La ausencia, corrupción y complicidad del Estado mexicano,particularmente en Sinaloa,donde ahora son gobernados por Ruben Rocha Moya,no por un mandatario metido al narco,sino un narco metido a mandatario bajo las siglas de Morena,la mayor organización criminal del pais, han sido el caldo de cultivo para el infierno de inseguridad que azota Mexico; su ineptitud y omisión son crímenes adicionales contra miles de familias que hoy claman justicia desde la impotencia y la rabia en el pais de los 133 mil 339 desparecidos (…hasta las 02:28 hrs).
Un Estado que no ve ni escucha
El caso de Ismael Alejandro Martínez Carrizales es un testimonio brutal de cómo la institucionalidad en Sinaloa (y en buena parte de México) es apenas un cascarón hueco: Alejandra Martínez Carrizales, hermana del desaparecido, ha documentado con nombres, fechas y hechos lo que muchos ya sabemos pero pocos se atreven a denunciar con tal claridad: en vez de investigar, la Fiscalía reacciona con apatía, indiferencia y desdén. Su negligencia parece programada, como si existiera una consigna tácita de dejar morir las denuncias en la burocracia y la inacción.
Autoridades que extorsionan y castigan la verdad
No sólo ignoraron la emergencia de una desaparición forzada: agentes de investigación, Martha “N” y Josué “N”, aprovecharon el dolor de la familia para extorsionarlos, haciéndose pasar por secuestradores y exigiéndoles dinero, mostrando la podredumbre de un sistema en el que los guardianes de la ley son sus principales depredadores.
Hasta la propia justicia fue otro escarnio: Josué fue sentenciado, pero liberado mediante procedimiento abreviado sin que nadie notificara a la familia, mientras Martha también camina libre, protegida por un sistema judicial que trivializa y minimiza el daño causado.
Impunidad, cinismo y una justicia inexistente
Cuando la sociedad civil hace más que los encargados del Estado, el mensaje es claro: el gobierno no sólo es omiso, es cómplice. La familia Martínez Carrizales investigó, identificó presuntos responsables que luego fueron asesinados, mientras la autoridad ni se inmuta, ni esclarece el paradero de Ismael, ni garantiza lo más básico: verdad y dignidad para las víctimas.
Grito urgente contra la indiferencia oficial
Es imposible pedir mesura o respeto hacia instituciones así de podridas. La justicia en Sinaloa y en gran parte de México no existe; lo que quedó es la brutal certeza de que al Estado no le importa la vida ni la muerte si no afecta sus mezquinos intereses, y que la sociedad sólo cuenta con su propio coraje, memoria y resistencia para pelear contra el olvido y la barbarie. Aquí no hay Estado: hay simulación operada por criminales uniformados de azul,negro,de gris o con camuflaje verde y burócratas que perpetúan la tragedia nacional, riéndose del dolor ajeno y protegiendo la impunidad que dicen combatir fracasadamente como desde ya mas de 710 mil muertos.

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