El “humanismo mexicano” en el servicio exterior ya parece más una marca de detergente que una política pública: promete cuidar personas, pero en la práctica solo blanquea abusos, gritos y carreras diplomáticas construidas a punta de impunidad. Lo que muestran estos casos no es una serie de excesos aislados, sino un sistema diseñado para que el maltrato sea costo laboral, pero nunca costo político.
Humanismo de exportación… pero hacia adentro
- A Lidia la vendieron como historia de “acceso a la justicia laboral”, pero la realidad fue más simple: denunció a su cónsul por violencia y la castigaron con dos años más de trabajo bajo el mismo agresor, con vigilancia, aislamiento y ataque de pánico de por medio.
- A Raúl le ofrecieron “oportunidad en el exterior” y terminó en el “top cinco” de destinos más tóxicos, que incluyen Nogales y Denver, donde titulares con múltiples denuncias siguen intocables como si el cargo viniera con fuero psicológico ilimitado.
Este es el humanismo versión SRE: se reconoce el problema hasta en powerpoints internos, se habla de “ambiente complicado” y “situación delicada”, pero el mensaje de fondo es uno: aguanta.
Cancillería: comité de ética, terapia de manipulación emocional
- La Cancillería presume que el Comité de Ética y el Órgano Interno de Control “atienden todas las denuncias”, pero el Comité solo puede emitir recomendaciones no vinculantes y está integrado por los mismos del Servicio Exterior, a menudo pares o amigos del acusado.
- Las víctimas relatan entrevistas donde el titular supo todo, no hubo sanciones y el resultado fue surreal: cursos para todos, incluyendo a quien denunció hostigamiento, como si la víctima necesitara “capacitación” para dejar de ser molestada.
El OIC, ese supuesto brazo anticorrupción, aparece como figura mítica: hay folios, oficios y denuncias desde 2023, pero no hay resolución, ni comunicación, ni siquiera certeza de que el expediente siga vivo. El sistema funciona perfecto para una cosa: producir cansancio hasta que la gente renuncie o pida cambio de adscripción como si fuera huida de campo minado.
Titulares intocables: la diplomacia del compadrazgo
- Uno de cada tres embajadores llegó por nombramiento político, sin carrera diplomática, y hoy 24 de 80 embajadas están en manos de personas externas al SEM, elegidas por cercanía con la presidencia, no por mérito profesional.
- Cuando tienen acceso a Palacio Nacional, se acabó la cadena de mando: directores generales, subsecretarios e incluso el canciller se vuelven decorado institucional frente a estos perfiles blindados por el favor presidencial.
Así se entiende la mezcla tóxica: abuso, nepotismo, arbitrariedad y, para rematar, incompetencia. Con ese coctel, la “defensa del migrante” o la “diplomacia para el bienestar” se vuelve eslogan hueco mientras en consulados y embajadas reina el sálvese quien pueda.
Del escándalo a la promoción: Islas, Josefa y compañía
- En Londres, Josefa González-Blanco se va dejando 16 denuncias formales por hostigamiento laboral, malos manejos y un barco diplomático a la deriva, con más de 40 trabajadores que han huido por renuncias o traslados; “no tiene empleados, tiene sirvientes”, dicen sus subordinados.
- Los trabajadores ganaron ante Comité de Ética y OIC, pero nada cambió: las recomendaciones se ignoraron, la embajadora se negó a cumplirlas y la SRE la protegió hasta el final, facilitando que el maltrato siguiera como si fuera estilo de liderazgo.
- Bajo Jorge Islas en Nueva York, tres extrabajadoras hablan de “violencia generalizada”, más de 30 denuncias y folios duplicados; el remedio institucional fue recomendar “acciones para mejorar el clima laboral” y cursos de sensibilidad, casi como si el problema fuera de feng shui y no de abuso sistemático.
- A pesar de esa historia, Claudia Sheinbaum lo premió con el puesto de Coordinador General de Consulados en México, hasta que 16 mujeres firmaron una carta pública y las redes sociales hicieron lo que la SRE se negó a hacer: ponerle costo político al nombramiento.
En Estambul, Isabel Arvide se volvió viral por gritar y amenazar a un empleado, con denuncias acumuladas, y aún así se quedó tres años en el cargo; en Denver, Pavel Meléndez acumula acusaciones de gritos, amenazas, acoso sexual y discriminación, pero sigue firme, porque aquí la rotación suele empezar por las víctimas, no por los agresores.
Humanismo de utilería: denuncias como trámite, no como límite
- La SRE repite el mantra institucional: “se atienden todas las denuncias presentadas”, mientras dentro se sabe que las quejas son secreto a voces, los titulares son “intocables” y las sanciones reales son excepción que requiere voluntad política, no solo expedientes llenos.
- Cuando por fin se cesa a alguien, como a Roberto Valdovinos en 2020 por hostigamiento laboral en el IME, el caso se presenta como prueba de que el sistema funciona, cuando en realidad sirve para encubrir el patrón: 1 sanción visible para tapar decenas de impunidades silenciosas.
El mensaje es consistente y brutal: puedes gritar, humillar, acosar, duplicar folios, ignorar resoluciones del Comité de Ética y tratar a tu personal como servidumbre, siempre que tu verdadero jefe esté en Palacio y no en la estructura formal de la SRE. El “humanismo mexicano” aplicado al servicio exterior termina siendo esto: cuidar al político, blindar al amigo, desgastar a la víctima y maquillar todo con boletines que hablan de ética mientras el abuso se convierte, en los hechos, en requisito no escrito del perfil del puesto
Con informacion: DIARIO ESPAÑL/ELPAIS/ALMUDENA A. HERRERIAS/BEATRIZ GUILLEN/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: