Américo Villarreal Anaya y Rubén Rocha Moya parecen compartir algo más que camiseta partidista: una elasticidad institucional digna de contorsionistas. Cuando la política aprieta y se les frunce el ceño por no decirle «*», el escaño con fuero aparece como salvavidas; cuando pasa el sobresalto, regresan a la licencia, aunque sin desprenderse del fuero que conservan aun estando “licenciados”,pero no se sienten tan seguros.
En septiembre de 2022, cuando ya era gobernador electo de Tamaulipas, Villarreal notificó al Senado que desistía de reincorporarse al cargo que antes había dejado para contender por el Ejecutivo estatal.
El documento fechado el 26 de septiembre es explícito: confirma su voluntad de “dejar sin efecto la reincorporación” a sus funciones como senador, pues el 1 de octubre asumiría la gubernatura.
El contexto no es menor. Días antes, el 22 de Septiembre ,Villarreal y su esposa, María de Santiago de Villarreal, habían denunciado públicamente que el entonces gobierno panista de Francisco Javier García Cabeza de Vaca pretendía “atorarlos”, incluso junto con sus hijos. Tan es así que quien hoy es primera dama levantaba en alto la imagen de un juez que, según sostenían, ya había girado una orden de captura.
En medio de acusaciones y tensión política durante la transición tamaulipeca, Villarreal contempló su retorno al Senado como una búsqueda de protección política y jurídica, vía la inmunidad procesal. Una vez que la situación se “tranquilizó”, al igual que Rocha Moya,desistió de esa reincorporación.
Américo Villarreal Anaya, como ya se sabe, fungió en 2021 como delegado de Morena en Sinaloa. Por ello, acusar al gobernador Rocha Moya de haber pactado su triunfo con “Los Chapitos” es una imputación que el mandatario tamaulipeco compartirá con el aludido cuando llegue el momento procesal.
Ahí aparece el parecido con Rocha Moya: el Senado no como representación popular ni como compromiso legislativo, sino como puerta giratoria para protegerte en el fuero. Se deja la curul para ir por el poder estatal; si el poder se pone resbaloso y peligroso para la libertad personal,le dices a los tuyos que huyan y tu regresas al Senado.
Es la institucionalidad reducida a chaleco reversible: de un lado, aspirante; del otro, senador o gobernador con fuero.
Esta no es una coincidencia inocente, sino una forma de entender el servicio público como itinerario de conveniencia personal. Primero la candidatura, después el blindaje, luego la gubernatura; todo con la curul a la mano, por si acaso.
Los “gemelitos en mañas” no necesitan parecerse físicamente: les basta con coincidir en la misma gimnasia política, esa donde los cargos no se honran, se usan.
Y que nadie se llame a sorpresa. En la política mexicana, algunos no renuncian a un puesto: lo estacionan.
Con información: Medios/redes/



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