El accidente en Chihuahua no solo dejó cuatro lamentables muertos; también dejó al descubierto ese viejo deporte diplomático de hablar de “coordinación” mientras cada quien niega lo que sí hace. En México, la narrativa oficial hipócrita insiste en que no hay operaciones conjuntas con personal estadounidense en territorio nacional, o al menos no de manera formal; en Washington, en cambio, se describe una red mucho más profunda de colaboración encubierta entre agencias de EE. UU. y unidades mexicanas seleccionadas a dedo.
Lo incómodo para el gobierno mexicano es que el caso no ocurrió en el vacío, sino sobre un terreno ya abonado por investigaciones previas: Reuters documentó que la CIA ha operado durante años con unidades mexicanas “vetted”, entrenadas y equipadas para capturas antinarco, siempre bajo el velo de la discreción y la negación plausible.
El Washington Post, por su parte, ha insistido en que la CIA ha tenido un papel histórico y sigiloso en la pelea contra los cárteles en México, incluso cuando públicamente se vende la idea de una cooperación limitada y ordenada por parte de Mexico que un agente del HSI nos clarifica sin tapujos.
La versión que incomoda
La parte explosiva no parece ser el choque metálico del vehículo en la sierra; es el choque narrativo entre lo que México dice que no existe y lo que varias notas estadounidenses describen como rutina operativa.
Sheinbaum afirmó que su gobierno no sabía de la participación de estadounidenses en la operación y que revisaría si hubo violaciones a la soberanía o a la ley de seguridad nacional y que aplicada a rajatabla deja en grave predicamento al estratega de seguridad, pues el articulado d ella ley diseñada por AMLO para cerrar la puerta a EE.UU es difícil de poder cumplir y en los hechos es un estorbo que perjudica a Mexico,mas que a EE.UU
Aquí está el truco viejo del expediente antinarco: cuando sale bien, se llama cooperación; cuando sale mal, se llama accidente;y cuando amenaza con convertirse en escándalo, se transforma en “malentendido”. Pero el problema no es el adjetivo, sino la arquitectura completa: Washington publica, México desmiente, y en medio quedan las unidades mixtas, los enlaces discretos y la frontera borrosa entre asistencia, inteligencia y operación que no debiera ser materia de escandalo sino de entendimiento mutuo.
Lo que revela el caso
Este episodio sugiere que la relación antinarco entre ambos países no funciona como la diplomacia la presenta, sino como una mezcla de dependencia, opacidad y cálculo político. El Washington Post ya había descrito que la CIA mantiene un rol histórico en la lucha contra narcóticos en México, mientras Reuters documentó que esa participación llega hasta la selección y capacitación de unidades mexicanas para capturas de alto valor.
Pero aqui la muerte les importó menos que el protocolo, y la soberanía les importó menos que la hipocresía: cuando el cadáver estorba, el nacionalismo hace ruido; cuando el extranjero asoma, se inflama el discurso.
No fue duelo: fue teatro de soberanía, porque aquí la muerte pesa menos que la presencia de Estados Unidos.
Con informacion: THE WASHINGTON POST/

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