En Culiacán, la muerte de policias ,del estado, del municipio y hasta de la «inteligencia» de la SSPC de Omar García Harfuch, dejó de ser noticia y pasó a ser rutina burocrática.
Este domingo, otro nombre se sumó a la lista que nadie quiere contabilizar en serio: Juan Pedro Arámburo García, comandante de la Policía Preventiva estatal, ejecutado a plena luz del día en la colonia 10 de Mayo. Iba en un Nissan Versa blanco, desarmado, fuera de servicio, probablemente pensando en llegar a casa. Error de cálculo: en Sinaloa, el horario laboral del narco es 24/7/365.
El ataque fue quirúrgico, como ya es costumbre. Hombres armados en movimiento, ráfagas precisas, retirada limpia. Cero detenidos. Cero pistas. Cero consecuencias. La escena del crimen: acordonada, fotografiada, archivada… y olvidada como ya casi centenar de casos que escurren impunidad.
Arámburo no era un elemento cualquiera. Había pasado por el Grupo de Operaciones Especiales (GOES), esa unidad que en el papel combate al crimen organizado, y también fungió como escolta de altos mandos policiales. Traducido al lenguaje real: conocía el terreno, conocía a los actores… y aun así, eso no le alcanzó para sobrevivir.
La anomalía que ya es norma
Aquí es donde el asunto deja de ser solo criminal y se vuelve matemático —o mejor dicho, antimatemático.
En cualquier sistema mínimamente funcional, bajo cualquier estrategia, incluso militar ,asi sea mediocre ,la probabilidad dicta que no todos los crímenes pueden quedar impunes. Por pura estadística, por errores humanos, por azar: alguien debería caer. Pero las dos facciones del Cartel de Sinaloa no solo solo violan el Código Penal, también parecen haber derogado las leyes de la probabilidad.
Estamos hablando de decenas de policías ejecutados en una misma región, bajo patrones similares, sin un solo caso esclarecido de fondo. Eso no es casualidad,es causalidad traducida a invitación a seguirlos matando.
Porque para que la impunidad sea del 100%, no basta con que el sicario jale el gatillo. Se necesita:
- Inteligencia previa (¿quién sale, a qué hora, en qué vehículo?)
- Capacidad operativa (armas, logística, escape)
- Y, sobre todo, garantía de no persecución efectiva
Es decir, no es solo crimen organizado: es crimen organizado operando en un entorno donde el Estado ha sido, en el mejor de los casos, irrelevante… y en el peor, funcional.
La cacería silenciosa
La ejecución de Arámburo no es un hecho aislado. Forma parte de una tendencia más amplia: una campaña sistemática de eliminación de policías locales. No enfrentamientos, no emboscadas en operativos, no daños colaterales: ejecuciones directas, personalizadas, fuera de servicio.
Eso tiene un mensaje claro:
- No importa si eres operativo, comandante o escolta.
- No importa si ya terminaste tu turno.
- No importa tu historial.
Eres prescindible.
Y cuando matar policías deja de tener consecuencias, lo que sigue no es el caos… es el control. Porque el objetivo no es destruir al Estado, sino domesticarlo.
La fiscalía que investiga… lo de siempre
Tras el ataque, el guion institucional se repite como si fuera obligatorio:
- Arriban corporaciones.
- Se acordona la zona.
- La Fiscalía “inicia investigaciones”.
- No hay detenidos.
- No hay móvil.
Y no, no es falta de capacidad técnica. Es algo más incómodo: la normalización de la ineficacia como política pública.
Porque si después de cientos de casos el resultado es idéntico, ya no es falla. Es diseño.
El verdadero mensaje
Lo realmente alarmante no es que los criminales maten policías. Eso, por brutal que sea, entra dentro de la lógica del crimen organizado.
Lo verdaderamente perturbador es que lo hagan con una tasa de éxito perfecta.
Porque cuando un grupo armado puede ejecutar funcionarios del Estado de forma sistemática, sin consecuencias, lo que está demostrando no es fuerza… es control del entorno.
Y ahí, la pregunta ya no es quién disparó.
Es quién permitió que nunca pase nada después y…quien sigue ?,pronto lo sabremos.
Con informacion : ELNORTE/

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