga su parte”, que México ha pedido extradiciones y “nada”, sacando la lista: más de 90 personas enviadas por México, cuatro por huachicol que no han mandado, dos por Ayotzinapa que tampoco han llegado. 

Ahí, de nuevo, habría que concederle un punto: el tratado de extradición es de ida y vuelta, y Washington suele ser muy hábil para exigir y muy lento para cumplir cuando se trata de sus propios protegidos.

Hasta ahí, bien: sí, es legítimo reclamar reciprocidad. El problema es usar esa queja como cortina de humo para no responder lo esencial: por qué el gobierno mexicano no ha entregado –ni tocado– a ciertos personajes políticos señalados en esas listas de sobornos, y por qué cada vez que se menciona a un gobernador, exgobernador o funcionario, la respuesta automática es “pruebas, pruebas, pruebas” mientras se protege el statu quo.

Violentando de paso las formalidades del tratado firmado por Mexico que con 90 anteriores, no le importó.

“No protegemos a nadie”… pero

La frase estrella: “nosotros no protegemos a nadie, pero para detener a alguien tiene que cumplirse con la ley mexicana”. Le compras la primera parte tres segundos… hasta que recuerdas que esa “ley mexicana” se invoca selectivamente: para enemigos políticos, basta una carpeta mal armada; para amigos incómodos con cola que les pisen, exigen estándar suizo de evidencia.

Y ahí es donde la razón que parecía tener la presidenta se desmorona: sí, no se trata de venganzas ni de entregar mexicanos por capricho de otro país, pero tampoco de blindar narcopolíticos bajo el pretexto de “pruebas” mientras el propio gobierno se burla de indicios serios que, por lo menos, ameritan investigación real y no chiste mañanero que no nos hace reír y algo peor, hace enojar a EE.UU.

Con informacion: Carlos Loret/

"ESO es EFICIENCIA CORRUPTORA": "CHAPITOS RECLUTARÓN GENERAL que DIRIGIA ESCUELA MILITAR de INTELIGENCIA y CUARTETO de MANDOS de POLICIAS de CARRERA"...todos subieron como las palmas y todos van a caer como cocos.

En Sinaloa no se improvisa la corrupción: se profesionaliza. La acusación presentada en la Corte del Distrito Sur de Nueva York no describe a un puñado de policías descarriados, sino a un cuadro directivo completo, con currículum, antigüedad y, sobre todo, tarifa mensual bien definida al servicio de “Los Chapitos”.

Porque aquí no hablamos de novatos. Los cinco mandos policiacos requeridos por la justicia estadounidense no llegaron por accidente ni por error administrativo: son producto de décadas dentro del aparato estatal y, en algunos casos, de formación militar. Es decir, el Estado no fue infiltrado; fue reciclado.

Encabezando esta nómina paralela aparece el general en retiro Gerardo Mérida Sánchez, ex Secretario de Seguridad Pública de Sinaloa durante el gobierno de Rubén Rocha Moya. 

Un perfil que, en teoría, representa disciplina, inteligencia y control institucional… y que, según el gran jurado neoyorquino, cobraba alrededor de 100 mil dólares mensuales por garantizar exactamente lo contrario. No es menor el detalle: Mérida fue director de la Escuela Militar de Inteligencia. En otras palabras, el encargado de formar cerebros para la seguridad nacional terminó rentando el suyo al mejor postor.

El modelo no era aislado, sino sistemático. Marco Antonio Almanza, con tres décadas en la Policía de Investigación, habría encontrado en “Los Chapitos” un patrón más generoso: 300 mil pesos mensuales por permitir la producción de drogas y, de paso, usar la fuerza pública como brazo selectivo para detener rivales. No es corrupción, es outsourcing criminal con placa.

La estafeta no se cayó cuando lo relevaron. Alberto Jorge Contreras Núñez tomó el cargo… y también la mensualidad. La continuidad institucional, pero aplicada al cobro de sobornos. Entre 2022 y 2026, según la acusación, el flujo de dinero siguió tan estable como cualquier programa gubernamental que sí recibe presupuesto.

El entramado se completa con perfiles igualmente “experimentados”: José Antonio Dionisio Hipólito, subdirector de la Policía Estatal durante cinco años, y Juan Valenzuela Millán, “Juanito”, comandante municipal en Culiacán por seis años. Trayectorias largas, responsabilidades altas y, presuntamente, una misma línea de mando real: la del crimen organizado.

La constante no es solo la corrupción, sino la calidad del reclutamiento. “Los Chapitos” no necesitan infiltrarse en instituciones débiles; seleccionan cuadros ya formados por el propio Estado. Policías de carrera, mandos con experiencia, militares con entrenamiento en inteligencia. El mensaje es claro: el problema no es la falta de capacidad institucional, sino para quién se utiliza.

Y mientras tanto, la narrativa oficial seguirá hablando de “casos aislados”, como si cinco mandos de alto nivel, operando durante años y cobrando de manera sistemática, fueran una coincidencia estadística y no una estructura funcional.

En Sinaloa, al parecer, la lealtad institucional sí existe. Solo que tiene precio… y se paga en dólares.

Con informacion: ELNORTE/ Imagen.Valenzuela Millan/@Crux1469

LA «ESCOLTA NEGRA de la CONCIENCIA PRIETA»: «NARCOROCHA el que YA NO PUEDE DORMIR quiso DISEÑAR POLITICA de ESTADO para HABLAR con NARCOS PERSONALMENTE en PERSONA…al estilo de Americo en Tamaulipas.


Dormir no debería ser un lujo, pero asi se ha vuelto no solo en Sinaloa ,en buena parte de México,ahora es una especie de doble termómetro moral que no deja dormir ene sta entidad a los que algo saben, los que nada deben y todo temen por culpa del que todo sabia y ahora todo le saben.

Rubén Rocha Moya insistia en proyectar calma, institucionalidad, control. La narrativa oficial era casi un arrullo: aquí no pasa nada, aquí todo está bajo control, aquí el gobernador vela por todos. Y sin embargo, allá afuera, las balas no respetan discursos ni conferencias mañaneras recicladas. Allá afuera, la noche sigue siendo territorio disputado por bandos de la misma banda que fueron solapados por el hombre que añoraba la banda…la presidencial,a cualquier costo y cualquier saldo, mas de 200 mil muertos y 132 mil desaparecidos,eso no es de gente buena.

EL problema no era solo la sospecha —persistente, incómoda— de Rocha Moya y su estrecha cercanía con actores criminales,el problema es lo que eso implica para la vida cotidiana del resto: cuando el poder se mezcla con la sombra, el sueño deja de ser descanso para todos y empiezan a pagar el precio de esa “tranquilidad” oficial de la paz mafiosa.

Ruben Rocha Moya,desde sus propias palabras, nos dejó evidencia de sus intentos por normalizar lo anorma cuando pretendio casi convertir en ley e parlar con narcos sin personeros.

Es decir, proponía que fuera política de estado el «bigote a bigote con narcos», un personalmente en persona, ya sin hipocresias,al estilo de su gemelito en mañas del mismo partido en Tamaulipas,Americo Villarreal.

Dormir bien, en este contexto, es casi un acto político.

No hablamos del insomnio por estrés o café de más. Hablamos de ese dormir profundo que viene cuando no tienes que mirar sobre el hombro, cuando tu nombre no aparece en una libreta equivocada, cuando no dependes de acuerdos inconfesables para sostener tu posición. Ese dormir que no necesita escoltas, ni comunicados, ni narrativas de control.

Andrés Manuel López Obrador apostó por Rocha Moya como un hombre confiable, casi como una extensión de su proyecto. Pero hay apuestas que no solo se pierden: se pudren. Y cuando eso ocurre, no basta con insistir en el discurso; el costo lo absorbe la gente que ya no puede dormir igual.

Aquí es donde la reflexión se vuelve incómoda pero necesaria: el verdadero privilegio no es el cargo, ni la cercanía al poder, ni la capacidad de imponer versiones. Es la libertad. Y la libertad, en su forma más básica, se parece mucho a dormir sin miedo.

Dormir sin tener que deberle nada a nadie.

Dormir sin que el silencio sea comprado.

Dormir sin que la noche pertenezca a otros.

Esa es la invitación —aunque suene irónica— que deja este escándalo: no aspirar al poder a cualquier costo. No romantizar la cercanía con quien controla desde las sombras. No normalizar que gobernar implique negociar con lo que destruye.

Porque al final, el poder puede blindarte… pero no necesariamente te deja dormir.

Y en un país donde cada vez más gente pierde el sueño por razones que el gobierno no quiere nombrar, quizá la verdadera resistencia empieza ahí: en negarse a vivir de rodillas… aunque eso implique pasar noches más incómodas, pero infinitamente más dignas.

Con informacion: @Redes/medios

«SHEINBAUM SÍ está ACTUANDO: «PRESIDENTA TEATRERA PROTAGONIZA PUESTA en ESCENA e INTERPRETA a UN ESTADO que FUNCIONA»… aunque sus intereses no coincidan con los del país.»


Cuando el Presidente de EE.UU, Donald Trump, amenaza con mandar “fuerza terrestre” si México “no hace su trabajo”, Sheinbaum respondio ayer con un “nosotros estamos actuando” y SI,si esta actuando. No como jefa de un operativo cruelmente eficaz, sino como protagonista de una puesta en escena donde el Estado interpreta a un Estado que funciona.

Actúa frente a Trump, actúa frente a la ONU, actúa frente a las cámaras, actúa frente a las familias,actua payasadas que se le ocurren cuando algo ocurre, siempre buscando el mejor ángulo de luz, nunca el peor ángulo de la verdad. El teatro puede estar lleno o medio vacío, pero la función sigue, porque la consigna no es arreglar el país, sino sostener el personaje que esta actuando como Presidenta,pero es la encargada del despacho de la presidencia.

Sí está actuando… porque esto es teatro.

Escena 1: Palacio Nacional, teatro de la soberanía

El telón mañanero se abre y vemos un escenario perfectamente iluminado: banderas, sellos oficiales, militares de utilería y el atril con escudo nacional al centro. La presidenta entra en escena, se acomoda el micrófono como quien toma la espada del protagonista y suelta su línea estrella: “nosotros estamos actuando”.

No es una conferencia, es una función diaria. El público de galería aplaude, la claque paga corea, y aunque afuera se escucha el ruido lejano de balaceras y sirenas, el diseño sonoro del teatro sube la música patriótica para tapar cualquier disonancia. La realidad no se cancela: se amortigua con reflectores.

Escena 2: El guion de las cifras

En bambalinas, un coro de asesores revisa el libreto de las estadísticas. Aquí nadie improvisa datos: cada porcentaje entra a cuadro como personaje secundario con misión específica. Cuando la barbarie crece, el guion ordena cambiar de plano: en lugar de mostrar el país entero, se recorta un pedacito del tiempo donde la curva parece bajar.No importa que el momento sangriento sea pose,lejos de convertirse en actitud,se festeja ,se celebra y luego lo defiende la jauría de prepago en redes.

Las cifras de homicidios tan solo basta con analizarlas con seriedad para advertir que no son números, son actores de reparto disfrazados de “logro histórico”. Las desapariciones no son tragedias, son “inconsistencias metodológicas” que se reescriben a puerta cerrada para que la obra no cambie de género y siga vendiéndose como drama controlable, no como horror sin director.

Escena 3: Trump, villano invitado

De pronto, aparece el antagonista perfecto: Trump, el extranjero ruidoso que amenaza con intervenir si México “no hace su trabajo”. No hay mejor recurso dramático que un villano externo para consolidar la narrativa de la heroína. El guion se ajusta: se subraya “soberanía”, se recalca “no aceptamos amenazas” y se inserta, en letras negritas, el parlamento central: “sí estamos actuando”.

En esta escena, la seguridad no es una política, es un monólogo. La pregunta de fondo —¿qué pasa realmente en las calles?— se sustituye por un duelo de diálogos. Lo que importa no es quién controla el territorio, sino quién controla la frase más contundente para el titular de mañana.

Escena 4: Extradiciones, utilería selectiva

En el segundo acto, el tratado de extradición baja del telar como un gran pergamino solemne. A veces se usa como estandarte de cooperación internacional, a veces como cortina que se cierra de golpe. Si el personaje acusado es prescindible, el guion permite ofrecerlo a otro escenario (Argentina, Estados Unidos, da igual). Si el acusado es un gobernador útil al partido, el texto cambia de golpe: ahora hay dudas, matices, tecnicismos, “falta de elementos, falta de pruebas”.

La ley, en esta obra, no es protagonista ni mucho menos juez: es utilería. Se coloca al fondo cuando estorba la trama política y se trae al frente cuando sirve para golpear a un adversario. Todo según marca el libreto del día.

Escena 5: La desaparición como truco de magia

En otro rincón del escenario, una mesa de mago. El truco favorito del montaje: hacer desaparecer a los desaparecidos… en el papel. No se trata de volver a la gente, sino de desaparecer la categoría. Se cambia la definición, se “depuran” registros, se reclasifican casos.

El público que mira desde la distancia ve números que bajan; las familias en primera fila saben que el truco solo funciona en la hoja. Pero el teatro no está pensado para ellas, sino para la cámara. La obra se llama “estamos actuando”, no “estamos encontrando”.

Escena 6: Pleito con la ONU, ruptura de la cuarta pared

Cuando entra la ONU a escena a cuestionar el montaje, la obra rompe la cuarta pared. La presidenta ya no habla solo al público interno, sino también al crítico internacional que se atreve a decir que el libreto huele a evasión. La respuesta: más soberanía, más indignación, más “nadie nos va a decir qué hacer” porque estamos «actuando».

El truco es viejo: si alguien cuestiona la obra, se le acusa de no entender “el contexto nacional”, como si la sangre fuera un fenómeno cultural y no una evidencia. Así, el elenco se protege entre sí: cualquier crítica al contenido se convierte en ataque al teatro mismo.

Escena 7: Glorificar la derrota como final feliz

En el clímax, el país sigue con territorios capturados, economías regionales sometidas a la extorsion y víctimas rebasando cualquier capacidad de duelo, pero el narrador asegura que vamos “mejor que nunca” porque el gráfico se ve menos espantoso que el del sexenio anterior que nos instalo en el puesto. Si antes mataban cada 15 minutos, ahora cada 21.

La derrota se reescribe como final feliz a base de comparación selectiva con tan solo verse al espejo.

No se derrota al crimen, se derrota a la estadística incómoda. No se colapsan las estructuras de complicidad, se colapsan renglones del padrón de desaparecidos. La obra no termina con justicia, termina con una ovación medida por encuestas.

No queda la menor duda; «SI ESTA ACTUANDO»

Con informacion: ELUNIVERSAL/

UNA «FAMILIA ENTERA BORRADA»: «GENERAL PRESUME MAS de 13 MIL SOLDADOS y CACARAQUEA PACIFICACION pero CIFRA del LEVANTADERO AVANZA a 4,000 en SINALOA»…efectividad no se mide en numero de soldados, sino afectividad en numero de vidas salvadas.


El General de tres estrellas ,Ricardo Trevilla,recien presumió en Sinaloa un ejército de mas de 13 mil soldados y hasta dijo que podria mandar malcomo si cantidad fuera sinónimo de calidad, pero aun y con todos ellos sobre el terreno y arriba de el,en los hechos esta entidad opera como Estado desaparecedor: los generales hablan de “pacificación” y las personas se siguen esfumando a un ritmo de 6.3 diarios y ya son 3,825,en unos cuantos dias mas 4,000.

La “paz” de mas de 13 mil soldados

El secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, se paró en Culiacán a anunciar que en Sinaloa tienen estacionados más de 13 mil 300 elementos del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, con 2 mil y tantos vehículos y 48 aeronaves para “garantizar la paz”.

Según su propio parte de guerra, el despliegue es permanente, con miles de fuerzas especiales y misiones de reconocimiento en todo el estado, como si Sinaloa fuera zona de ocupación militar con CIUDADAES SITIADAS,NO PROTEGIDAS.

La ola de terror en cifras

Mientras la propaganda celebra decomisos y “afectaciones económicas a los cárteles” que no se traducen en seguridad efectiva, el propio conteo de la ola de violencia, del 9 de septiembre de 2024 al 4 de mayo de 2026, registra 3,825 personas privadas de la libertad, es decir, 6.3 personas desaparecidas cada día.

En el mismo periodo se acumulan 3,192 homicidios dolosos (5.3 diarios) y 10,957 vehículos robados (18.1 diarios), un festival de impunidad que ningún parte militar puede tapar con porcentajes de supuesta “reducción” de homicidios,cuya ecuación se complica cuando se advierte que desparecer casi equivale a morir y eso catapulta las cifras.

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La matemática de Sinaloa es brutal: aunque logren presumir que el homicidio “bajó 44 por ciento”, la privación de la libertad le gana por goleada y se convierte en la estadística reina del terror.

Es la pacificación neoliberal: menos muertos en la estadística, más desaparecidos en la realidad, para que los números cuadren y las fosas también.

Una familia entera borrada

En medio de esta “seguridad reforzada”, la Comisión Estatal de Búsqueda emite fichas por cinco integrantes de una misma familia, los Cabrera Chamorro, desaparecidos desde el 29 de diciembre de 2025 en la comunidad de Chilillos, municipio de Rosario.

Padre, madre y tres hijos se desvanecieron justo en el estado que, según la DEFENSA, está recubierto de militares, vehículos artillados y aeronaves vigilando cielo, mar y tierra.

La publicación de las fichas apenas llegó el 30 de abril de 2026, cuatro meses después de la desaparición, como si la burocracia también estuviera en calidad de no localizada.

Al día de hoy, lo único que hay son teléfonos para aportar datos, mientras el Estado, que sí tuvo capacidad para llenar de soldados Sinaloa, no tiene prisa para explicar quién se llevó a la familia ni por qué nadie vio nada entre tantos uniformes.

Eficiencia militar: 13 mil contra nadie

Si cruzamos el mapa de la militarización con el mapa de las desapariciones, la ecuación es grotesca: más de 13,300 elementos federales desplegados y, al mismo tiempo, una tasa de 6.3 personas privadas de la libertad al día desde que arrancó la ola.

Es un modelo de “seguridad” en el que el Estado se mide por cuántos efectivos manda, no por cuántas personas regresan vivas a su casa.

Los partes castrenses presumen laboratorios destruidos, granadas aseguradas y toneladas de droga incinerada, pero no pueden responder la pregunta básica de Rosario: ¿dónde está la familia Cabrera Chamorro en medio de 13 mil soldados, 2 mil vehículos y 48 aeronaves que supuestamente lo ven todo ?.

La llamada “presencia disuasiva” de las fuerzas armadas terminó disuadiendo, sí, pero a las víctimas de creer que su vida vale más que una cifra en el Excel de la ola de violencia.

Cuando una familia completa puede esfumarse sin que nadie la registre, y la única reacción del Estado es poner un número de WhatsApp para denuncias, queda claro quién está realmente en control del territorio, y no son precisamente los 13 mil elementos con uniforme y banda de guerra.

Con informacion: NOROESTE/