La presidenta Claudia Sheinbaum se mostró visiblemente ofuscadae impaciente ante la insistencia de un reportero que le preguntó si era una “casualidad” la muerte de dos marinos recientemente, en el contexto del escándalo del huachicol fiscal en Altamira que han dejado mas muertes en los puertos mexicanos
El contexto de la pregunta
- Dos marinos murieron con diferencia de horas, murieron en circunstancias sospechosas: uno oficialmente por suicidio en Altamira —quien estaba implicado en denuncias de sobornos por el huachicol fiscal— y otro, por accidente durante prácticas de tiro.
- El reportero pidió claridad sobre si estos hechos son simples coincidencias (casualidad) o si hay algo detrás, sugiriendo la posibilidad de una conexión oculta (causalidad).
La respuesta de Sheinbaum: confusión y evasión
- Sheinbaum respondió primero que uno de los casos era un “suicidio” (ya lo había evitado confirmar días antes) y el otro un “accidente”, pidiendo no ligar los hechos precipitadamente.
- Al sentirse acorralada, cortó de tajo: “Ya no te voy a contestar”, evidenciando fastidio y, sobre todo, evitando entrar en la sutileza entre casualidad y causalidad.
- Su reacción —desencajada e irritada— demuestra más miedo al ridículo mediático que al señalamiento de irregularidades en la Marina llena de corruptos y las podridas aduanas bajo control militar.
Causalidad, casualidad y la torpeza del poder
- Confundir casualidad (“mera coincidencia”) con causalidad (“hay vínculo estructural”) no es inocente: es el viejo truco del político que quiere despachar una pregunta incómoda rebajándola a chisme o insidia.
- Si no hay “causalidad”, Sheinbaum debió explicarlo con elementos, no cerrarse en banda. Pero el simple hecho de que haya una cascada de muertos en torno a un caso de corrupción donde están involucrados militares y funcionarios debería obligarla, como mínimo, a justificar con argumentos, no con berrinches autoritarios.
- La “ofuscación” es, en este caso, una confesión involuntaria: la presidenta prefirió pavonearse con dignidad herida antes que evitar el miasma de sospecha que deja cada muerte “fortuita” en las filas de quienes, supuestamente, combaten la corrupción.
Irreverente conclusión
- Sheinbaum confundió, pero no por ignorancia, sino porque es más cómodo confundir; más seguro poner el muro de la indignación que lidiar con preguntas de fondo.
- La diferencia entre causalidad y casualidad no es semántica cuando la vida de servidores públicos —y la credibilidad del Estado— depende de responder, no de regañar, cuando las cosas huelen mal.
- Mientras en el país mueren marinos y funcionarios enredados en la trama del huachicol, la presidencia parece limitarse a la autodefensa automática: si no quieres aclarar la línea entre casualidad y causalidad, a lo mejor es porque el hilo no aguanta mucho jalón.
Con informacion: EMEEQUIS/

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