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viernes, 28 de agosto de 2026

«JUEZA FEDERAL ORDENA CITAR a EX-SECRETARIO de MARINA LIGADO al TRAFICO de HUACHICOL pero la FGR NO lo HALLA»…ni con radares, inteligencia, capacidad operativa y coordinación interinstitucional.


En los muelles jurídicos de la 4T parece operar una nueva doctrina naval: si el citado es almirante o exsecretario, no se le busca; se le declara en paradero táctico desconocido.

La jueza federal ordenó que Rafael Ojeda, exsecretario de Marina con López Obrador, compareciera como testigo en el proceso contra el contralmirante Fernando Farías Laguna. La defensa proporcionó un domicilio. Había citatorio. Había fecha. Había sala de audiencias. Sólo faltaba lo elemental: que la FGR encontrara al hombre al que debía notificar.

Pero la Fiscalía, que presume radares, inteligencia, capacidad operativa y coordinación interinstitucional, al parecer perdió contacto visual con su propio exsecretario. Ni con coordenadas, ni con domicilio, ni con orden judicial. Una proeza de navegación burocrática: zarpar con todo el presupuesto y terminar encallados frente a una puerta.

Ojeda ha sido señalado por proteger a sus sobrinos, los hermanos Farías Laguna, investigados por su posible participación en la red de huachicol fiscal que habría operado desde aduanas marítimas. Pero cuando la defensa pide que el exsecretario suba al puente de mando judicial y responda algunas preguntas, el barco de la transparencia ordena silencio de radio.

Audiencias privadas. Reserva informativa. Cero declaraciones. Y un testigo de alto rango que, según la FGR, no aparece ni aunque le den su dirección. Qué conveniente que, justo cuando el oleaje amenaza con alcanzar a mandos de la vieja guardia, la Fiscalía pierda el sonar, el GPS y hasta el timbre de la casa.

El abogado Epigmenio Mendieta afirma que la eventual presencia de Ojeda fue parte del argumento para cerrar la audiencia. Es decir, la justicia se volvió confidencial porque podía zarpar una pregunta incómoda. No fuera a ser que, en vez de seguir remando contra los marineros rasos, alguien se atreviera a mirar hacia el camarote de oficiales.

La defensa ya había intentado interrogar al exsecretario sin éxito. Ahora resulta que nadie sabe dónde vive. En un país donde el Estado puede ubicar una lancha sospechosa, decomisar combustible, rastrear cargamentos y montar operativos espectaculares, localizar a un exsecretario de Marina parece misión imposible.

Así navega la justicia mexicana: para unos hay abordaje, reflectores, esposas y expedientes abiertos; para otros, niebla, reserva, puertas cerradas y una FGR que reporta: “objetivo no localizado”.

No es que falte autoridad. Es que, cuando el objetivo pertenece al alto mando, la persecución cambia de rumbo, baja la velocidad y termina, como siempre, mar adentro.

Con información: ELNORTE/

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