Catalina Pérez Rocha y Alan Francisco Domínguez Sánchez tienen apenas ocho años, pero ya saben cómo incomodar a quien se siente dueño del tablero. Entrenan en Chess Academy, en Nuevo León, y suman resultados dentro y fuera de México. No mueven piezas al tanteo: detrás de cada partida hay práctica exigente, familias que empujan y rivales a los que más les vale no confiarse.
CATALINA TOMA LA INICIATIVA
Catalina empezó a jugar a los cinco años y durante el último intensificó su entrenamiento. En agosto se coronó en el nacional de Aguascalientes, aunque llegó ubicada en el octavo o noveno puesto del ranking, según su entrenador. Con ese triunfo obtuvo la representación oficial de México para el Campeonato Mundial Juvenil FIDE 2027, cuya sede aún está por definirse. En septiembre sumó otro reconocimiento: Mejor Femenil en la Copa Independencia 2026.
Víctor Aguilar Monsiváis, director de Chess Academy, destaca su determinación, precisión y espíritu competitivo. Cuenta que en Aguascalientes venció a las jugadoras mejor posicionadas «sin preocupaciones, sin estrés». El ranking le decía que esperara turno; Catalina prefirió salir al ataque.

La alumna de tercer grado del Liceo de Monterrey Redwood también quiere que más niñas se sienten frente al tablero. «Me gustaría que haya más personas que jueguen ajedrez, sobre todo niñas, porque no hay tantas niñas jugando ajedrez», dice. Aguilar Monsiváis estima que, de cada diez jugadores, apenas dos son niñas.
ALAN NO REGALA NI UN TIEMPO
Alan Francisco comenzó a jugar a los dos años. A los cinco recibió una beca completa para entrenar en Chess Academy, después de que Aguilar Monsiváis lo viera pasar media hora concentrado ante el tablero, incluso mientras jugaba su rival. Era un niño de kínder que no se distraía. El entrenador entendió que ahí había algo fuera de lo común.

Alan obtuvo el tercer lugar en un continental realizado en Colombia y es candidato a maestro, según la información proporcionada. En junio compitió en el mundial infantil de Batumi, Georgia, donde terminó en el puesto 41. Más recientemente ganó el torneo de ajedrez de su zona escolar. Estudia tercer grado en la Escuela Primaria Alberto Jáuregui.
Su plan para ganar no empieza con una apertura de nombre rimbombante: «Tranquilizarme, respirar, no confiarme y no pensar en que voy a perder». Su padre, Juan Domínguez, también lo inscribe en torneos de categoría abierta, frente a jóvenes mayores y adultos, para que eleve su nivel. Alan no espera a que el rival sea de su tamaño.
EL RIVAL FUERA DEL TABLERO
Catalina y Alan tienen talento, entrenamiento y familias dispuestas a respaldarlos. La pieza que falta es el dinero para competir. Aguilar Monsiváis advierte que los viajes internacionales son caros y que un torneo puede durar una semana: los viáticos se disparan. Mientras buscan patrocinadores, las familias pagan de su bolsillo para que una cuenta pendiente no se convierta en jaque mate.
Queda, además, otra partida por jugar: conseguir que más niñas entren al ajedrez. Catalina ya hizo su movimiento y lo dijo sin rodeos. Entre torneos, viajes y gastos, estos dos regios siguen avanzando. El talento está sobre el tablero; falta que el apoyo llegue antes de que se caiga el reloj.
También preparé la redacción en un archivo Markdown.
Con información: ELNORTE/

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