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miércoles, 5 de agosto de 2026

"7 de CADA 10 a PLOMAZOS: MATAR con BALA FUE POLÍTICA de ESTADO con 76 HOMICIDIOS DIARIOS en 2025: INEGI"…fusiles no se hicieron vegetarianos en Tamaulipas.


En México, matar con bala sigue siendo política de Estado: siete de cada diez homicidios de 2025 se resolvieron a tiros, mientras las cifras oficiales se venden como “baja en la tasa” y no como lo que son: un paisaje de muerte administrada con burocracia y anestesia estadística.

El país de las balas (y de las excusas)

En 2025 se registraron 27,989 presuntos homicidios en México, una tasa de 21.4 por cada 100 mil habitantes, por debajo de los 25.8 de 2024, como si la política pública fuera un programa de dietas: “bajamos unos puntos, felicidades, siga participando”.

Traducido a vida diaria, ocurrieron en promedio 76.6 personas asesinadas cada día, no lo que dicen las mañaneras, sino lo que cita el INEGI ,una masacre lenta que no necesita portada roja porque ya se volvió rutina administrativa.

Setenta punto ocho por ciento de estos homicidios se cometieron con arma de fuego: 19,690 muertos a disparo, legión de cuerpos que sólo existen como renglones en la tabla 3 del INEGI.

En segundo lugar, las armas u objetos punzocortantes: 2,621 asesinatos, 9.4 por ciento del total, la nota al pie del horror porque aquí la estrella del show es la bala y el mercado que la alimenta.

El resto del menú es igual de brutal: 1,825 muertes por ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación; 3,059 homicidios con “medios no especificados”, eufemismo técnico para reconocer que ni siquiera saben cómo los mataron, pero los suman en la base de datos y listo.

La estadística lo llama “presuntos homicidios” porque la CIE-10 sirve para clasificar causas médicas, no responsabilidades penales: el Estado cuenta cadáveres, pero se cuida mucho de contar culpables.

Tamaulipas: la resaca después de la guerra

En la tabla nacional, Tamaulipas parece un caso “exitoso” si uno se queda en la superficie del número: pasó de 586 presuntos homicidios en 2024 a 300 en 2025, una caída que la retórica oficial podría vender como “avance” o “pacificación”.

La tasa estatal bajó de 16 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2024 a apenas 8 en 2025, mientras la población se mantuvo en torno a 3.57 millones de personas; si uno mira sólo esos datos, Tamaulipas luce como alumno aplicado en la clase de “seguridad pública”,aunque la agenda de inseguridad la dictan las facciones de Carteles,por ahora en tregua tras la llegada de Trump al poder en EE.UU.

Pero ese descenso que no cuenta la exacerbada desaparición de personas, viene después de una década en la que el estado se movió entre tasas de 19, 23, 34 y 40 homicidios por cada 100 mil habitantes, con picos de guerra abierta y años donde el conteo parece más maquillaje que transformación.

De 1,561 homicidios registrados en 2012 (tasa de 46) a 300 en 2025 (tasa de 8): el tramo suena a historia de éxito hasta que uno recuerda que el INEGI sólo captura lo que entra por Registro Civil, servicios forenses y ministerios públicos, es decir, lo que el aparato logra o quiere registrar.

En Tamaulipas no se apagó el ruido de las balas; lo que se atenuó fue el relato oficial: menos expedientes, menos cifras, menos escándalo.

Si el país entero mantiene 70.8 por ciento de homicidios con arma de fuego, sería ingenuo pensar que la “tasa 8” tamaulipeca implica que los fusiles se hicieron vegetarianos en la frontera.

Hombres, mujeres y la geometría de la muerte

En el mapa nacional, la tasa de homicidios en hombres fue de 38.4 por cada 100 mil en 2025, frente a 46.4 en 2024; la reducción de 8 puntos se presenta como logro cuando, en realidad, seguimos hablando de un país donde ser hombre es estadísticamente un factor de riesgo letal.

En las mujeres, la tasa pasó de 5.6 a 4.7 homicidios por cada 100 mil; descenso marginal que no altera la estructura machista que convierte su muerte en estadística de “agresión” sin la palabra que incomoda: feminicidio.

El propio INEGI admite que sus categorías no permiten identificar feminicidios; la clasificación médica de causas de defunción no dialoga con el Código Penal, de modo que el sistema puede decir cuántas mujeres fueron asesinadas, pero no cuántas fueron asesinadas por ser mujeres.

El resultado es una estadística pulcra que oculta la violencia de género detrás de códigos X y Y, en un país donde los “otros maltratos” y la “negligencia y abandono” suman apenas unas líneas en la tabla, como si el patriarcado fuera sólo un detalle metodológico.

Mientras tanto, las cifras muestran que la violencia es, sobre todo, masculina y armada: más de 24,500 hombres asesinados frente a 3,154 mujeres, con el disparo de arma de fuego como mecanismo dominante en ambos casos.

La democracia mexicana puede presumir urnas y campañas; pero en la realidad, la conversación cotidiana se decide a plomo, y el sistema estadístico sólo se asegura de que esa conversación quede registrada en formato PDF.

El mapa que nadie quiere leer

Estados como Guanajuato encabezan el conteo con 3,249 presuntos homicidios en 2025, mientras Yucatán aparece como el “modelo” con apenas 42 homicidios registrados, contraste que la narrativa oficial usa para hablar de “buenas prácticas” sin tocar la raíz: pactos locales, economías criminales y grados de impunidad.

Por tasa, la mirada se desplaza hacia Colima, Morelos, Sinaloa, Baja California y Sonora, donde los homicidios por cada 100 mil habitantes siguen en niveles que cualquier Estado mínimamente funcional asumiría como emergencia nacional permanente.

En el extremo opuesto, Coahuila, Durango, Chiapas, Querétaro y Yucatán aparecen con tasas bajas, casi como el club de “los que lo están haciendo bien”, mientras se soslaya que las cifras reflejan registros, no necesariamente realidad de campo

México se mira a sí mismo en un espejo estadístico que le dice: “matas menos que el año pasado, felicidades”; la discusión sobre quién mata, quién arma, quién permite, quién silencia, queda fuera del PDF y se pierde en boletines de prensa y notas que celebran la “caída” en lugar de problematizar la persistencia.

La información del INEGI es un “bien público”, según su propia nota al usuario: un bien que hoy nos deja ver un país sostenido sobre casi 28 mil homicidios al año, siete de cada diez a balazos, y un Tamaulipas que aparece estadísticamente más “tranquilo” justo cuando la memoria de la guerra sigue frescos los cuerpos que nunca llegaron a la hoja de cálculo en forma de cuerpos sin nombre y muchos mas aun sin cuerpo.

Con información: LA SILLA ROTA/ INEGI/

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