Un médico de unos 30 años fue ejecutado dentro de su consultorio en la sindicatura de Costa Rica, al sur de Culiacán; entraron hombres armados, le dispararon con arma de grueso calibre y lo remataron ahí mismo, frente al Seguro Social, en plena zona de servicios de salud. Es otro síntoma de una enfermedad que el gobierno en el primero piso dejó avanzar agotado que la infección de la violencia en el segundo piso ya hizo metástasis los mismo en las calles, domicilios, clínicas, hospitales o consultorios.
Qué pasó en Costa Rica, Culiacán
- Otra agresión, la noche de ayer lunes alrededor de las 19:50–20:00 horas, en la calle San Rafael, en la colonia Centro de la sindicatura de Costa Rica, frente al hospital del IMSS.
- Sujetos armados irrumpieron en el consultorio y atacaron a balazos al doctor Jesús Manuel (o Manuel, según distintas notas), de alrededor de 30–33 años; en el lugar se encontraron casquillos de arma de grueso calibre y versiones de que también habría lesiones con arma blanca en el cuello.
- Acudieron Policía Municipal, Estatales, Sedena y peritos, acordonaron la zona y trasladaron el cuerpo al Semefo; hasta ahora no hay reporte público de detenidos ni una versión oficial clara sobre el móvil.
El cáncer que el gobierno dejó crecer
La metáfora es sencilla: el Estado tenía frente a sí una infección localizada —la violencia criminal—, decidió tratarla con paracetamol discursivo y operativos cosméticos, y ahora el bicho ya colonizó el sistema circulatorio completo.
No son solo doctores asesinados: son hospitales baleados, pacientes ejecutados dentro de quirófanos y clínicas con “blindaje” improvisado como si fueran búnkeres de guerra, no espacios de salud.
- En Culiacán ya hubo ataques donde sujetos vestidos de médicos entraron a un hospital para rematar a un paciente de 21 años herido de bala, demostrando que ni el tercer piso de un hospital público está a salvo.
- La respuesta institucional ha sido el equivalente médico de recetar antibiótico sin estudios: cambios de protocolo, más soldados en la foto y cero tratamiento de fondo a las redes criminales que controlan territorios completos.
Metástasis en el sistema de salud
Si el país fuera un paciente, el expediente clínico diría algo así:
- Diagnóstico inicial omitido: durante años se normalizaron amenazas, cobros de piso y presencia armada en hospitales, hasta que matar doctores y pacientes dejó de ser “excepción” y se volvió patrón.
- Metástasis regional: Culiacán y Sinaloa muestran cómo el crimen ya infiltra no solo calles y carreteras, sino instituciones que deberían ser santuarios: clínicas, hospitales generales y consultorios de barrio.
- Pronóstico reservado: trabajadores de la salud operan bajo estrés crónico, miedo a atender heridos de bala o a negarse a hacerlo, porque cualquier decisión puede ser sentencia de muerte.
El protocolo del miedo para médicos
Hoy, para muchos médicos en Sinaloa, el “manual clínico” real incluye variables que no aparecen en los libros de medicina.
- Antes de decidir si atienden a un herido, no solo evalúan signos vitales, sino riesgo de represalia criminal, ausencia del Estado y la posibilidad de que el consultorio se convierta en escena del crimen.
- Hospitales y clínicas se “blindan”: refuerzan accesos, restringen visitas y coordinan seguridad como si fueran cuarteles, porque el poder de fuego afuera no lo tiene el Estado, lo tienen los grupos armados.
En esta historia, el gobierno no es el cirujano que salva al paciente; es el médico negligente que dejó que una infección se propagara, ignoró los exámenes de laboratorio (las cifras de homicidios, ataques a hospitales, amenazas a personal) y ahora ve cómo el cáncer de la violencia se come a su propio sistema de salud, doctores incluidos en medio de una tremenda confusión entre guerra y seguridad, una estrategia que privilegia capturas por encima de la primera obligación del gobierno, proteger ciudadanos en su integridad y bienes, en ese orden.
Con informacion: RIODOCE/

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