Mientras la Fiscalía de CDMX arma su rompecabezas con piezas que no terminan de encajar, la defensa de vigilante, acusado de ser el presunto asesino de Edith Guadalupe, decidió sacar de la manga un video que, más que prueba contundente, parece intento desesperado por sembrar otra narrativa: la del “otro sospechoso incómodo”
El material, obtenido por REFORMA, muestra a un vecino cualquiera subiendo al elevador con una joven de unos 20 años. Hasta ahí, rutina urbana. Pero en cuestión de segundos, el sujeto intenta besarla; ella lo esquiva. Y como si la negativa fuera opcional, al abrirse las puertas él decide tocarla de manera sexual, provocando que la mujer se aparte. Un clásico caso de agresión que muchos preferirían archivar como “incidente menor”… salvo cuando conviene usarlo como cortina de humo.
La defensa de Juan Jesús “N”, vigilante del edificio y actual imputado por el feminicidio de Edith Guadalupe, pretende convertir ese episodio en pieza clave: no para explicar el crimen, sino para insinuar que “alguien más” con conductas de acoso podría ser el verdadero responsable. Es decir, pasar de un acto documentado de hostigamiento a una hipótesis de homicidio sin escalas claras en medio.
El abogado Julián Octavio González lo plantea sin rodeos: que ese individuo “coincide con alguien con tendencia a molestar o agredir sexualmente a mujeres”. Traducción jurídica libre: si incomoda en un elevador, quizá también mata. Un salto argumentativo que, por ahora, parece más retórico que probatorio.
Mientras tanto, el proceso sigue su curso formal. El Juez de Control ya validó la detención y concedió la duplicidad del término, lo que en términos simples significa que el caso está lejos de resolverse y aún hay tela de dónde cortar.
Los hechos duros no cambian: Edith Guadalupe murió por una herida en el pecho provocada con un arma punzocortante, según la autopsia. Eso no lo altera ningún video lateral.
Del otro lado, la familia del acusado denuncia lo que en México suena tristemente familiar: presión, miedo y la posibilidad de una confesión forzada. Su hermano habla de amenazas; su madre, de un “chivo expiatorio” golpeado y aterrado.
En medio de versiones cruzadas, pruebas que apuntan en distintas direcciones, una fiscalía torpe ademas de corrupta y estrategias legales que rozan la especulación, el caso avanza con una constante incómoda: más preguntas que respuestas, y una víctima cuya historia corre el riesgo de diluirse entre teorías, videos oportunos y narrativas en disputa.
Con informacion: ELNORTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: