El viejo dirigente petrolero, Esdras Romero y Fabiola Rodríguez,actual Secretaria de la Sección 1, no son una excepción local: son la versión petrolera del viejo deporte nacional de gobernar “por interpósita persona”, del maximato sindical que se repite en el maximato presidencial con AMLO y Claudia Sheinbaum,aunque claro, hay niveles.
1. El teatro en la Sección 1: Fabiola en el estrado, Esdras en la cabina
Lo que en su momento se vendió como “hecho histórico” —una mujer al frente de la Sección 1 del STPRM— hoy luce, incluso en la prensa local, como una escenografía mal montada: liderazgo simbólico al frente y el viejo cacique mandando por detrás. Fabiola Rodríguez por su «voluntad y el gusto de otro», aparece como secretaria general, pero el relato sindical y mediático la describe eclipsada por Esdras Romero, quien sin cargo formal sigue siendo el interlocutor real con trabajadores, funcionarios y gobiernos.
En términos de poder, eso se llama maximato blando: el que oficialmente ya se fue, pero al que todo mundo sigue preguntando “¿qué vamos a hacer?”. Aqui claramente estamos ante la simulación de liderazgo, descontento en la base y la sensación de que el supuesto relevo femenino no modificó en nada la lógica de control que el sindicato arrastra desde hace décadas, donde los unos se turnan con los otros que son los mismos.
2. El diferendo en redes: entre el “ya chole con Esdras” y el “mejor lo conocido”
En espacios en redes,como el grupo 9mm Tampico, el pleito no es solo Esdras vs Fabiola, sino dos visiones del poder sindical que se estrellan en comentarios, memes y reclamos. De un lado, los que ven a Fabiola como fachada: la secretaria que firma mientras “El General” sigue moviendo el tablero, decidiendo a quién se protege, a quién se presiona y con quién se negocia en Pemex y gobiernos locales.
Del otro, los que defienden la continuidad: el argumento clásico de “al menos con éste sabemos a qué atenernos”, la vieja cultura petrolera donde el cacique es al mismo tiempo gestor, patrón político y santo de cabecera.
El subtexto de muchos comentarios es brutalmente claro: la Sección 1 no vive una transición, vive una puesta en escena donde el apellido que vale sigue siendo Romero, y el “liderazgo” de Fabiola se percibe como cuota, decoración o concesión de género que no toca el núcleo del poder.
Ahí es donde el debate digital se calienta: unos exigiendo que se rompa el ciclo y se retire de verdad al viejo grupo; otros defendiendo la vieja escuela con el clásico “así siempre ha sido el sindicato”, como si la inercia fuera argumento jurídico.
3. De Esdras al maximato: la fórmula “yo ya me fui, pero aquí sigo”
Lo que pasa en la Sección 1 es casi un manual de maximato:
- El “líder histórico” renuncia al cargo, pero mantiene redes, lealtades y pactos.
- Se coloca a una figura formalmente nueva —en este caso Fabiola— que ocupa la silla pero no controla los hilos.facebook+1
- Los actores externos (empresa, gobiernos, otros líderes) siguen tratando al viejo jefe como referencia obligada porque tiene la información, las conexiones y la capacidad de premio/castigo.
Eso ya lo vimos con Plutarco Elías Calles manejando presidentes en los años 20 y 30, con gobernadores que “heredan” el cargo a un delfín al que después le hablan por teléfono para indicarle cómo votar el presupuesto, y con caciques sindicales que “dejan” la secretaría general pero conservan casas, contratos ,operadores y ligas con el crimen organizado, es el caso de Esdras Romero.
El Cartel del Golfo y Esdras Romero
La Procuraduria General de la Republica tiene mas de una década investigando la complicidad que ha sostenido la «Seccion 1» del Sindicato de Trabajadores Petroleros en Ciudad Madero,asi como el actual vinculo del CDG que se sostiene bajo las ordenes y el liderazgo de Esdras Romero Vega quien fue Alcalde Priista de Ciudad Madero (2013-2015) y tuvo vínculos con JAVIER GARZA MEDRANO y JOSE IVAN CHAO LLANES ambos JEFES DEL CDG detenidos, luego liberados y luego ejecutados.

En agosto de 2014,cuando Esdras Romero era alcalde de Ciudad Madero,fue detenido JOSE IVAN CHAO LLANES,alias «EL GUASON», líder del Cartel del Golfo en la CDMX e intento identificarse con una Credencial de PEMEX que se presumía falsa.

Pero la version de que era «apocrifa» se cayo y cobro vigencia, pues era «veridica y la PGR abrió una investigación que llevo a establecer que ESDRAS ROMERO entrego 10 plantas de Pemex a “Lideres y Sicarios” afines a los Jefes del CDG en Tampico y Madero al igual que un sinumero de “Fichas de Pemex” a “amigos y familiares” de la “Plana Mayor del mismo Cartel del Golfo.
El caso Esdras-Fabiola
El discurso presumia renovación y paridad, pero la práctica sostiene el viejo orden de mando masculino, patrimonial y opaco. La figura de la mujer líder solo sirvio como barniz modernizador, mientras las decisiones duras siguieron respondiendo a un circuito macho-sindical que aprendió hace décadas a sobrevivir sexenio tras sexenio.
4. AMLO, Sheinbaum y el fantasma del nuevo maximato
En ese contexto, no sorprende el caso Romero-Fabiola,ligado a la discusión nacional sobre si López Obrador intenta ejercer un maximato a través de Claudia Sheinbaum. Durante la campaña se repitió hasta el hartazgo que Sheinbaum era “lo mismo que AMLO”, diseñada para dar continuidad a la 4T y sostener desde Palacio Nacional un control sobre órganos autónomos, poderes y presupuestos.
En los lamentables hechos, el mejor indicador de ese maximato,es que la presidente asume decisiones que han estado muy alejadas de su perfil científico, pero muy cerca de los modos del ex-presidente. La científica que iba llegaron llegó.
La narrativa crítica pinta así el cuadro:
- AMLO como “jefe máximo” de la 4T, retirado formalmente de la Presidencia pero con capital político suficiente para incidir en decisiones clave.
- Sheinbaum como presidenta que intenta consolidar cambios estructurales, como la reforma electoral, percibidos por la oposición como intento de recentralizar poder y debilitar contrapesos.
- Episodios como el fracaso de la reforma electoral en el Congreso se han leído como la primera gran fisura de ese proyecto de control total, una señal de que ni el “segundo piso” ni el “Plan C” son omnipotentes frente a aliados que también cuidan sus cuotas.
Por eso, cuando en redes se menciona a Sheinbaum y AMLO ,no se puede dejar de vincular en cuanto a la forma,el caso de Esdras y Fabiola, el hilo común es la sospecha: el poder que no sabe retirarse, que pretende seguir mandando con nuevos nombres en las boletas, en las sillas o en los comités. El maximato deja de ser categoría histórica para convertirse en etiqueta cotidiana: del sindicato petrolero al Palacio Nacional, la sombra del “yo ya me voy, pero tú haces lo que yo diga” se usa como marco para interpretar cualquier sucesión sospechosamente ordenada.
5. Sobriedad histórica para una bronca muy actual
Históricamente, México ha normalizado el mando tras bambalinas: presidentes que operan a través de “hombres fuertes”, gobernadores que abren paso a su delfín, líderes sindicales que “ceden” el cargo a esposas, hijas o cuadros débiles para seguir controlando las decisiones reales.
Lo novedoso no es el fenómeno, sino la exposición: hoy el maximato se discute a cielo abierto en Facebook, en noticieros y hasta en tribunales cuando se habla de persecución política, uso faccioso de la ley o captura de organismos.
La ministra de la Suprema Corte María Estela Ríos, por ejemplo, ha reconocido públicamente que sí hay persecución política en México, un reconocimiento incómodo que alimenta la percepción de que el poder sigue usando instituciones para ajustar cuentas o proteger aliados, dependiendo del lado del maximato en turno. En ese clima, cada relevo sospechoso —sea en la Sección 1 o en la Presidencia— se lee con lupa: ¿es cambio real o simple reciclaje de mando?
El caso Esdras-Fabiola funciona así como espejo de un patrón:simulación de relevo, liderazgo femenino como escudo legitimador y un cacique que no suelta el hueso, mientras la base trabajadora sigue atrapada entre la lealtad aprendida y el hartazgo acumulado.
La ironía es que, cien años después del maximato original, seguimos discutiendo lo mismo, solo que ahora el debate se da en comentarios, transmisiones en vivo y notas locales que, sin proponérselo, terminan haciendo arqueología del poder a la mexicana.
Con informacion: @Redes/







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