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viernes, 28 de agosto de 2026

LA “DESGRACIA de GRACIELA”: DOS AÑOS de ESTRATEGIA y una GOBERNADORA RECIBE una HERENCIA BRUTAL de LEVANTONES, MUERTE y DESPOJO… al paso,todo indica Sheinbaum y Harfuch van a heredarla a una “quinta transformación de cuarta”.


Rubén Rocha no dejó un gobierno: dejó una zona de desastre con oficina de partes. Y desde Palacio Nacional parecen empeñados en vendernos el relevo como si cambiar a la persona en el despacho bastara para cambiar la realidad de un estado incendiado.

Sinaloa no recibe una transición: recibe una herencia maldita. Casi dos años de guerra criminal, homicidios en niveles históricos, desapariciones que se acumulan como expedientes sin respuesta, fosas, mujeres asesinadas, vehículos robados, comercios golpeados y familias que ya no alcanzan ni para la canasta básica.

La administración de Rubén Rocha Moya no se va dejando instituciones fuertes, paz pública ni una economía en marcha. Se va dejando un estado donde la violencia tiene más presencia territorial que el gobierno y donde la economía aprendió a sobrevivir entre el miedo, la extorsión silenciosa y la incertidumbre cotidiana. Sinaloa pasó de crecer 4.8% en 2021 a prácticamente estancarse en 2023 y contraerse en 2024; además, ha perdido más de 21 mil empleos formales desde julio de 2024, según los datos expuestos en Plataforma por el periodista Adrian Lopez en Noroeste. 

Graciela Domínguez Nava recibe, pues, un estado con la lumbre encendida y con el extinguidor vacío. Le toca gobernar hasta octubre de 2027, pero no le entregan una administración: le entregan los restos de una administración ligada al narco que confundió control político con gobernabilidad y presencia militar con pacificación.

La trampa del relevo

Y aquí aparece la gran puesta en escena de la “transformación”: Rocha se va —o lo hacen a un lado—, llega una gobernadora interina, se designa a Imelda Castro como carta rumbo a 2027 y todos pretenden que el expediente político se reinicie como si la gente padeciera amnesia.

Pero Sinaloa no está para cambios cosméticos ni para el reciclaje de cuadros. Está para una ruptura real con la simulación. Porque si Graciela Domínguez conserva el gabinete, las lealtades, los operadores y las inercias del rochismo, no habrá nuevo gobierno: habrá rochismo con otro rostro, otra voz y quizá mejores modales.

Porque pacificar no es ponerle otro nombre al mismo grupo. Pacificar exige reconocer el fracaso, desmontar complicidades, depurar instituciones, escuchar a víctimas, reconstruir capacidades locales y dejar de tratar la crisis humanitaria como un inconveniente electoral.

Sheinbaum y Harfuch parecen querer administrar el daño, acomodar las piezas y llegar vivos a 2027. Pero el problema es que los sinaloenses no viven en una estrategia de comunicación: viven entre balaceras, desapariciones, duelo, negocios cerrados y una economía que se desangra junto con la seguridad pública.

La quinta de cuarta

Todo indica —y es perfectamente válido especular— que, al actual paso y ante la ausencia de resultados tangibles en seguridad y tranquilidad bajo la llamada “cuarta transformación”, el Gobierno ya prepara la siguiente oferta electoral: prometer para 2030 la quinta transformación… también de cuarta.

Rocha deja un Sinaloa roto. La pregunta no es si Graciela Domínguez será continuidad o ruptura: la pregunta es si tendrá la voluntad —y el permiso desde arriba— para dejar de administrar las cenizas. Porque si no lo hace, en 2027 no estarán heredando una transformación: estarán heredando un incendio. 

Con información: NOROESTE/

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