Luego de escandalo desatado tras la sanción de la OFAC,por parte del Departamento del Tesoro de los EE.UU,que involucra al abogado Morenista,ex-asesor de Americo Villarreal Anaya,gobernador de Tamaulipas,citado profusamente por la prensa nacional, no fue asi en la prensa tradicional tamaulipeca como se advierte en los rastreos visibles, el eco ha sido más bien tímido, sin menciones al mandatario, casi como si los mariachis hubieran guardado la trompeta por orden de algún dueño de la plaza.
Lo que no sorprende, pues una operación en marcha desde el epicentro de la Comunicación Social del Gobernador de Tamaulipas, trabaja a marchas forzadas,dia y noche, para silenciar a los medios de difusión y alentar los de confusión, todo con el propósito de engañar a los contribuyentes, paradogicamente,con su mismo dinero,como advierte la evidencia.
En Tamaulipas no faltan voces, faltan corajes
Cuando Washington puso en la vitrina a Juan Pablo Penilla —abogado, operador y exasesor honorífico del gobierno de Américo Villarreal— la señal fue brutalmente clara: no era un personaje de utilería, sino alguien a quien la OFAC identifica como facilitador de servicios ilegales para el Cártel del Noreste y pieza útil para sostener la operación criminal desde la comodidad de un despacho.
Lo verdaderamente grotesco no es solo la sanción; es el teatro posterior. Aquí, donde se supone que la prensa local vigila al poder, la reacción luce como coro afinado de silencios, con notas muy cuidadas para no incomodar a quien reparte el oxígeno institucional y, de paso, el presupuesto público en forma de «cochupo,chayote o embute».
Porque el problema no es únicamente Penilla. El problema es lo que su caso destapa: una red de relaciones, fotos de la presidenta Sheinbaum pa’bajo, cargos honoríficos y puertas giratorias que durante años se maquilló como normalidad política, mientras desde Estados Unidos se describía una estructura donde el dinero, la violencia y la influencia institucional se mezclan con una facilidad obscena.
Y ahí entra la parte más cínica: si la operación de silencio existe, no solo engaña a los contribuyentes; también los financia con su propio dinero, porque la propaganda, los boletines y las lealtades compradas rara vez se pagan solas. El resultado es una prensa domesticada que a veces informa menos de lo que administra el daño reputacional del gobernante de turno.
Tamaulipas: donde los mariachis callan y la OFAC habla
La sanción del Departamento del Tesoro contra Juan Pablo Penilla dejó al descubierto algo más grave que un nombre en la lista negra: exhibió la costumbre del poder tamaulipeco de convivir con personajes que después intenta borrar de la foto. Penilla no era un desconocido; fue presentado como asesor honorífico de Américo Villarreal, y hoy Washington lo coloca como pieza funcional en la red de apoyo al Cártel del Noreste.
La prensa tradicional tamaulipeca, por su parte, parece haber entrado en modo bolero: mucho arreglo, poca letra. El asunto amerita preguntas elementales que nadie en el circuito oficialista quiere formular con precisión: ¿quién lo llevó, quién lo protegió, quién lo legitimó y quién recibió la orden de bajar el volumen cuando estalló la sanción ?.
Porque aquí no estamos frente a una anécdota, sino ante una operación política de encubrimiento por omisión. Y si el dinero público sostiene a quienes callan, entonces el contribuyente termina pagando la mordaza con la misma caja chica con la que se compra la simulación.
Con informacion: @Redes/ medios/

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