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domingo, 19 de abril de 2026

«ACTIVAN PROTOCOLO LAMENTOS»: «FUNCIONARIO ACABABA de DECIR que CRIMEN solo MATA ACTORES de CELULAS DELICTIVAS y MATAN al HIJO de SUBSECRETARIO»…aun no se enfriaba el discurso cuando la realidad decidió desmentirlo.


Mientras el Secretario de Gobierno de Morena en Oaxaca, Jesús Romero López aseguraba que los asesinatos que se han presentado en Juchitán de Zaragoza, solo van dirigidos «a actores o elementos a vinculados a células delictivas» y esbozaba la flamante estrategia “Oaxaca Segura”, la realidad volvió a redactarse a balazos, pues David López Valdivieso, hijo del subsecretario de Desarrollo Político, Angelino López Cortés, fue ejecutado tras un ataque armado que dejó tres víctimas. Sí, tres. Porque en México la violencia rara vez viene sola: llega en paquete y sin previo aviso, aunque el discurso oficial diga lo contrario.

El ataque ocurrió ayer sábado por la tarde, en una intersección que ahora suma otro expediente a la colección de escenas del crimen: casquillos, ojivas y promesas recicladas. Dos hombres —identificados apenas por siglas, como si la muerte también viniera censurada— murieron en el lugar. López Valdivieso fue trasladado al hospital, donde la narrativa institucional terminó de cerrarse: otra víctima más para el boletín.

La Fiscalía, siempre diligente en el papel, informó que ya tiene “líneas sólidas” de investigación. El hallazgo clave: un mototaxi rojo. Porque en este país, entre mototaxis, casquillos y comunicados, se construye la ilusión de control mientras la violencia sigue operando con puntualidad quirúrgica.

Por su parte, el gobernador Salomón Jara activó el protocolo clásico: condolencias públicas, promesa de cero impunidad y una dosis de retórica sobre la “tierra de mujeres y hombres de bien”. Todo acompañado del ya conocido “redoblaremos esfuerzos”, que en términos prácticos suele significar más presencia discursiva que resultados tangibles.

Lo incómodo —pero evidente— es que el crimen ocurrió días después del anuncio de la estrategia “Oaxaca Segura”. Es decir, ni siquiera alcanzó a enfriarse el boletín cuando la realidad decidió desmentirlo.

Porque en Juchitán, como en muchas otras zonas del país, la seguridad no se mide en planes ni en slogans, sino en quién sigue vivo al final del día.

Y este fin de semana, la respuesta fue clara: los criminales no descansan… pero el Estado, a veces, parece que sí.

Con informacion: ELNORTE/

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