Rubén Rocha Moya no ganó Sinaloa en 2021: se lo entregaron a balazos, levantones y con un delegado de Morena llamado Américo Villarreal que hoy gobierna gobernado por el crimen en Tamaulipas,luego de representar a Morena en funciones de delegado estatal y operar como franquicia del narco–partido nacional.
La “competencia” que nunca existió
Mario Zamora lo dice sin rodeos: eso de que “compitió” dos veces contra Rubén Rocha es casi un chiste negro; en 2018 por el Senado y en 2021 por la gubernatura, pero hoy, con el expediente ya abierto en Estados Unidos contra Rocha, la narrativa de “elección democrática” se cae a pedazos.
El propio Zamora suelta la frase que, en un país normal, debería perseguir al régimen: “si yo fuera gobernador, nada de esto estaría pasando”, refiriéndose al lodazal de Sinaloa, donde ya se hablaba de playas, mariscos, balas, levantones y ahora el gobernador oliendo a carpeta de investigación internacional, tras ser solicitada su detención provisional con fines de extradición a EE.UU
La ingeniería del “triunfo”: mil levantados y una metralleta
El libreto de la “victoria” de Rocha y Americo en 2021 no fue propaganda, fue terrorismo electoral que fue denunciado incluso ante la OEA.
Zamora cuenta que el jueves antes de la elección, comando entra a la casa del secretario de Elecciones del PRI en Sinaloa, Alberto Salas: se lo llevan a punta de pistola, lo golpean, lo marcan y luego lo sueltan, porque lo que querían no era el hombre, era el archivo vivo de la estructura electoral: nombres, direcciones, responsables de casilla, representantes generales, toda la red que hace funcionar una elección.
Zamora dice que no fueron 100 ni 500, que él guardó los mensajes: cerca de mil personas —o más— levantadas o amedrentadas antes de la jornada electoral, pura cirugía de miedo para vaciar la operación de la oposición.
No es anécdota de café: una candidata a diputada local es levantada el sábado en la noche y retenida; al día siguiente, domingo a las 8 am, antes de abrir casillas, la candidata de Badiraguato (que tres años antes había arrasado en votos) le llama llorando a Zamora para decirle que va a ir a la radio a pedir el voto por Morena y bajarse de la contienda porque se acaban de llevar a su hermano.
Y la frase que mata cualquier cuento de “pueblo libre y consciente” es demoledora: puedes competir con menos dinero, puedes competir contra programas sociales, pero no puedes ganar contra alguien que llega a la elección con una metralleta atravesada.
Américo Villarreal: el delegado que sale raspado en la película
En esta película de Morena–narco, el casting no fue accidental: Américo Villarreal funge como delegado del CEN de Morena en Sinaloa para la elección de 2021, la misma elección en la que esa maquinaria de levantones, amenazas y terror amarró la gubernatura para Rubén Rocha.
No es cualquier delegado: es el mismo Américo que luego salta al escaparate nacional como gobernador de Tamaulipas, y que hoy aparece en los relatos y filtraciones como parte del ecosistema donde el crimen organizado no es “riesgo” sino socio operativo del proyecto político.
Mientras Zamora describe mil operadores desaparecidos de facto y candidatas obligadas a rendirse en vivo para salvar a sus hermanos, el dato público termina de encuadrar el cuadro: Rocha agradeciendo la “gran labor” de Villarreal como delegado de Morena en el proceso sinaloense de 2021, justo la elección que hoy huele a expediente en cortes de Estados Unidos.
El narco–proceso: de Sinaloa a Tamaulipas, mismo modelo de franquicia
El guion se repite con precisión de manual:
- En Sinaloa 2021, delegado del CEN de Morena: Américo Villarreal; candidato: Rubén Rocha; contexto: levantones masivos, operadores electorales neutralizados y estructura de oposición desmantelada a la mala.
- Años después, Rocha aparece señalado por autoridades estadounidenses por presuntos vínculos con crimen organizado y corrupción, mientras se exhiben versiones de maletas de dinero del narco entrando a campañas.
- Paralelamente, Américo se consolida como gobernador de Tamaulipas, mientras su nombre empieza a colarse en la misma película: esa donde el narco ya no solo atraviesa la política, la administra.
La frase que encuadra todo esto es casi una confesión del sistema: “el tiempo pone las cosas en su lugar”. En este caso, las está poniendo en tribunales gringos, porque en México la fiscalía de la Republica no solo prefiere no mirar,esta defendiendo al gobernador Rocha Moya cuyas elecciones se convirtieron en simulacros supervisados por gente con R-15 y cuernos de chivo.
El costo: un estado secuestrado y una elección podrida
Zamora lo deja claro: Sinaloa debería estar en el mapa por su gente trabajadora, por la gastronomía, por sus playas; en cambio, aparece en los encabezados por la narcocracia que convirtió la contienda de 2021 en una operación de guerra asimétrica contra ciudadanos y candidatos.
No fue una derrota política, fue una elección levantada: mil operadores desaparecidos del territorio, candidatas obligadas a traicionarse en radio para salvar a sus familias, un delegado de Morena que hoy gobierna Tamaulipas, y un gobernador de Sinaloa ya bajo la lupa de Estados Unidos. Eso no se llama “alternancia democrática”, se llama ocupación.
Con informacion: @Redes/

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